Un estudio en ratones halla que las neuronas de la piel guardan unas tres semanas la huella de un alérgeno y facilitan nuevas alergias.
Neuronas con memoria: un estudio en ratones explica por qué una alergia llama a otra
Alcalá de Henares, 23 de septiembre de 2026
Las neuronas de la piel que detectan los alérgenos guardan durante unas tres semanas una huella de cada encuentro, y esa huella hace que la siguiente exposición, al mismo alérgeno o a otro distinto, desencadene una reacción más fuerte. Es el hallazgo, por ahora en ratones, de un equipo de Boston publicado en Immunity.
- La primera exposición no basta para provocar alergia, pero deja entrenadas a las neuronas sensoriales durante un plazo limitado: al menos 21 días, y ya no a los 28.
- El entrenamiento funciona también con alérgenos distintos: la enzima de la papaya preparó a los ratones para reaccionar con más fuerza a los ácaros del polvo y al hongo Alternaria.
- El mecanismo depende de una ruta celular llamada mTORC1 y de la remodelación de las mitocondrias de la neurona; si se bloquea, la memoria desaparece y la primera reacción queda intacta.
- En España, cerca del 90 % de los pacientes alérgicos reacciona a más de un alérgeno, según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).
Una huella que no llega a ser alergia
Casi nadie se vuelve alérgico al polen, a un gato o a un alimento el primer día. Lo habitual es convivir con él durante meses o años antes de que aparezcan los síntomas. Y quien estrena una alergia suele acabar sumando otras. La inmunología llevaba tiempo sin una explicación completa para ninguna de las dos cosas.
El equipo de Caroline L. Sokol, médica investigadora de la División de Alergia e Inmunología Clínica del Departamento de Medicina de Mass General Brigham (el sistema hospitalario vinculado a la Facultad de Medicina de Harvard) y autora principal del trabajo, propone una respuesta que no está en el sistema inmunitario, sino en los nervios. El primer firmante es Xueping Zhu, investigador del Hospital General de Massachusetts, y el artículo reúne a 21 autores.
«Las neuronas son conocidas por su capacidad para formar recuerdos», explica Sokol en el comunicado de su institución. «Nos preguntamos si una primera exposición a un alérgeno podía dejar una huella: no lo bastante para desencadenar por sí sola una respuesta alérgica completa, pero sí para preparar a las neuronas para responder con más fuerza la vez siguiente». La propia investigadora es alérgica, según recoge el comunicado.
Del picor al ganglio linfático
Para entender el hallazgo hay que saber qué hacen estas neuronas. Muchos alérgenos comunes, como los ácaros, los mohos o ciertos venenos, son proteasas: enzimas que cortan proteínas. El grupo de Sokol ya había demostrado en trabajos anteriores que las neuronas sensoriales de la piel detectan directamente esa actividad. Responden de dos maneras: provocan picor y liberan sustancia P, un mensajero químico.
La sustancia P moviliza a unas células de vigilancia, las células dendríticas CD301b+, que viajan hasta los ganglios linfáticos y empujan al sistema inmunitario hacia la respuesta alérgica, la de los linfocitos Th2. Es la puerta de entrada de la alergia.
Lo nuevo es lo que ocurre después de ese primer aviso.
Una semana después, más picor
Los investigadores inyectaron en la piel de ratones papaína, una enzima de la papaya que se usa como alérgeno de laboratorio, y repitieron la dosis siete días más tarde. En la segunda exposición los animales se rascaron mucho más que los que la recibían por primera vez, llegaron más células dendríticas CD301b+ a los ganglios y aumentaron los linfocitos Th2.
La papaína desactivada por calor no producía el efecto, ni tampoco una proteína inerte como la ovoalbúmina, la de la clara de huevo. Hacía falta la actividad enzimática. Y la memoria era local: si la segunda dosis se ponía en la mejilla contraria, el refuerzo no aparecía.
