Aclamado obispo sin estar bautizado, Ambrosio de Milán desafió a Magno Máximo, a la emperatriz Justina y a Teodosio. Leyenda y documento.
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| Ambrosio de Milán (h. 339-397) y los lugares y fechas clave de su choque con Magno Máximo, Justina y Teodosio el Grande. | Infografía: La Crónica del Henares. |
Alcalá de Henares, 3 de octubre de 2026
Milán, otoño de 374. El gobernador de la provincia entra en la catedral para calmar a una multitud dividida por la elección de su nuevo obispo, y sale de ella convertido en obispo, sin estar siquiera bautizado. Durante los veintitrés años siguientes, Ambrosio de Milán negoció con usurpadores, desafió a una emperatriz y obligó a Teodosio el Grande a hacer penitencia.
Un obispo entre cuatro hispanos
- Teodosio el Grande, emperador de Oriente desde 379, nacido probablemente en Cauca (la actual Coca, Segovia): Ambrosio le obligó a rectificar en 388 y a hacer penitencia en 390.
- Magno Máximo, militar nacido en Gallaecia que usurpó el trono de Occidente en 383: Ambrosio viajó dos veces a su corte de Tréveris y se negó a comulgar con él.
- Prisciliano, obispo de Ávila, ejecutado en Tréveris hacia 385 por orden de Máximo: Ambrosio protestó contra un juicio de fe en manos de un tribunal civil.
- Dámaso, obispo de Roma (366-384), de familia lusitana: no fue su rival, sino su aliado, aunque desde Milán Ambrosio acabó pesando más que Roma en la Iglesia de Occidente.
«¡Ambrosio, obispo!»
Ambrosio nació hacia 339 o 340 en Augusta Treverorum, la actual Tréveris (Alemania), donde su padre, del mismo nombre, era prefecto del pretorio de las Galias, uno de los cargos más altos de la administración imperial. Su biógrafo Paulino de Milán cuenta que, siendo un bebé, un enjambre de abejas se posó sobre su cara y salió por su boca sin hacerle daño, y que su padre lo tomó como señal de un futuro de gran elocuencia. Por eso es hoy patrón de los apicultores.
Tras morir el padre, la familia se trasladó a Roma. Ambrosio estudió Derecho, ejerció como abogado y hacia 370 fue nombrado gobernador (consularis) de Emilia y Liguria, con sede en Milán. Según la tradición, su superior, el prefecto Sexto Petronio Probo, le despidió con una frase que resultó profética: «Ve y actúa no como un juez, sino como un obispo».
En 374 murió Auxencio, el obispo arriano de Milán, y la elección de su sucesor enfrentó a arrianos y nicenos, las dos grandes corrientes cristianas del momento, divididas sobre la naturaleza de Cristo. Ambrosio acudió a la basílica para evitar disturbios y, según Paulino, una voz infantil gritó «¡Ambrosio, obispo!», que la multitud coreó. Él intentó escapar del cargo. No lo consiguió: en una semana fue bautizado, ordenado y consagrado, el 7 de diciembre de 374. Repartió su fortuna entre los pobres y la Iglesia.
Milán, capital de Occidente
Para entender su poder hay que mirar el mapa. En el siglo IV, el emperador de Occidente no residía en Roma, sino en Milán, más cerca de las fronteras. El obispo de Milán tenía así algo que no tenía el de Roma: acceso directo a la corte. Ambrosio lo aprovechó desde el principio, primero con el joven emperador Graciano, para quien escribió su tratado De fide, y después con su hermanastro Valentiniano II.
En Oriente gobernaba desde 379 Teodosio, a quien Graciano había nombrado augusto para hacer frente a los godos. Desde Tesalónica (en la actual Grecia), Teodosio impuso en 380 el credo de Nicea como religión oficial del Imperio. Pero su relación con Ambrosio no se escribió desde Constantinopla (la capital de Oriente, actual Estambul): Teodosio pasó en Milán los años 388 a 391 y 394 a 395, y allí murió.
Dámaso: aliado, no rival
Dámaso, obispo de Roma desde 366, era de familia hispana: el Liber Pontificalis lo llama «natione Spanus» y sus padres, Antonio y Laurencia, procedían de Lusitania, aunque se discute si él nació en Hispania o ya en Roma. Su elección fue sangrienta: disputó la sede con el diácono Ursino, y el historiador Ammiano Marcelino cifra en 137 los muertos en una sola basílica.
