BloombergNEF prevé 194 GW de centros de datos en 2035. Sin red suficiente, la industria genera su propia luz con gas: turbinas, motores y pilas.
El gas construye una red eléctrica paralela para alimentar la fiebre de los centros de datos
La imposibilidad de conectarse a tiempo a la red obliga a los promotores de centros de datos a generar su propia electricidad con gas. BloombergNEF calcula que la demanda de estas instalaciones alcanzará los 194 gigavatios en 2035 en Estados Unidos, y ni siquiera el ritmo récord de conexiones evitaría un déficit. El resultado es un mercado disparado de turbinas, motores, pilas de combustible y baterías que está levantando una infraestructura energética privada al margen del sistema público.
05 agosto 2026.- La inteligencia artificial ha convertido la electricidad en el auténtico cuello de botella de la expansión digital. No la potencia de cálculo, ni los chips, ni el suelo: la energía. Y ante colas de conexión a la red que se miden en años, la industria ha encontrado un atajo que reescribe la relación entre el sector tecnológico y el sistema eléctrico. En lugar de esperar a que la red llegue hasta el centro de datos, el centro de datos se trae su propia central.
El detonante de este movimiento es un dato que se ha revisado al alza una y otra vez. BloombergNEF proyecta que la capacidad de los centros de datos estadounidenses alcanzará los 194 gigavatios en 2035, lo que supondría en torno al 20 % del consumo eléctrico del país, frente al 5,9 % actual. La cifra es un 83 % superior a la que la propia consultora manejaba apenas siete meses antes, en diciembre de 2025, y representa un salto de unas 2,5 veces respecto a las estimaciones de quince meses atrás.
Para dimensionar la magnitud del reto conviene recordar que un gigavatio equivale, aproximadamente, a la capacidad de un reactor nuclear tradicional. Se trata, por tanto, de sumar el equivalente a casi 200 reactores nucleares de demanda nueva en una década, concentrada además en unos pocos territorios: en Virginia y Texas, donde los centros de datos se agrupan, su peso sobre el consumo local será aún mayor. El operador de red PJM, cuyo territorio abarca el corredor de Virginia del Norte, prevé destinar un tercio de su electricidad a estas instalaciones en 2035.
El problema no es solo generar esa energía, sino conectarla. El récord histórico de nueva demanda de centros de datos enganchada a la red en un solo año se sitúa entre 7 y 10 gigavatios, según el escenario. BloombergNEF advierte de que, incluso manteniendo ese ritmo máximo durante toda una década, y aun contando con la generación de gas in situ ya prevista, el sistema afrontaría un déficit de unos 19 gigavatios en 2035. La red, sencillamente, no da abasto.
La red paralela
De esa brecha nace la generación behind-the-meter o "detrás del contador": equipos instalados en el propio recinto del centro de datos que le suministran electricidad sin pasar por la red pública. Lo que empezó como un puente temporal —mantener las máquinas encendidas mientras llega la conexión definitiva— se está consolidando como una arquitectura energética por derecho propio. BloombergNEF ha rastreado 124 gigavatios de capacidad de gas in situ ya anunciada y asociada a centros de datos, aunque solo una parte tiene todavía fecha de puesta en marcha.
El caso más comentado ilustra el vértigo del fenómeno: en mayo, el fundador de xAI, Elon Musk, adquirió APR Energy, una compañía de Florida que opera más de un gigavatio de turbinas portátiles de gas y diésel, precisamente para alimentar sus centros de datos al margen de la red. En Memphis, la instalación Colossus de xAI ha llegado a operar con decenas de turbinas de gas natural de uso diario.
La elección de tecnología es un ejercicio de equilibrios entre velocidad, coste, eficiencia y emisiones. Y en cada una de esas casillas hay un fabricante que ha visto su cartera de pedidos dispararse.
Turbinas: los pedidos superan a la fábrica
Las turbinas de gas de gran tamaño son la plataforma dominante, y la cartera de GE Vernova lo demuestra con crudeza. La compañía cerró el segundo trimestre de 2026 con una reserva de 116 gigavatios entre pedidos en firme y reservas de franjas de producción, frente a los 100 del trimestre anterior y los 83 con que había cerrado 2025. Ya acepta reservas de entrega hasta 2031, y la demanda vinculada a la electrificación de centros de datos superó los 5.000 millones de dólares en la primera mitad del año.
El fabricante ha respondido reequipando sus plantas existentes —ha instalado cientos de máquinas nuevas en sus fábricas en año y medio— con el objetivo de alcanzar 20 gigavatios de producción anual en el tercer trimestre de 2026 y escalar hacia los 30 en 2030. Aun así, las franjas de fabricación están agotadas hasta 2026-2027 y reservadas en más de un 90 % hasta 2028. Como reconoció su dirección, en proyectos con ciclos de tres años la turbina rara vez es el elemento que marca el ritmo: lo son los permisos, la construcción y la disponibilidad de gas.
Motores: el atajo de los que no consiguen turbina
Quien no logra una franja de turbina no espera. El hueco lo están llenando los motores de combustión interna alternativos (RICE, por sus siglas en inglés), con plazos de entrega de doce a dieciocho meses frente a los cinco años o más de las grandes turbinas de bastidor pesado. Se sincronizan en treinta segundos y se pueden poner en marcha unidad por unidad, cualidades que encajan bien con la variabilidad de las cargas de trabajo de IA.
