Un equipo del CSIC detecta eritrulosa, el primer azúcar del medio interestelar, cerca del centro de la Vía Láctea. Claves sobre el origen de la vida.
Detectado el primer azúcar del espacio interestelar: la eritrulosa, la molécula "dulce" que apunta al origen de la vida
14 julio 2026.- Un equipo liderado desde el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) ha identificado eritrulosa —un azúcar de cuatro átomos de carbono, presente en la Tierra en las frambuesas y en los autobronceadores— en una nube de gas y polvo cercana al centro de la Vía Láctea. Es el primer azúcar propiamente dicho hallado fuera del Sistema Solar y refuerza la hipótesis de que los ingredientes de la vida se cocinan en el espacio antes de que existan los planetas.
Un hallazgo inesperado en la nube G+0.693−0.027
El descubrimiento, publicado el 13 de julio de 2026 en Nature Astronomy y liderado por la investigadora Izaskun Jiménez-Serra, del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA), se produjo en una de las regiones químicamente más ricas de nuestra galaxia: la nube molecular G+0.693−0.027, situada en el entorno del centro galáctico, a unos 27.000 años luz de nosotros.
La detección fue posible gracias a rastreos espectroscópicos de banda ancha y altísima sensibilidad realizados con el radiotelescopio de 40 metros de Yebes (Guadalajara) y el telescopio de 30 metros del IRAM (Granada), que barrieron más de 91 GHz del espectro en las ventanas de 7, 3 y 2 milímetros.
Cada molécula que flota en estado de vapor en el espacio emite un conjunto único de señales de radiofrecuencia, una especie de huella dactilar molecular. Los investigadores compararon esas señales con el patrón de la eritrulosa medido previamente en el laboratorio de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) por el equipo del químico Emilio J. Cocinero, coautor del trabajo. Encontraron 12 conjuntos de líneas espectrales compatibles con el azúcar, seis de ellas prácticamente libres de contaminación por otras moléculas. La probabilidad de que esa coincidencia sea fruto del azar es inferior al 0,2 %.
¿Por qué "el primer azúcar de verdad"?
En 2000 se detectó en el espacio el glicolaldehído, una molécula de dos carbonos que suele presentarse como "el azúcar más simple". Pero, en rigor, no lo es: los químicos exigen un esqueleto de al menos tres átomos de carbono para hablar de un azúcar auténtico. El glicolaldehído es un hidroxialdehído que se comporta como pariente cercano de los azúcares, no como uno de ellos.
La eritrulosa, en cambio, es un monosacárido de pleno derecho: una cetosa de cuatro carbonos, la única que existe con esa fórmula. Y no es un hallazgo menor desde el punto de vista de la química interestelar:
- Con 14 átomos, es la molécula no cíclica más grande identificada hasta ahora en el medio interestelar.
- Es la primera molécula con cuatro átomos de oxígeno detectada en el espacio.
- Es la segunda molécula quiral hallada fuera del Sistema Solar, tras el óxido de propileno (2016). La quiralidad —la existencia de dos versiones que son imágenes especulares no superponibles, como la mano izquierda y la derecha— es una propiedad clave: la vida terrestre usa casi exclusivamente una de las dos formas.
La sorpresa: demasiada eritrulosa
El resultado desafía uno de los dogmas de la astroquímica. La idea dominante es que las moléculas del espacio crecen añadiendo carbonos de uno en uno, y que cada carbono adicional hace que la molécula sea unas diez veces menos abundante. Pero aquí ocurre lo contrario: la eritrulosa (cuatro carbonos) es al menos ocho veces más abundante que los dos únicos azúcares de tres carbonos que existen —gliceraldehído y dihidroxiacetona—, ninguno de los cuales aparece en la nube pese a la sensibilidad de las observaciones.
"Este resultado fue inesperado", reconoce Jiménez-Serra. La búsqueda de una explicación llevó al equipo a colaborar con químicos de la Universidad de Extremadura y la Universidad Radboud (Países Bajos). Sus cálculos cuánticos y sus simulaciones astroquímicas apuntan a una ruta distinta: la eritrulosa no se construye carbono a carbono, sino que se ensambla sobre los granos de polvo helados del espacio uniendo dos piezas de dos carbonos cada una —radicales derivados del glicolaldehído y del etilenglicol, ambos muy abundantes en esa nube—. La propia investigadora lo compara con unir dos bloques grandes de Lego para formar uno mayor.
De la nube molecular a la Tierra primitiva
Los azúcares son piezas centrales de la vida: forman el esqueleto del ADN y el ARN y son el combustible del metabolismo. Pero cómo aparecieron los primeros en la Tierra sigue siendo un enigma, porque los experimentos de laboratorio muestran que en las condiciones del planeta primitivo se producían en cantidades insuficientes. Que se hayan encontrado ribosa y glucosa en meteoritos y en muestras del asteroide Bennu apuntaba a un origen exógeno; ahora se demuestra que esos azúcares pueden fabricarse ya en el medio interestelar, antes incluso de que nazcan las estrellas y los planetas.
A partir de la abundancia medida, los autores estiman que entre 500.000 y 50 millones de toneladas de eritrulosa pudieron llegar a la superficie terrestre durante el Bombardeo Intenso Tardío, hace entre 4.100 y 3.900 millones de años. Y hay un detalle químico relevante: en presencia de agua, las cetosas como la eritrulosa se isomerizan con facilidad en aldosas (treosa y eritrosa), un paso conectado con la formación de la ribosa y, por tanto, con los primeros ácidos nucleicos. La treosa, de hecho, es la base del TNA, un análogo más simple del ARN que algunos investigadores proponen como protagonista de un "mundo pre-ARN".
Para Carlos Briones, coautor del estudio e investigador del CAB, lo más estimulante es lo que abre: la posibilidad de encontrar en el espacio otros azúcares, como la propia ribosa que forma parte del ARN.
Prudencia: esto no resuelve el origen de la vida
Conviene no sobreinterpretar el hallazgo. Emilio Martínez Núñez, catedrático de Química Física de la Universidad de Santiago de Compostela y ajeno al trabajo, subraya en declaraciones al Science Media Centre España que estos resultados no implican que la eritrulosa llegara realmente a la Tierra ni que participara en el origen de la vida. Su valor, señala, está en demostrar que la química interestelar es capaz de generar moléculas de complejidad creciente, combinando observación astronómica, espectroscopía de laboratorio y química teórica.
Con más de 340 moléculas ya identificadas en el medio interestelar, la eritrulosa sube un peldaño más en esa escalera de complejidad. Y sugiere que, si los ladrillos de la vida se fabrican en las nebulosas que dan lugar a los sistemas planetarios, la Tierra no tendría por qué haber sido el único lugar donde llegaron.
Resumen
| Qué | Primera detección de un azúcar (monosacárido) en el medio interestelar |
| Molécula | Eritrulosa: cetosa de 4 carbonos, quiral, 14 átomos |
| Dónde | Nube molecular G+0.693−0.027, cerca del centro de la Vía Láctea |
| Cómo | Radiotelescopios de Yebes (40 m) e IRAM (30 m); 12 series de líneas espectrales |
| Quién | Equipo internacional liderado por Izaskun Jiménez-Serra (CAB, CSIC-INTA), con UPV/EHU, U. de Extremadura y U. Radboud, entre otros |
| Dónde se publica | Nature Astronomy, 13 de julio de 2026 (acceso abierto) |
Referencia: Jiménez-Serra, I. et al. "Detection of a four-carbon sugar in interstellar space". Nature Astronomy (2026). DOI: 10.1038/s41550-026-02905-7