Ambrosio no compitió con él. Cuando llegó al episcopado, Dámaso llevaba ocho años en Roma, y ni las fuentes de la época ni los historiadores actuales hablan de una pugna entre ambos por la sede romana. Lo que hicieron fue actuar juntos: en septiembre de 381, el concilio de Aquilea, que organizó Ambrosio, pidió a los emperadores que reconocieran a Dámaso como obispo legítimo y alejaran a Ursino, al que acusaba de alborotador y de pactar con los arrianos. En 384, los dos se opusieron a la petición del senador Quinto Aurelio Símaco, prefecto de Roma, de devolver a la Curia el altar de la diosa Victoria.
La rivalidad que sí existió fue entre sedes. Desde Milán, Ambrosio convocaba concilios, escribía a Teodosio en nombre de los obispos de Italia y fijaba la posición de Occidente frente a Oriente. En la práctica, el obispo de la capital imperial ejerció un liderazgo que en teoría correspondía a Roma. Dámaso murió el 11 de diciembre de 384 y le sucedió Siricio.
La emperatriz y el obispo
El 25 de agosto de 383, Graciano fue asesinado en Lyon por orden de Magno Máximo, un general nacido en Gallaecia que se había proclamado emperador en Britania. En Milán quedaron Valentiniano II, un emperador de doce años, y su madre, Justina. Ella era arriana; Ambrosio, el gran defensor de Nicea. Aun así, la corte lo envió como embajador a Tréveris para frenar al usurpador. Ambrosio aceptó y ganó tiempo para Italia. Años después lo explicaría así:
Ambrosio de Milán, carta 24 (relato de su segunda embajada ante Máximo)
Pasado el peligro, Justina reclamó en 385 una basílica de Milán para el culto arriano. Ambrosio se negó, se encerró en el templo con los fieles mientras las tropas lo rodeaban y la corte acabó cediendo. Para mantener el ánimo durante el encierro introdujo el canto de himnos y salmos a dos coros, «según la costumbre de Oriente», que San Agustín describe en sus Confesiones y que se extendió después por todo Occidente. En su sermón contra Auxencio, el obispo arriano de la corte, dejó la frase que resume su pensamiento:
Ambrosio de Milán, sermón contra Auxencio (386)
Ese mismo año aparecieron en Milán los restos de los mártires Gervasio y Protasio, que Ambrosio trasladó a la basílica que acababa de construir. El hallazgo, celebrado como milagroso, reforzó aún más su prestigio ante la corte.
Tréveris: el usurpador de Gallaecia
Máximo supo aprovechar la grieta entre el obispo y la emperatriz. Se presentó como defensor de la fe nicena frente a una corte arriana: en una carta a Valentiniano II, conservada en la colección documental llamada Collectio Avellana, le reprochaba que persiguiera a la Iglesia católica. Era el pretexto perfecto para intervenir en Italia.
Ambrosio volvió a Tréveris en una segunda embajada, en 386 o 387 (las fuentes no lo precisan). Esta vez fue un fracaso. Máximo le acusó de haberle engañado en la primera visita: «Tú me embaucaste, tú y ese miserable de Bautón», le dijo, en referencia al general franco que protegía al joven emperador. Ambrosio le pidió que devolviera el cuerpo de Graciano, y Máximo se negó. El obispo, por su parte, rehusó comulgar con Máximo y con los obispos que habían pedido la muerte de Prisciliano, y fue expulsado de la corte.
Prisciliano, obispo de Ávila, había sido juzgado en Tréveris, acusado de magia, y ejecutado hacia 385 junto a varios seguidores. Fue el primer cristiano condenado a muerte por herejía por un poder cristiano. Ambrosio y Martín de Tours protestaron, no porque compartieran sus ideas, sino porque un tribunal civil hubiera juzgado una causa de fe. Años antes, en 382, Prisciliano había viajado a Roma y a Milán para buscar apoyo, y ni Dámaso ni Ambrosio quisieron recibirle.
En 387, Máximo cruzó los Alpes. Justina y Valentiniano huyeron a Tesalónica para pedir ayuda a Teodosio, y la emperatriz jugó su última carta: casó a su hija Gala con el emperador de Oriente. En 388, Teodosio derrotó a Máximo, que se rindió en Aquilea y fue ejecutado el 28 de agosto.
