La FCC autoriza Eärendil-1, el espejo orbital de Reflect Orbital. Promete energía solar nocturna; los astrónomos temen el fin del cielo oscuro.
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| Reflect Orbital tiene como objetivo redirigir la luz solar hacia las zonas nocturnas de la Tierra. Crédito: Jesper Klausen/Science Photo Library |
Espejos en órbita: la promesa de "sol a la carta" que enfrenta a una startup con la astronomía mundial
20 julio 2026.- La Comisión Federal de Comunicaciones de EE. UU. (FCC) autorizó el 9 de julio el lanzamiento de Eärendil-1, el primer satélite-espejo de la empresa californiana Reflect Orbital, que pretende reflejar luz solar sobre zonas de la Tierra en plena noche. Es el primer paso de un plan para desplegar 50.000 espejos orbitales antes de 2035. Astrónomos, ecologistas y organismos científicos advierten de que, si esa constelación llega a existir, podría suponer el final de la astronomía óptica desde tierra.
El proyecto: qué se aprobó exactamente
La FCC autorizó formalmente el 9 de julio el lanzamiento de Eärendil-1, un satélite desarrollado por Reflect Orbital que desplegará un reflector de película fina de 18 metros de lado en órbita baja terrestre para reflejar luz solar hacia el suelo. La nave, de 142 kilogramos, está previsto que se lance a finales de este año a una órbita de entre 600 y 650 kilómetros de altitud. Según Nature, el satélite tiene el tamaño de un frigorífico pequeño y el espejo —del tamaño aproximado de una pista de tenis— es 28 veces más fino que un cabello humano; iluminará una mancha de unos 24 kilómetros cuadrados y la luz podrá apagarse a demanda.
La compañía, con sede en Hawthorne (California), afirma que existe para demostrar que la luz solar desde el espacio puede formar parte del futuro energético limpio de la humanidad y proporcionar iluminación crítica de noche para salvar vidas. La licencia solo permite, por ahora, desplegar un satélite cada vez, y especifica que el reflector será motorizado y orientable para que la luz reflejada sea visible únicamente en la zona objetivo.
El nombre remite a un personaje de Tolkien, y la idea no es nueva: fue teorizada en 1923 por el físico Hermann Oberth, y en 1993 Rusia lanzó Znamya 1, un espejo espacial experimental que acabó abandonado por dificultades técnicas y objeciones internacionales.
A FAVOR: los argumentos de la iniciativa
1. Energía solar fuera del horario solar. Reflect Orbital sostiene, según Nature, que sus bolsas de "día" fabricado podrían aumentar la productividad agrícola, ayudar en labores de socorro tras catástrofes naturales y permitir que las placas fotovoltaicas generen electricidad de noche. La empresa plantea que la tecnología complementaría la infraestructura solar existente aportando luz adicional tras el ocaso, sin sustituir otras fuentes limpias.
2. Un valor económico concentrado en las horas caras. El principal atractivo comercial no es tanto el volumen de energía como el momento: la electricidad nocturna se paga más cara, justo cuando la solar deja de producir y las baterías o el gas cubren el hueco.
3. Interés de mercado y respaldo financiero. La compañía dice haber recibido más de 260.000 solicitudes de clientes potenciales antes de la aprobación de la FCC, y está respaldada por capital riesgo de primer nivel (Sequoia, según Bloomberg).
4. Una misión de prueba, no un despliegue. Reflect Orbital subraya que la demostración evalúa un único satélite y no inicia el despliegue comercial, y que cualquier expansión futura dependerá de los datos de rendimiento, de revisiones ambientales y del diálogo continuado con comunidades afectadas y organizaciones científicas. Un portavoz declaró a Nature que el retorno de la comunidad astronómica ya ha modificado de forma sustancial el diseño de la nave y los planes operativos, y calificó la advertencia sobre el fin de la astronomía como fruto de un desconocimiento de su tecnología. Su consejero delegado, Ben Nowack, describe la misión como un banco de pruebas para demostrar que pueden hacer el bien sin iluminar donde nadie quiere luz.
5. No es una idea marginal en ingeniería. Existen líneas de investigación académica paralelas: un estudio de viabilidad de la consultora Arthur D. Little con la energética Engie diseñó una constelación de 3.987 espejos de un kilómetro de diámetro para iluminar plantas solares dos horas al amanecer y al anochecer, con despliegue completo hacia 2043, y el proyecto europeo SOLSPACE, financiado por el ERC, investiga constelaciones de reflectores ultraligeros para iluminar grandes plantas solares terrestres de noche.
EN CONTRA: las objeciones
1. El impacto sobre la astronomía óptica. Es la crítica más contundente. Roohi Dalal, subdirectora de política pública de la Sociedad Astronómica Estadounidense (AAS), advirtió a Nature de que con 50.000 satélites probablemente se acabaría la astronomía terrestre, o al menos la óptica. Un estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO) cuantifica el efecto: con los 50.000 satélites completos de Reflect Orbital, el cielo sería hasta tres o cuatro veces más brillante en conjunto; el trabajo propone limitar el total de satélites, actuales y futuros, a 100.000 lo bastante tenues como para no verse a simple vista desde un lugar oscuro. Según ese mismo estudio, la traza de un solo satélite-espejo podría arruinar una observación de una cámara como la del Observatorio Vera Rubin, y la flota completa iluminada por el Sol supondría la pérdida de todas las imágenes de una cámara así. Habría más satélites que estrellas visibles a simple vista en cualquier punto del planeta.
