Un estudio en Science revela que las especies invasoras causan daños más severos en el Sur Global, corrigiendo el sesgo investigador previo.
El Sur Global sufre los impactos más severos de las especies invasoras, según un estudio en Science
Un nuevo indicador corrige décadas de sesgo investigador y revela que las economías emergentes, no las ricas, cargan con las invasiones biológicas más destructivas.
28 julio 2026.- Durante años, la ciencia asumió que las especies invasoras golpeaban con más fuerza a los países ricos del Norte Global. La lógica parecía sólida: más comercio, más intercambio de mercancías y, por tanto, más puertas de entrada para plantas y animales foráneos. Un estudio publicado en Science pone esa idea patas arriba y concluye que, de media, son las regiones del Sur Global las que sufren las invasiones biológicas más dañinas (Bacher et al., Science, 2026).
Las especies invasoras figuran entre los principales motores de la pérdida de biodiversidad en el mundo, con daños valorados en cientos de miles de millones de dólares y una contribución cercana al 60 % de las extinciones documentadas. Sin embargo, hasta ahora la distribución geográfica de ese daño se conocía mal.
El problema del "sesgo investigador"
El origen del malentendido es metodológico. Las evaluaciones globales previas medían el impacto con métricas indirectas —como el volumen comercial o el número de especies documentadas en cada país—, fácilmente distorsionadas por las diferencias en el esfuerzo científico. Como en Norteamérica y Europa se investiga y se publica mucho más, esas regiones acumulaban también las cifras más altas de especies invasoras y de informes de daños. El resultado era una impresión sesgada: parecía un problema, sobre todo, de los países desarrollados.
Una nueva métrica: la "severidad media del impacto"
Para romper ese sesgo, un equipo internacional dirigido por Sven Bacher (Universidad de Friburgo, Suiza), Petr Pyšek (Academia Checa de Ciencias) y Hanno Seebens (Universidad Justus Liebig de Gießen y Sociedad Senckenberg) diseñó un indicador nuevo: la severidad media del impacto.
En lugar de contar cuántas especies invasoras hay, la métrica relaciona el número de impactos graves —como la extinción local de poblaciones nativas— con el total de impactos ecológicos locales registrados. Al expresarse como una proporción, el indicador queda independiente del esfuerzo investigador: da igual que una región tenga muchos o pocos estudios; lo que se mide es qué porcentaje de esos impactos fueron extremos.
El trabajo se apoya en la base de datos GIDIAS (Global Impacts Dataset of Invasive Alien Species), que reúne más de 22.000 impactos documentados de especies invasoras en 172 países.
El patrón que sorprendió a los autores
Al aplicar la métrica, el resultado fue nítido y generalizado: no solo algunas zonas, sino prácticamente todo el Sur Global mostraba impactos medios mucho más altos. Se trata, en palabras del propio equipo, de una corrección científica de las suposiciones anteriores. El Norte Global mantenía muchos registros documentados, pero una financiación más sólida para las tareas de mitigación pudo haberle ayudado a evitar los impactos más extremos.
Por qué el Sur sufre más
El estudio observó que la severidad era especialmente alta en economías emergentes con mucho comercio, pero con una capacidad gubernamental relativamente débil de supervisión y gestión: la combinación perfecta para que especies no deseadas se cuelen y se establezcan sin control. De hecho, cuanto menor era la capacidad de respuesta de un gobierno, peor era el impacto de la especie invasora.
El ecólogo Anibal Pauchard (Universidad de Concepción, Chile), que no participó en el estudio pero lo elogió, apunta varias razones complementarias:
- Las comunidades con menos recursos dependen más directamente de la naturaleza para su sustento y disponen de menos herramientas para adaptarse a los cambios.
- Muchos de estos países conservan más biodiversidad que perder y han sufrido transformaciones ecológicas recientes, de apenas uno o dos siglos, frente a la larga alteración del paisaje europeo.
- Un único invasor puede causar un daño enorme. Pauchard cita el eucalipto, extendido por Sudamérica y África, capaz de acaparar el terreno y consumir grandes cantidades de agua. Donde el Norte puede buscar agua en fuentes lejanas, muchas comunidades del Sur dependen del agua que tienen cerca.
El jacinto de agua, un caso de manual
Bacher recurre a un ejemplo elocuente: el jacinto de agua (Pontederia crassipes), una planta de crecimiento veloz que cubre lagos enteros, bloquea la luz que llega al fondo y asfixia el ecosistema. Los peces mueren y las pesquerías locales terminan por rendirse. La especie estrangula hoy cursos de agua en Nigeria y ha invadido pozas del Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica, afectando a hipopótamos y otras especies nativas.
Qué implica el hallazgo
El mensaje de fondo es doble. Primero, las especies invasoras son un problema global, pero sus soluciones deben adaptarse a cada lugar. Segundo, hace falta ampliar la prevención y la mitigación en los países menos ricos, así como reforzar la cooperación entre el Norte y el Sur Global. Reconocer dónde golpea de verdad el daño es el primer paso para dirigir los recursos allí donde más se necesitan.
Ficha del estudio
- Título: Invasive species' environmental impacts are more severe in the Global South
- Autores: Sven Bacher et al.
- Publicación: Science, vol. 393, pp. 376–380 (2026)
- DOI: 10.1126/science.aed0603
