Una misión de la Universidad de Leiden halla en Sheikh Abd el-Qurna la tumba ramésida de Paser, con su patio, capilla y cámaras funerarias intactos.
La tumba de Paser: un archivo de piedra bajo la colina de Sheikh Abd el-Qurna
Un equipo neerlandés halla en Luxor un sepulcro ramésida intacto en su planta, con el patio, la capilla y las cámaras funerarias en su sitio. Su valor no está en el oro, sino en el contexto.
13 julio 2026.- La necrópolis tebana ha entregado un documento nuevo. El Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto anunció este domingo el descubrimiento de una tumba excavada en la roca en la zona baja de Sheikh Abd el-Qurna, en la orilla occidental de Luxor, localizada por la misión arqueológica de la Universidad de Leiden que dirige la egiptóloga Carina van den Hoven. Las inscripciones conservadas en sus paredes devuelven un nombre: Paser. Y con el nombre, la posibilidad de reconstruir una biografía.
El sepulcro se sitúa al este de la tumba tebana número 45 (TT45), donde el equipo neerlandés desarrolla desde 2018 un proyecto de investigación, documentación y conservación preventiva en cooperación con las autoridades egipcias. Los especialistas lo atribuyen a la época ramésida —dinastías XIX y XX, la fase final del Reino Nuevo— a partir del estilo artístico de las pinturas y los jeroglíficos, aunque la misión no ha propuesto todavía una datación más ajustada. Esa cautela es, en sí misma, un dato: el equipo prefiere esperar al estudio epigráfico antes de fijar un reinado.
Un edificio completo, no una cámara aislada
El primer valor del hallazgo es arquitectónico. Según detalló Mohamed Abdel Badie, responsable del Sector de Antigüedades Egipcias del Consejo Supremo, la tumba reproduce el esquema canónico de las sepulturas privadas tebanas del Reino Nuevo: un patio exterior a cielo abierto, una capilla rupestre en forma de T invertida y las cámaras de enterramiento subterráneas.
Lo excepcional es que el patio ha llegado hasta hoy con sus elementos en pie. Se conserva una mastaba de adobe con un nicho concebido para alojar una estela funeraria, y una escalera flanqueada por rampas que conduce a la entrada. En una necrópolis excavada, saqueada y reexcavada desde el siglo XIX, los patios suelen ser lo primero que se pierde: son la parte más expuesta, la más reutilizada y la que los buscadores de objetos atravesaban sin registrar. Tener uno con su banco, su nicho y su acceso permite estudiar algo que rara vez se puede estudiar: la liturgia del umbral, es decir, cómo se llegaba a la tumba, dónde se depositaban las ofrendas y cómo el monumento se dirigía a los vivos que pasaban por delante.
Conviene despejar de entrada un equívoco fácil. En esta misma colina de Sheikh Abd el-Qurna se encuentra la TT106, la tumba del visir Paser, uno de los personajes mejor documentados de la dinastía XIX: hijo del sumo sacerdote de Amón Nebnetjeru, visir del Alto Egipto bajo Seti I y Ramsés II durante más de dos décadas, supervisor de la construcción de la tumba de Seti I en el Valle de los Reyes y, con los años, sumo sacerdote de Amón. Su sepulcro, excavado y publicado desde hace décadas, conserva el cartucho de Ramsés II en la fachada y un extenso texto autobiográfico (ficha del personaje en Wikipedia; descripción de la tumba TT106).
El Paser que ahora aparece no es ese Paser. La tumba localizada por la misión de Leiden es un monumento distinto, situado al este de la TT45, y hasta la fecha ni el Ministerio ni el equipo excavador han atribuido a su propietario título alguno. Paser —"el noble"— era un nombre común en la época ramésida, y la coincidencia onomástica no autoriza ninguna identificación. Serán las inscripciones, todavía cubiertas en parte por una capa de polvo, las que digan quién fue este hombre y qué lugar ocupaba en la maquinaria administrativa tebana. Cualquier atribución previa a esa lectura es, sencillamente, especulación.
Quién era Paser, y por qué importa saberlo
Las escenas policromas, todavía cubiertas por una fina capa de polvo, muestran al difunto adorando a distintas divinidades dentro de sus santuarios y, en otra composición, junto a su esposa ante una mesa de ofrendas. Son fórmulas iconográficas convencionales, pero no vacías: los títulos que acompañan a estas figuras son los que permiten situar a una persona en el organigrama del Estado faraónico.
Ahí está el segundo valor del descubrimiento. Sheikh Abd el-Qurna no era un cementerio cualquiera, sino el enterramiento de la clase funcionarial tebana: escribas, sacerdotes y administradores ligados a los templos y a las instituciones reales. Cada tumba identificada añade una entrada a la prosopografía del Reino Nuevo, esa base de datos acumulativa de nombres, cargos y parentescos con la que los historiadores reconstruyen cómo funcionaba realmente la administración egipcia. Hisham el-Leithy, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, ha señalado que el equipo continuará documentando el interior para identificar a las personas allí sepultadas y reconstruir sus historias.
El paisaje funerario como objeto de estudio
El tercer valor es el menos vistoso y quizá el más relevante. La misión de Leiden no ha ido a Qurna a buscar tumbas, sino a producir el primer estudio arqueológico integral de la zona baja de la colina, combinando excavación con fotogrametría, epigrafía digital, registro tridimensional y gestión patrimonial. La tumba de Paser aparece, por tanto, dentro de un contexto ya cartografiado, no como un objeto arrancado de él.
Eso permite plantear preguntas que un hallazgo aislado no permitiría. La vecina TT45 es un caso de manual: decorada en la dinastía XVIII y reocupada siglos después en época ramésida. Si la tumba de Paser se construyó junto a ella durante ese mismo periodo, el conjunto documenta una dinámica de largo recorrido —cómo un sector de la necrópolis se satura, se reutiliza, se resignifica— que solo se puede leer estudiando las tumbas en relación unas con otras y con el terreno que las sostiene. El propio El-Leithy lo formuló así: analizar el sepulcro en su contexto histórico y arqueológico ayudará a entender la relación entre las tumbas y su entorno, y el desarrollo cultural de esta franja baja de Qurna.
Lo que viene: consolidar antes que exhibir
Van den Hoven ha adelantado que las próximas campañas se dedicarán a la consolidación estructural del sepulcro y a la restauración de la decoración policroma. Es la secuencia correcta y conviene subrayarla: primero estabilizar el soporte, después limpiar el polvo que aún oculta parte de las escenas, después leer, y solo entonces publicar.
En una necrópolis que lleva dos siglos siendo vaciada, el hallazgo más valioso no es el que produce una pieza para una vitrina, sino el que devuelve una arquitectura completa, con su patio, su estela ausente pero localizable, su nombre y sus vecinos. La tumba de Paser es exactamente eso: un archivo de piedra que todavía se puede leer entero.
Fuentes: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto; Consejo Supremo de Antigüedades; Universidad de Leiden; Daily News Egypt; CBS News; Arkeonews.