Teodosio, de rodillas
Con Teodosio instalado en Milán llegaron los dos choques más famosos de Ambrosio. El primero, en 388, es también el más incómodo para su memoria. En Calínico, a orillas del Éufrates, unos cristianos quemaron una sinagoga, y Teodosio ordenó al obispo local que la reconstruyera a su costa. Ambrosio le escribió para impedirlo y llegó a predicar un sermón delante del emperador hasta que este retiró la orden. Sus argumentos reflejan una hostilidad hacia los judíos que hoy resulta inaceptable: llegó a decir que Máximo había caído por ordenar reconstruir una sinagoga en Roma.
El segundo es la matanza de Tesalónica. Tras un motín en el que la multitud linchó al general Buterico, las tropas imperiales mataron en el hipódromo, según el historiador Teodoreto, a unas 7.000 personas. Ninguna fuente fija con seguridad el año, aunque se acepta 390. Ambrosio escribió a Teodosio una carta privada en la que le advertía que no celebraría la eucaristía en su presencia hasta que hiciera penitencia. El emperador la cumplió y fue readmitido en Navidad.
La escena que ha pasado a los cuadros, con el obispo cerrando al emperador las puertas de la catedral, es una invención piadosa de Teodoreto, escrita unos sesenta años después. Lo documentado es más sobrio y más significativo: el hombre más poderoso del mundo aceptó que un obispo juzgara sus actos. Cuando Teodosio murió en Milán, el 17 de enero de 395, fue Ambrosio quien pronunció su oración fúnebre.
Agustín, los himnos y un refrán
El joven profesor de retórica Agustín de Hipona llegó a Milán en 384 y acudió a escuchar a Ambrosio por curiosidad profesional. Le impresionó, entre otras cosas, que el obispo leyera en silencio, sin mover los labios, algo inusual en la Antigüedad. Ambrosio lo bautizó en la Vigilia Pascual de 387.
A Ambrosio se atribuyen con seguridad cuatro himnos, entre ellos Aeterne rerum conditor y Deus creator omnium, y Milán conserva aún hoy un rito propio, el ambrosiano, distinto del romano. Y de un consejo suyo sobre el ayuno («cuando estoy en Roma, ayuno el sábado; en Milán, no») procede el refrán «allá donde fueres, haz lo que vieres».
Leyenda y documento
Documento: las cartas y sermones del propio Ambrosio (embajadas a Máximo, conflicto de las basílicas, Calínico, carta tras Tesalónica), las actas del concilio de Aquilea, las Confesiones de San Agustín y las crónicas de Sulpicio Severo sobre Prisciliano.
Revisión moderna: el historiador Neil McLynn (Ambrose of Milan, 1994) matiza la imagen del obispo que dominaba a los emperadores y lo presenta más bien como un negociador hábil, que sacó partido de cada crisis de la corte.
¿Por qué Teodosio era «de Oriente» si vivía en Milán?
El 7 de diciembre
Ambrosio murió el 4 de abril de 397 y está enterrado en la basílica de San Ambrosio de Milán, junto a Gervasio y Protasio. Es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina, con Agustín, Jerónimo y Gregorio Magno. Su fiesta se celebra el 7 de diciembre, aniversario de su consagración, y ese día Milán sigue de fiesta: es la jornada en que el Teatro de La Scala abre cada año su temporada.
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Fuentes consultadas
- Ambrosio de Milán: cartas (en especial la 11, del concilio de Aquilea, y la 24, sobre la segunda embajada ante Máximo) y sermón contra Auxencio; traducción inglesa en The Tertullian Project.
- Philip Schaff (ed.): Prolegomena to St. Ambrose, Nicene and Post-Nicene Fathers, serie II, vol. 10.
- Henry Wace (ed.): «Ambrosius of Milan», Dictionary of Christian Biography and Literature.
- Neil B. McLynn: Ambrose of Milan: Church and Court in a Christian Capital, University of California Press, 1994.
- Paulino de Milán: Vita Ambrosii (h. 422). San Agustín: Confesiones, libros VI y IX. Teodoreto de Ciro: Historia eclesiástica, V, 17-18. Sulpicio Severo: Crónica, II, 46-51.
- «Two letters of the usurper Magnus Maximus (Collectio Avellana 39 and 40)», The Classical Quarterly.
- «El priscilianismo hoy: balance, perspectivas y aportaciones sobre la injerencia imperial en los conflictos eclesiásticos», Gerión, Universidad Complutense de Madrid.
- Tesis «Pope Damasus I and the Expansion of the Roman Primacy», Georgia Southern University.
- Wikipedia (consultada como apoyo para fechas): Ambrose, Magnus Maximus, Priscillian, Pope Damasus I, Massacre of Thessalonica y Council of Aquileia, 381.

