El telescopio Webb atraviesa el polvo de Centaurus A y revela millones de estrellas, cicatrices de una colisión y gas expulsado por su agujero negro.
El telescopio Webb desnuda Centaurus A: polvo, cicatrices de una colisión y el aliento de un agujero negro
La NASA celebra los cuatro años de operaciones científicas del James Webb con una imagen sin precedentes de la galaxia activa más cercana a la Tierra. Bajo su espesa cortina de polvo aparecen millones de estrellas individuales, estructuras que desconciertan a los astrónomos y gas expulsado a más de mil kilómetros por segundo.
19 julio 2026.- Durante décadas, Centaurus A fue una galaxia hermosa e impenetrable. Cualquier aficionado con un telescopio modesto puede localizarla en el cielo austral —es uno de los objetos más brillantes fuera de nuestra Vía Láctea—, pero su corazón permanecía oculto tras una franja oscura de polvo que atraviesa la galaxia como una venda. Ahora, el telescopio espacial James Webb (JWST) ha mirado a través de esa venda.
Las imágenes difundidas por la NASA el 6 de julio de 2026, con las que la agencia celebra el cuarto aniversario de las operaciones científicas del observatorio, muestran una galaxia mucho más rica y compleja de lo que se sospechaba: un tapiz densamente poblado de estrellas individuales, filamentos de polvo con formas inesperadas y la huella energética de un agujero negro supermasivo que sigue devorando materia.
El instrumento de infrarrojo medio (MIRI) del telescopio espacial James Webb de la NASA revela la galaxia cercana Centaurus A, mostrando las estructuras polvorientas y la actividad oculta que dan forma a este sistema inusual. La visión infrarroja del Webb desvela intrincados filamentos, bucles y brillantes nubes de polvo caliente que se extienden por su centro. En el corazón de la galaxia, un agujero negro supermasivo en constante alimentación brilla intensamente, rodeado de complejas estructuras esculpidas por una colisión galáctica pasada y la actividad actual. Imagen: NASA
Una galaxia a la vuelta de la esquina cósmica
Centaurus A (también catalogada como NGC 5128) se encuentra a unos 11 millones de años luz de la Tierra. En términos cósmicos, prácticamente al lado. Lo excepcional es que, a diferencia de la mayoría de las galaxias cercanas —relativamente tranquilas—, esta es una galaxia activa: su núcleo alberga un agujero negro supermasivo que se alimenta del material circundante y, al hacerlo, lanza chorros de partículas y libera cantidades ingentes de energía.
Esa combinación —cercanía y actividad— la convierte en un laboratorio privilegiado. Permite estudiar con detalle inaudito una pregunta central de la astrofísica contemporánea: cómo crecen y evolucionan juntos los agujeros negros y las galaxias que los albergan.
A esa historia se suma otra, más violenta. Centaurus A arrastra las cicatrices de una colisión mayor con otra galaxia ocurrida hace aproximadamente 2.000 millones de años. La fusión explica buena parte de su estructura anómala y de la formación estelar que todavía continúa hoy.
Lo que el polvo escondía
La clave de este avance está en la longitud de onda. El polvo interestelar bloquea la luz visible —por eso el telescopio Hubble nunca pudo penetrar la región central—, pero es prácticamente transparente al infrarrojo. El Spitzer, retirado en 2020, ya había revelado en el infrarrojo las grandes estructuras de la galaxia, aunque sin capacidad para separar estrellas individuales.
Webb aporta las dos cosas a la vez: profundidad y nitidez. Con sus instrumentos MIRI (infrarrojo medio) y NIRCam (infrarrojo cercano), el observatorio expone el funcionamiento interno de la galaxia estrella por estrella.
"Ningún telescopio por sí solo cuenta la historia completa", señaló Shawn Domagal-Goldman, director de la división de Astrofísica en la sede central de la NASA en Washington. Los descubrimientos, explicó, se construyen por acumulación: cada nuevo observatorio amplía los cimientos que dejaron las misiones anteriores, y Webb abre una ventana a longitudes de onda y a niveles de detalle antes inaccesibles.