El equipo descartó uno por uno a los sospechosos habituales. Los ratones sin linfocitos T, sin linfocitos B o sin mastocitos ni basófilos, las células clásicas de la alergia, conservaban la memoria. En cambio, si se silenciaban las neuronas durante la primera exposición, con un derivado de la lidocaína o con un bloqueador del canal de sodio Nav1.8, propio de las neuronas sensoriales, el entrenamiento no llegaba a producirse.
La ruta mTORC1 y las mitocondrias
Siete días después del primer contacto, las neuronas de los ratones expuestos mantenían activada la ruta mTORC1, un interruptor celular que ajusta la producción de energía a lo que la célula necesita. Su marcador, la proteína S6 fosforilada, estaba aproximadamente al doble que en los animales de control.
Esa ruta pone en marcha a PGC-1α, un regulador de la fabricación de mitocondrias. El resultado, observado al microscopio, fueron mitocondrias más grandes, alargadas y ramificadas, más ADN mitocondrial y mayor consumo de oxígeno y reserva respiratoria. En el cultivo, las neuronas de los ratones expuestos respondían a dosis de papaína que apenas activaban a las demás: habían bajado su umbral de disparo y liberaban más sustancia P.
Las pruebas de causa son varias. Dos fármacos que inhiben mTORC1, el sirolimus y el temsirolimus, borraron la memoria sin alterar la primera reacción. Lo mismo ocurrió al eliminar genéticamente una pieza de mTORC1 (Raptor) solo en las neuronas sensoriales, o al debilitar sus mitocondrias. En sentido contrario, los ratones con mTORC1 permanentemente activado en esas neuronas reaccionaban a la primera exposición como si ya estuvieran entrenados.
Un detalle del artículo que no recoge el comunicado: la sustancia P explica el aumento de células dendríticas, pero no el del picor, que siguió creciendo en ratones incapaces de fabricarla. El refuerzo del picor va por otra vía todavía sin identificar.
De la papaya a los ácaros
La parte con más alcance clínico es la cruzada. Los ratones que recibieron dosis bajas de papaína durante tres días y fueron expuestos a extracto de ácaros del polvo una semana después respondieron a los ácaros con tanta intensidad como los que se habían preparado con ácaros. Y su respuesta inmunitaria era específica de los ácaros, no de la papaya.
El comunicado de Mass General Brigham habla de alérgenos que «comparten la misma actividad enzimática». El artículo va algo más allá. La papaína y la proteína principal de los ácaros, Der p 1, son proteasas de la misma familia (de cisteína), pero la papaína también reforzó la respuesta a Alternaria alternata, un hongo de la humedad cuyas enzimas pertenecen a otra familia (de serina). Lo que la neurona parece recordar es el daño enzimático, no la identidad del alérgeno.
En los ratones sin mTORC1 en las neuronas sensoriales, esa sensibilización cruzada hacia los ácaros no se produjo.
Tres semanas de ventana
La memoria no es permanente. El refuerzo seguía presente 21 días después de la primera exposición, pero había desaparecido a los 28, y la activación de mTORC1 en las neuronas volvió entonces a valores cercanos a los normales.
Los autores ven en ese plazo una posible explicación para las temporadas de alergia, cuando se acumulan varios alérgenos en pocas semanas: el primero dejaría a las neuronas preparadas para el siguiente. «Lo especialmente alentador es que la memoria alérgica de las neuronas se desvanecía con el tiempo en nuestros modelos», señala Sokol. «Ahora investigamos si podemos restablecerla de forma deliberada, lo que en última instancia podría ofrecer una forma de reducir el riesgo de desarrollar alergias».
Lo que el estudio todavía no demuestra
El propio artículo enumera sus límites. Todo el trabajo se ha hecho en ratones y los autores reconocen que no hay pruebas directas de que este entrenamiento neuronal ocurra en personas. Tampoco han medido las fases tardías de la alergia, como la producción de anticuerpos IgE o la activación de mastocitos, ni han probado alérgenos sin actividad enzimática. Se desconoce aún qué sensor concreto de la neurona detecta la proteasa.