Wärtsilä, INNIO y Caterpillar han absorbido pedidos a escala de gigavatios que habrían ido a las turbinas de haber existido disponibilidad. Wärtsilä vendió más de 2,4 gigavatios de capacidad de motores a centros de datos estadounidenses en cinco trimestres, incluidos 1.202 megavatios en dos pedidos solo en el segundo trimestre de 2026. Caterpillar, por su parte, ha visto multiplicarse su cartera por más de 3,5 desde principios de 2024, hasta un récord de 63.000 millones de dólares. La demanda de motores también ha superado a la oferta: los nuevos grandes pedidos aterrizan ya en 2028 en la mayoría de los casos.
Pilas de combustible: de piloto a pilar
La sorpresa del ciclo son las pilas de combustible de óxido sólido (SOFC), que alimentadas con gas natural han pasado de proyectos piloto a contratos de gigavatios en tiempo récord. Bloom Energy firmó unos 7.650 millones de dólares en contratos vinculados a centros de datos en apenas noventa días a comienzos de 2026. El acuerdo estrella lo selló con Oracle en abril: un contrato marco para suministrar hasta 2,8 gigavatios de sistemas SOFC, el mayor pacto de suministro de energía in situ de la historia del mercado.
El atractivo de las pilas es la velocidad y la discreción: se instalan en meses en lugar de años, algunas unidades entraron en operación en 55 días, funcionan de forma más silenciosa que las turbinas, ofrecen mayor eficiencia y, al no basarse en la combustión, tienen un impacto ambiental local menor que los generadores de gas convencionales. Según estimaciones de Goldman Sachs Research, las pilas de combustible podrían cubrir hasta el 15 % de la nueva demanda de energía. A ello se suman las baterías, cuyo mercado en Estados Unidos batió récords trimestrales consecutivos en 2026, y una oleada de acuerdos nucleares entre grandes tecnológicas.
La factura ambiental y social
Esta red privada tiene un reverso. La generación con gas produce contaminación atmosférica continua y emisiones de gases de efecto invernadero, y su despliegue está encontrando una resistencia social cada vez más organizada. Data Center Watch contabilizó al menos 75 proyectos bloqueados o retrasados entre enero y marzo de 2026 en Estados Unidos, por un valor cercano a los 130.000 millones de dólares, y registró 833 grupos de oposición activos en 49 estados. Las quejas se repiten: facturas de luz más altas, consumo de agua, ruido —que en algunos casos alcanza niveles muy elevados— y las emisiones de las plantas de gas y los generadores de respaldo.
El monitor de mercado independiente de PJM ha atribuido directamente a la demanda de los centros de datos un incremento del 75,5 % en los costes regionales de la electricidad. Y la respuesta regulatoria es contradictoria: mientras al menos quince legislaturas estatales han estudiado restricciones temporales y algunos gobiernos locales han pausado incentivos, la Agencia de Protección Ambiental federal evalúa recortar la participación vecinal en ciertos permisos de contaminación del aire, muchos de ellos precisamente los que amparan las plantas privadas de gas.
El espejo español
El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos, y España lo vive con sus propios matices. El país atraviesa un boom inversor sin precedentes —el peso de los centros de datos en la inversión total en infraestructuras pasó del 5 % al 12 % en solo un año—, pero choca con el mismo muro: la saturación de la red. La patronal SpainDC advierte de que en Madrid apenas queda en torno a un 4-7 % de capacidad eléctrica disponible, y en el País Vasco directamente no hay disponibilidad para nuevas instalaciones.
En Aragón, convertido en el gran polo peninsular de hiperescala, los proyectos han solicitado acceso a la red por unos 6 gigavatios —casi la mitad de toda la potencia instalada en la comunidad—, de los que apenas 2,6 cuentan hoy con permiso. Informes citados por Bloomberg y Sightline Climate apuntan a que entre el 30 % y el 50 % de los centros de datos previstos para 2026 podrían retrasarse o cancelarse. La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo eléctrico mundial de estas instalaciones pasará de unos 485 teravatios hora en 2025 a cerca de 950 en 2030.
La diferencia clave es el mix: donde Estados Unidos recurre masivamente al gas in situ, España afronta el cuello de botella con una red dominada por las renovables y un Gobierno que ultima un estatuto para "blindar" a las tecnológicas frente a los costes indirectos de la energía en lugar de fomentar la generación fósil detrás del contador. Pero el dilema de fondo es idéntico a ambos lados del Atlántico: cuando un centro de datos tiene suelo, licencia, clientes e inversión comprometida pero no puede engancharse a la red a tiempo, la tentación de generar su propia electricidad —con lo que sea— se vuelve casi irresistible.
Un puente que amenaza con quedarse
La gran incógnita es qué pasará con toda esta infraestructura cuando —si es que lo hacen— lleguen por fin las conexiones definitivas a la red. Los promotores presentan la generación in situ como un puente temporal, pero ya sopesan qué papel podrían jugar esos activos una vez el enganche público esté disponible. La historia reciente sugiere que las soluciones "provisionales" en energía tienen la costumbre de volverse permanentes. Y con turbinas reservadas hasta 2031, motores hasta 2028 y pilas de combustible atadas a contratos de suministro a veinte años, la red eléctrica paralela que la IA está levantando no parece diseñada para desmontarse pronto.
Fuentes: BloombergNEF, Bloomberg, GE Vernova (resultados Q2 2026), Caterpillar, Wärtsilä, Bloom Energy, Goldman Sachs Research, Data Center Watch, PJM Interconnection, Agencia Internacional de la Energía, SpainDC, elEconomista, DatacenterDynamics, Canary Media y Natural Gas Intelligence.
