De Napoleón a Champollion: cómo una estela hallada en 1799 con un decreto en tres escrituras abrió la lectura de los jeroglíficos egipcios.
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| La Piedra de Rosetta, Champollion y Thomas Young, la ciudad de Rosetta en 1801 y jeroglíficos de Kom Ombo: las piezas de la carrera europea por descifrar la escritura del Egipto faraónico. |
Alcalá de Henares, 26 de septiembre de 2026
En 1799, soldados de Napoleón hallaron en el delta del Nilo una estela con el mismo decreto en tres escrituras. Descifrarla enfrentó a sabios de media Europa durante décadas y convirtió a Jean-François Champollion en el hombre que devolvió la voz al antiguo Egipto.
Las claves
- La piedra recoge un decreto sacerdotal del año 196 a. C. en honor de Ptolomeo V, en jeroglífico, demótico y griego.
- Mañana, 27 de septiembre, se cumplen 204 años de la lectura en París (Francia) de la carta con la que Champollion presentó su desciframiento.
- Está en el Museo Británico desde 1802. En 2022, dos peticiones impulsadas desde Egipto reclamaron su devolución.
La historia la reconstruye Marina Escolano-Poveda, profesora titular de Egiptología e Historia Antigua en la Universidad de Liverpool (Reino Unido), en un amplio reportaje de la revista Historia National Geographic. Su relato arranca con un hallazgo casual y termina con un giro poco conocido: Champollion, el genio de los jeroglíficos, nunca logró leer el demótico.
Un decreto, tres escrituras
En julio de 1799, durante la expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto, el oficial Pierre-François Bouchard encontró la piedra en el fuerte Julien, junto a la ciudad de Rashid, la Rosetta de los europeos. Es un bloque de granodiorita de 112 centímetros de alto y casi 76 de ancho, un fragmento de una estela mayor.
Su texto es un decreto de un concilio de sacerdotes reunido en Menfis tras la coronación de Ptolomeo V, en el año 196 a. C. Aparece tres veces: en jeroglíficos, la escritura sagrada; en demótico, la cursiva de la administración; y en griego, la lengua de la dinastía ptolemaica. El griego podían leerlo los sabios de la expedición, y su última línea confirmaba que los tres textos decían lo mismo. Era, en teoría, la llave para abrir los jeroglíficos.
Una carrera entre sabios
Las copias viajaron enseguida a las academias europeas. En 1802, el diplomático sueco Johan David Åkerblad se centró en el demótico, que se conserva casi entero, y a partir de los nombres propios armó un «alfabeto» bastante acertado. El jeroglífico era otro asunto: la parte superior está muy dañada y solo conserva un nombre, el de Ptolomeo, dentro de un cartucho, el óvalo reservado a los nombres de los faraones.
El británico Thomas Young recortó las copias en tiras de papel para alinear los tres textos y, entre 1814 y 1821, identificó palabras y signos. Acertó al ver que el hierático y el demótico eran versiones cursivas de los jeroglíficos, pero concluyó que ninguna escritura egipcia representaba sonidos. Parte de sus errores, explica Escolano-Poveda, se debe a que los tres textos no son traducciones literales.
Ptolomeo, Cleopatra y el obelisco de File
El empujón llegó en 1821 con un obelisco de la isla de File trasladado a Inglaterra. Su inscripción no era bilingüe, pero la base llevaba un texto en griego con los nombres de Ptolomeo y de dos reinas llamadas Cleopatra. Jean-François Champollion, un francés con un dominio excepcional de las lenguas antiguas, comparó en 1822 esos cartuchos con los de Rosetta y fijó el valor de la p, la l y la o.
Con otros nombres de gobernantes extranjeros compuso un «alfabeto» jeroglífico y lo presentó en la Carta al señor Dacier, leída en la Academia de Inscripciones de París el 27 de septiembre de 1822. Esa es la fecha que suele marcar el desciframiento, aunque entonces todavía no había leído ni una sola palabra egipcia. Young le acusó de copiar su método y el de Åkerblad.
Ramsés y el sonido del sol
Ese mismo año, a partir de dibujos del templo de Abu Simbel, Champollion leyó por primera vez el nombre de un faraón egipcio. La clave fue el copto, la lengua de los cristianos de Egipto, que dominaba. El primer signo del cartucho era un sol, que en copto se dice ra; el último ya se sabía que era una s. Faltaba el del centro, y dedujo una m: Ra-m-s-s, Ramsés.
Aquel signo valía en realidad ms, dos consonantes a la vez, algo que Champollion nunca llegó a saber. Aun así, el hallazgo demostraba que los jeroglíficos combinaban signos de sonido y de idea. Lo publicó en su Compendio del sistema jeroglífico de 1824, que acalló a la mayoría de sus críticos. Tras su viaje a Egipto en 1828 y 1829 compiló un vocabulario y desentrañó las frases completas. Murió en 1832, a los 41 años, y su Gramática egipcia empezó a publicarse en 1836.
El demótico se le resistió
La Gramática tiene una ausencia llamativa: una sola frase en demótico. Los papeles inéditos de Champollion, estudiados hace poco, muestran que identificó palabras de Rosetta en esa escritura, pero no los signos uno a uno, y que dejó sin publicar un estudio de más de 200 páginas. La lectura del demótico fue obra del alemán Heinrich Brugsch, que publicó su primer trabajo en 1848, con 21 años, y una gramática demótica en 1855.
Quedaba otro error por corregir. Champollion creía que el egipcio de los faraones y el copto eran la misma lengua. El egiptólogo alemán Richard Lepsius demostró que eran fases distintas, con su propia pronunciación y gramática, y creó el sistema de transcripción que se sigue usando hoy.
Una piedra reclamada
La estela nunca llegó a Francia. Tras la rendición francesa de 1801, pasó a manos británicas con otra docena de antigüedades y entró en el Museo Británico en 1802. En 2022, año del bicentenario del desciframiento, Monica Hanna, decana en la Academia Árabe de Ciencia, Tecnología y Transporte Marítimo, y Zahi Hawass, exministro de Antigüedades de Egipto, promovieron sendas peticiones para su devolución; la de Hawass superó las 100.000 firmas.
El museo sostiene que el tratado de 1801 lleva la firma de un representante egipcio, un almirante otomano, y recuerda que se conocen 28 copias del decreto, 21 de ellas en Egipto. También señaló entonces que el Gobierno egipcio no había presentado ninguna solicitud formal.
Para verla y saber más
- Dónde está: Museo Británico, sala 4 (escultura egipcia), en Londres (Reino Unido).
- Ensayo: Las claves de Egipto. La carrera por leer los jeroglíficos, de Lesley y Roy Adkins (Debate, 2000).
- Texto original: Carta a M. Dacier relativa al alfabeto de los jeroglíficos fonéticos, de J. F. Champollion, traducción de J. M. Parra (Confluencias, 2022).
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Fuentes consultadas
- Marina Escolano-Poveda: «La Piedra de Rosetta. La escritura egipcia, revelada», Historia National Geographic.
- Museo Británico: ficha de la Piedra de Rosetta (EA24). britishmuseum.org
- Biblioteca Nacional de Francia (Gallica): volumen del centenario de la Carta a M. Dacier, «leída en la Academia de Inscripciones el 27 de septiembre de 1822». gallica.bnf.fr
- Wikipedia: Heinrich Karl Brugsch. en.wikipedia.org
- Infobae: «Egipto reclama la devolución de la Piedra Rosetta», 30 de noviembre de 2022. infobae.com
- Universidad de Liverpool: ficha de Marina Escolano-Poveda. liverpool.ac.uk