Un paralelogramo y una "S" que nadie sabe explicar
La imagen de MIRI destaca las estructuras de polvo, y ahí aparece la primera sorpresa. Una banda deformada con forma de paralelogramo atraviesa el centro de la galaxia, mientras jirones de material se extienden hacia el exterior como nubes.
Más enigmático todavía es un rasgo con forma de "S", trazado por delicados lazos y cintas que se arquean por encima y por debajo del núcleo. Los astrónomos aún no saben qué lo produjo. ¿Es obra del agujero negro? ¿Un vestigio de la formación estelar desencadenada por la colisión? Las preguntas siguen abiertas y requerirán nuevas observaciones.
Muchos de los puntos rojos que brillan en la imagen son estrellas envueltas en polvo o guarderías estelares: astros viejos que devuelven material al espacio y estrellas nuevas en gestación. Ese polvo no es un residuo, sino la materia prima de futuras generaciones de estrellas y planetas.
Arqueología galáctica
Lo que a primera vista parece un grano en la imagen combinada de MIRI y NIRCam es, en realidad, un campo apretadísimo de estrellas resueltas una a una. Y cada una de ellas es un documento histórico.
Los astrónomos pueden ahora reconstruir la cronología de la galaxia: cuándo se formaron las estrellas más antiguas, cuándo se ralentizó la actividad, cuándo estalló el brote de formación estelar asociado a la colisión y qué astros nacieron del gas revuelto tras aquel choque. Es, literalmente, arqueología galáctica.
Gas a 1.400 kilómetros por segundo
Webb no solo fotografía: también descompone la luz. Mediante espectroscopía, los científicos pueden medir cómo se mueve el gas dentro de la galaxia.
Los primeros resultados, publicados en la revista Astronomy & Astrophysics por un equipo liderado por Almudena Alonso Herrero, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA, Madrid), dentro del programa MICONIC del consorcio europeo de MIRI, describen un panorama turbulento. En los 100-200 parsecs centrales, el instrumento MIRI-MRS detecta gas ionizado que escapa a velocidades de hasta unos 1.000 km/s en un sentido y 1.400 km/s en el otro, confinado en una región nuclear de apenas seis pársecs —unos 20 años luz—.
El equipo estima que ese viento arrastra el equivalente a entre 1,6 y 2,9 masas solares por año, y encuentra además indicios de choques en el gas. El comportamiento observado encaja con la predicción teórica de una burbuja inflada por el chorro de radio al abrirse paso a través del medio interestelar de la galaxia. En paralelo, el hidrógeno molecular templado dibuja un disco en rotación alabeado, con movimientos que podrían corresponder a corrientes de gas cayendo hacia el centro.
Alimentar y frenar a la vez
Todo ello apunta a una respuesta incómoda para quien busque explicaciones simples. ¿Cómo influye un agujero negro sobre una galaxia entera? De forma ambivalente: puede estimular el nacimiento de estrellas al comprimir el gas, y puede impedirlo al expulsar ese mismo material fuera de su alcance.
Centaurus A ofrece un asiento en primera fila para observar ese tira y afloja. Al cartografiar el polvo con un detalle nunca visto, resolver millones de estrellas y rastrear el movimiento del gas junto al agujero negro, Webb ha convertido una vieja conocida del cielo austral en un archivo abierto de la historia cósmica.
El telescopio James Webb se lanzó el 25 de diciembre de 2021 y se prevé que funcione durante unos 20 años .
El telescopio espacial James Webb es un programa internacional liderado por la NASA junto a la ESA (Agencia Espacial Europea) y la CSA (Agencia Espacial Canadiense).
Fuentes: NASA / STScI, "NASA Webb Uncovers Unusual Galaxy Shaped by Cosmic Collision" (6 de julio de 2026); A. Alonso Herrero et al., Astronomy & Astrophysics, 699, A334 (2025).