Tampoco es una vía de tratamiento inmediata. El sirolimus que borró la memoria en los ratones es un inmunosupresor que se usa en trasplantes, y el propio equipo advierte de que actúa también sobre los linfocitos, así que no permite separar el efecto sobre las neuronas del efecto sobre el sistema inmunitario. Por eso recurrieron a ratones modificados genéticamente para confirmarlo.
En cuanto a la independencia del trabajo, Sokol declara ser consultora remunerada de Bayer, Merck y Lilly, haber recibido financiación de GSK y formar parte del consejo asesor de la empresa Granite Biosciences y del de la propia revista Immunity. La investigación se financió en parte con fondos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Por qué interesa en España
La multiplicación de alergias es la norma en las consultas españolas. Cerca del 90 % de los pacientes alérgicos está polisensibilizado, es decir, reacciona a varios alérgenos, con los pólenes como fuente más frecuente, según datos difundidos por la SEAIC en junio con motivo de la Semana Mundial de la Alergia. La misma sociedad situaba esa proporción por encima del 80 % en 2023.
Ignacio Jesús Dávila, presidente de la SEAIC, asocia esa polisensibilización con cuadros respiratorios más graves y reclama una atención más precisa, adaptada al perfil de cada paciente. La sociedad tiene en marcha el estudio Alergológica 2025 para actualizar los datos sobre enfermedades alérgicas en el país. Hasta ahora, no hemos localizado ninguna valoración de alergólogos españoles sobre el trabajo de Boston, publicado en línea el 22 de septiembre.
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Ficha del estudio
- Título original: Sensory neuronal mTORC1 kinase signaling establishes neuroimmune memory that initiates allergic immunity.
- Revista: Immunity (grupo Cell Press), volumen 59, número del 8 de diciembre de 2026; publicado en línea el 22 de septiembre. Acceso abierto.
- DOI: 10.1016/j.immuni.2026.08.012
- Centro: Mass General Brigham (Boston, Estados Unidos), con el Instituto Ragon y el Instituto Gene Lay de Inmunología e Inflamación.
- Tipo de estudio: preclínico, en ratones. Una primera versión se difundió como preprint en bioRxiv en noviembre de 2025.
- Alérgenos probados: papaína (enzima de la papaya), ácaros del polvo doméstico y el hongo Alternaria alternata.
El equipo de Sokol trabaja en cómo reiniciar a propósito esa memoria neuronal, según su comunicado, y el propio artículo fija como siguientes pasos identificar el sensor de las proteasas en la neurona y comprobar si el entrenamiento acelera las fases tardías de la alergia. La confirmación en personas, que el trabajo no aborda, será la prueba decisiva. El número impreso de Immunity con el artículo sale el 8 de diciembre.
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Fuentes consultadas
- Zhu, X., et al. (2026). Sensory neuronal mTORC1 kinase signaling establishes neuroimmune memory that initiates allergic immunity. Immunity 59, 1-16. DOI: 10.1016/j.immuni.2026.08.012. Artículo completo y material suplementario (figuras S1-S8, tablas S1-S2).
- Mass General Brigham. Study reveals how repeated exposures may make allergies worse. Comunicado, 22 de septiembre de 2026. https://news.massgeneralbrigham.org/en/study-reveals-how-repeated-exposures-make-allergies-worse
- Preprint en bioRxiv (12 de noviembre de 2025): https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2025.11.10.687723v1
- Mass General Brigham. Researchers identify mechanism underlying allergic itching, and show it can be blocked (4 de septiembre de 2024), sobre el trabajo previo del equipo publicado en Nature.
- News-Medical, 22 de septiembre de 2026, y Medical Xpress, 22 de septiembre de 2026 (reproducción del comunicado).
- ConSalud, La alergia, en el sistema sanitario: «No puede considerarse una atención secundaria o complementaria», 18 de junio de 2026 (datos y declaraciones de la SEAIC).
- IM Médico, 18 de julio de 2023 (dato de polisensibilización superior al 80 % difundido por la SEAIC).
