El láser LiDAR desvela bajo la selva cientos de geoglifos de los Aquiry, una civilización que reunió hasta 3 millones de habitantes.
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| Sitio arqueológico Fazenda Atlântican en Acre Brasil. Imagen: M. Pärssinen & F. de Novaes. |
Láseres bajo la selva: la Amazonía escondía una civilización de millones de personas
Un rastreo con tecnología LiDAR ha desvelado cientos de construcciones de tierra ocultas bajo el dosel amazónico. Pertenecen a los Aquiry, una enigmática sociedad que hace 2.000 años pudo reunir hasta tres millones de habitantes.
01 agosto 2026.- Durante siglos, la espesa vegetación de la selva amazónica ha guardado un secreto a plena vista. Ahora, un haz de luz infrarroja disparado desde el aire lo ha sacado a la superficie: bajo el dosel del suroeste de la Amazonía brasileña se esconden los restos de una civilización mucho mayor de lo que nadie imaginaba. Un estudio publicado en la revista Nature revela cientos de monumentales construcciones de tierra levantadas por una sociedad compleja que floreció hace más de dos milenios y que los investigadores han bautizado como Aquiry.
Ver a través de la selva
La clave del hallazgo es una tecnología llamada LiDAR (escaneo láser aerotransportado). Montado en una avioneta, el sistema lanza miles de pulsos de luz infrarroja hacia el suelo y mide el tiempo que tardan en rebotar. Como algunos de esos pulsos se cuelan entre las hojas y llegan hasta la tierra, el resultado es un mapa tridimensional del terreno tal y como sería sin árboles. Es, en la práctica, una forma de "borrar" la selva y observar lo que hay debajo.
El equipo, liderado por el arqueólogo Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki, sobrevoló más de 4.400 kilómetros y escaneó unos 4.500 kilómetros cuadrados en los estados brasileños de Acre y Amazonas. Solo en esa franja documentaron 432 estructuras de tierra, de las cuales apenas 36 se conocían con anterioridad: casi 400 hallazgos completamente nuevos.
Geoglifos de precisión matemática
Esas estructuras son geoglifos: grandes figuras geométricas excavadas en el suelo mediante zanjas de hasta cinco metros de profundidad, cuya tierra sobrante se acumulaba formando terraplenes. Sus formas van desde círculos y cuadrados hasta diseños mucho más sofisticados —octógonos, pentagramas o círculos perfectamente inscritos en cuadrados—, lo que revela un conocimiento notable de principios matemáticos y una enorme capacidad de organización.
Algunos de estos recintos superan varios cientos de metros de lado; el mayor abarca cerca de 50 hectáreas. Y todo se hizo sin piedra —inexistente en la zona, por lo que los Aquiry no dejaron ruinas de roca—, sin herramientas de metal y sin animales de tiro. Levantaron esta arquitectura de tierra a pulso.
Una sociedad de millones
Extrapolando lo observado, los científicos calculan que el territorio Aquiry se extendía por unos 183.000 kilómetros cuadrados —una superficie comparable a la del Reino Unido o Siria— y que podría albergar más de 20.000 geoglifos aún por descubrir, frente a los cerca de 1.700 catalogados hasta hoy.
A partir de esas cifras, y estimando que cada geoglifo requería alrededor de 300 personas para construirse y mantenerse, el estudio propone que la civilización Aquiry pudo alcanzar su apogeo entre los años 100 y 300 de nuestra era con una población de entre 1,25 y 3 millones de habitantes. El nombre procede del río Acre —Aquiry significa "río de los caimanes" en la lengua de los pueblos indígenas arawak— que da nombre a la región.
Lo más llamativo es que esta sociedad prosperó lejos de los grandes ríos, las arterias que históricamente sustentaron a las poblaciones amazónicas. Los geoglifos no eran viviendas, sino centros ceremoniales: lugares de reunión donde distintas comunidades celebraban rituales, intercambios comerciales, asuntos políticos y grandes festejos con danzas, música y juegos, según la investigación y la tradición oral indígena.
Un final todavía sin explicación
Los Aquiry parecen haber abandonado definitivamente sus recintos entre los años 850 y 950. Nadie sabe con certeza por qué. La evidencia apunta a un colapso relativamente rápido que quizá guarde relación con el declive de otras grandes culturas precolombinas de la época, como la maya, la tiwanaku o la wari. Es uno de los grandes enigmas que el hallazgo deja abiertos.
Reescribir la historia de la Amazonía
El descubrimiento obliga a repensar una idea muy asentada: la de una Amazonía prístina, una naturaleza virgen apenas habitada por pequeñas aldeas dispersas. Los datos dibujan justo lo contrario: paisajes planificados, grandes obras y comunidades densamente pobladas y conectadas entre sí.
Y el área estudiada representa menos del 3 % de la Amazonía. Si futuros escaneos encuentran cifras similares en otras zonas, la población precolombina de toda la cuenca podría contarse por decenas de millones, lo que cambiaría nuestra comprensión no solo de la historia humana de la región, sino también de cómo esos pueblos moldearon durante siglos sus suelos, sus bosques y su biodiversidad. La selva que hoy admiramos, en buena medida, también es una obra humana.
Fuente: Pärssinen, M. et al., "Over 20,000 precolonial earthworks in the Southwest Amazonia", Nature (2026), DOI 10.1038/s41586-026-10835-7.



