El IMIDRA transforma residuos orgánicos en 100 toneladas de abono en su planta de El Encín (Alcalá) para regenerar suelos de vid y olivo.
De los restos del comedor al viñedo: Madrid convierte su basura orgánica en 100 toneladas de abono de alta calidad
Alcalá de Henares, 2 de agosto de 2026.- La Comunidad de Madrid ha producido 100 toneladas de abono orgánico de alta calidad en los últimos cuatro años en su planta piloto de compostaje de la finca El Encín, en Alcalá de Henares. El objetivo es tan sencillo de enunciar como difícil de lograr: devolver vida a unos suelos agrícolas cada vez más empobrecidos, y hacerlo aprovechando lo que hasta ahora acababa en el vertedor.
La instalación pertenece al Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) y se ubica en la finca experimental El Encín, un centro de referencia científica situado en Alcalá de Henares. Allí no solo se fabrica compost: se investiga cómo hacerlo mejor. Los equipos del IMIDRA estudian cómo mejorar la eficiencia de estos procesos, asesoran a agricultores en la fabricación de compost y desarrollan su aplicación para regenerar suelos de cultivo, con especial atención al viñedo y al olivar, dos de los aprovechamientos con más peso en el campo madrileño. El Encín, de hecho, alberga la tercera colección de variedades de vid más grande del mundo y la sede del Panel Oficial de Catadores de Aceites de Oliva Virgen de la región.
¿Qué es el compostaje y por qué mejora la tierra?
El compostaje es la descomposición controlada de residuos orgánicos —restos de comida, poda, materia agrícola o ganadera— hasta transformarlos en un abono natural rico en nutrientes. No es magia, sino biología dirigida: microorganismos que "digieren" la materia orgánica en las condiciones adecuadas de humedad, oxígeno y temperatura.
El resultado beneficia al suelo por varias vías a la vez. Aporta nutrientes y repuebla la tierra de microorganismos, mejora la estructura del terreno y aumenta su capacidad para retener agua, algo especialmente valioso en un clima seco y con veranos cada vez más exigentes. Un suelo vivo y esponjoso rinde más y necesita menos insumos externos, lo que se traduce también en rentabilidad para el agricultor.
De la basura del colegio al campo: cerrar el círculo
La planta arrancó en 2022 y desde entonces ha tratado más de 260 toneladas de residuos orgánicos. Buena parte procede de acuerdos con ayuntamientos que separan sus biorresiduos en origen para enviarlos a El Encín.
El caso más reciente es el convenio con el Ayuntamiento de Torrelodones, que canaliza los restos de sus comedores escolares hacia la planta. Solo con la recogida en las escuelas de este municipio, el IMIDRA calcula que podrá convertir en abono unos 180.000 kilogramos de desechos hasta 2027. Antes de Torrelodones, ya participaban centros educativos de Coslada y Torrejón de Ardoz, este último con convenio en vigor para analizar los residuos y transformarlos en fertilizante.
El detalle técnico ilumina por qué las escuelas son un buen punto de partida: entre el 80 % y el 90 % del peso de los residuos de un comedor escolar es compostable, frente a apenas un 40 % en la basura de un hogar corriente. La clave, insisten los investigadores, está en la separación en origen, y ahí los propios escolares se convierten en protagonistas.
Una red que crece por toda la región
Más allá de la planta central, el IMIDRA ofrece información y apoyo a través de una red de composteras comunitarias repartida por la Comunidad de Madrid: Horcajo de la Sierra, Prádena del Rincón, Moralzarzal, Alcorcón, Rivas-Vaciamadrid, Torrejón de Ardoz, Móstoles y la propia ciudad de Madrid. El propósito es que cualquier municipio pueda mejorar la calidad de sus suelos agrícolas con asesoramiento técnico especializado.
Por qué importa
Detrás de las cifras hay tres ideas de fondo.
La primera es de economía circular: un residuo que se reincorpora al ciclo natural en lugar de acabar en un vertedero genera valor ambiental, económico y social.
La segunda es agronómica: ante la escalada de precios de los fertilizantes químicos que tanto han lastrado a los agricultores, recuperar materia orgánica para el suelo es una alternativa cada vez más estratégica.
Y la tercera es de conocimiento: El Encín funciona como banco de pruebas cuyos resultados se transfieren a municipios, mancomunidades y profesionales del sector.
En conjunto, la iniciativa dibuja un camino que va literalmente de la mesa al campo, y que sitúa al Corredor del Henares como uno de los nodos de la investigación regional sobre suelos.
Datos clave
- 100 toneladas de abono orgánico de alta calidad producidas en cuatro años.
- Más de 260 toneladas de residuos orgánicos tratados desde 2022.
- 180.000 kg de desechos escolares que se prevé convertir en abono hasta 2027 solo en Torrelodones.
- 80-90 % del peso de los residuos de un comedor escolar es compostable (frente al 40 % de la basura doméstica).
- 8 municipios + Madrid capital con composteras comunitarias apoyadas por el IMIDRA.
- Cultivos prioritarios de regeneración: vid y olivo.
Fuente: Comunidad de Madrid / IMIDRA. Nota divulgativa elaborada para información pública.