2. La mitigación es incompatible con el negocio. Aquí está la diferencia estructural con Starlink: SpaceX aplica medidas paliativas —recubrimientos oscurecedores que reducen el brillo—, pero el modelo de negocio de Reflect Orbital exige maximizar la reflectividad, lo que hace la mitigación incompatible con la prestación del servicio. Y aunque la empresa prometa no apuntar nunca a un observatorio, la promesa no protege a los observatorios pequeños ni a los astrónomos aficionados, porque los espejos difunden luz lateralmente que la atmósfera vuelve a dispersar. Betty Kioko, del ESO, ha calificado la situación de amenaza existencial para la astronomía óptica.
3. La física energética no cuadra. Varios científicos sostienen que el beneficio eléctrico es marginal. La luz de un solo satélite se reparte sobre unos 47 km² y reduce los fotones que llegan al panel a cerca de 1/140.000 del valor del mediodía; el astrónomo Michael Brown (Universidad Monash) calculó en sus comentarios a la FCC que harían falta más de 3.000 satélites para producir el equivalente al 20 % del sol de mediodía en un solo emplazamiento, y la astrónoma Samantha Lawler resume que lo que se obtiene son milivatios. El astrofísico Ethan Siegel llevó el cálculo al extremo: incluso con los 250.000 satélites que el fundador plantea como techo —más que todos los satélites activos e inactivos y la chatarra espacial juntos—, se entregaría alrededor del 20 % de la luz solar de mediodía a unos 80 puntos a la vez, el equivalente energético a 16 centrales solares adicionales.
4. Riesgos ecológicos y de seguridad. DarkSky International advirtió de que haces móviles de luz procedentes de espejos espaciales podrían generar destellos súbitos, deslumbramiento o barridos luminosos en caso de fallo, con riesgos para la visión nocturna, la operación aérea y la conducción. A ello se suma la disrupción circadiana —supresión de melatonina en humanos y animales— y la desorientación de aves migratorias que se guían por las estrellas. Un detalle práctico señalado por Siegel: la luz enfocada sobre los paneles caería también sobre los cultivos adyacentes, alterando su ciclo natural de día y noche.
5. Fragilidad técnica de la propia misión. Nowack admitió a Nature que la misión es enormemente arriesgada. Darren McKnight, de la empresa de seguimiento de basura espacial LeoLabs, apuntó a dos amenazas: los micrometeoritos y fragmentos artificiales de tamaño milimétrico y centimétrico, abundantes a esa altitud, cuyos impactos repetidos degradarían el espejo; y el oxígeno atómico, muy reactivo, que erosiona las superficies de las naves.
6. Un vacío regulatorio. Es quizá el punto más relevante a medio plazo. La FCC concluyó en su orden que los efectos de Eärendil-1 sobre la astronomía o el medio ambiente quedan fuera de su competencia, y se limitó a autorizar una misión única, sin pronunciarse sobre la constelación mayor, argumentando que es improbable que los daños alegados se materialicen con un solo satélite. DarkSky replica que ese razonamiento deja sin abordar los impactos sobre fauna, astronomía, seguridad pública y entorno nocturno, y evidencia una laguna significativa en la regulación de las tecnologías espaciales emergentes; junto a Earthjustice y otros socios está evaluando opciones legales y de política pública. La organización reclama a la FCC que cierre los vacíos que permiten desplegar satélites sin revisión ambiental bajo la ley NEPA, y pide a Reflect Orbital que encargue voluntariamente una evaluación de impacto independiente.
El proceso: una oposición institucional inusual
La solicitud de Reflect Orbital, presentada hace casi un año, generó cerca de 1.900 comentarios, en su mayoría críticos. La AAS presentó una petición formal para denegar el lanzamiento, alegando que la interferencia potencial con miles de millones de dólares en investigación astronómica financiada con fondos públicos, sumada a los riesgos para la salud y el medio ambiente, supera el valor experimental limitado de la misión. La Royal Astronomical Society y DarkSky International también presentaron objeciones, y más de 12.200 personas firmaron la carta abierta de DarkSky.
Qué está en juego y qué viene ahora
El expediente de Reflect Orbital no es un caso aislado: llega junto a la solicitud de SpaceX para operar centros de datos orbitales y en un contexto en el que las propuestas suman más de 1,7 millones de satélites, con consecuencias que el ESO califica de devastadoras para la astronomía.
Tres incógnitas ordenan el debate:
- Técnica: ¿sobrevive el espejo al despliegue, a los micrometeoritos y al oxígeno atómico, y apunta con la precisión prometida?
- Energética: ¿puede la relación entre número de satélites y vatios entregados justificar alguna vez el coste y el impacto? Los cálculos independientes publicados hasta ahora sugieren que no, con márgenes muy amplios.
- Regulatoria: ¿quién decide sobre el brillo del cielo nocturno? Ninguna agencia estadounidense tiene hoy mandato claro para evaluarlo, y no existe un régimen internacional vinculante.
Eärendil-1 despegará antes de que acabe 2026. Su valor real quizá no sea energético sino probatorio: será el primer dato empírico en una discusión que hasta ahora se ha librado entre modelos, simulaciones y expedientes administrativos.
Fuentes principales: Nature (Kaia Glickman, 17/07/2026, con aclaración del 18/07); SpaceNews; ESO (comunicado eso2607 y estudio de O. Hainaut); DarkSky International; The Hill; Space.com; Payload; Big Think (E. Siegel); Bloomberg; Minnesota Journal of Law, Science & Technology.
