Con la misma pérdida de peso, la dieta cetogénica redujo un 67 % la grasa del hígado, frente al 45 % con la mediterránea. Qué significa.
Alcalá de Henares, 3 de octubre de 2026
Perder un 10 % del peso con una dieta cetogénica redujo la grasa del hígado un 67 %, frente al 45 % con una mediterránea o una vegetal baja en grasa. El ensayo es riguroso, pero pequeño y con la comida servida: no basta para cambiar lo que se recomienda en la consulta.
Por qué importa
- El hígado graso de origen metabólico afecta en España a cerca del 32 % de los adultos, según los datos expuestos en el congreso de la Sociedad Española de Patología Digestiva, y a hasta el 80 % de las personas con obesidad.
- Con la misma pérdida de peso, la dieta cetogénica vació más el hígado de grasa y mejoró más el azúcar en sangre.
- Solo 42 personas terminaron el estudio, comían lo que les daban los investigadores y no se midió el daño hepático, solo la grasa.
- Las guías europeas recomiendan la dieta mediterránea; consideran que no hay pruebas suficientes para aconsejar la cetogénica.
Una enfermedad que no avisa
La esteatosis hepática metabólica, el nombre que ha sustituido al de hígado graso no alcohólico, es la enfermedad del hígado más frecuente. En España ronda el 32 % de los adultos, según se expuso en junio en Sevilla, en el 85.º Congreso de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD). La mayoría de los casos son leves, pero alrededor de un 10 % de los pacientes desarrolla fibrosis avanzada y, de ellos, en torno a un 2 % llega a la cirrosis.
Apenas da síntomas durante años, y las transaminasas de un análisis rutinario pueden salir normales aunque la enfermedad esté presente. Por eso los especialistas recurren cada vez más a índices como el FIB-4 y a la elastografía, una prueba de imagen que mide la rigidez del hígado sin necesidad de biopsia.
Un experimento con el plato vigilado
El equipo de Samuel Klein, director del Centro de Nutrición Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Washington en San Luis (Estados Unidos), repartió al azar a 55 adultos con obesidad, prediabetes e hígado graso entre tres dietas muy diferentes. Los resultados aparecen en el número de Cell Metabolism del 6 de octubre, y la revista JAMA les dedicó el 2 de octubre una pieza de análisis firmada por la periodista Jennifer Abbasi.
Las tres dietas eran muy distintas en su reparto. La cetogénica sacaba el 73 % de la energía de las grasas y solo el 4 % de los hidratos de carbono; la mediterránea, la mitad de los hidratos y un 35 % de grasa; y la vegetal, un 70 % de hidratos y solo un 15 % de grasa.
El diseño eliminó la gran trampa de los estudios de dietas: que cada grupo coma distinto o adelgace distinto. Los investigadores entregaron todas las comidas, calcularon las calorías para que cada participante perdiera un 10 % de peso en unos cinco meses y midieron después tras tres o cuatro semanas de mantenimiento. Cumplieron más del 95 % de lo pautado, y 42 personas, 14 por dieta, completaron el estudio.
Lo que cambió en el hígado
Las tres dietas lograron lo mismo en el músculo: la sensibilidad a la insulina subió alrededor de un 50 % en todos los grupos. También bajaron la tensión arterial y el colesterol, sin diferencias entre ellas.
El hígado marcó la diferencia. Con la cetogénica, la grasa hepática pasó de ocupar el 19,4 % del órgano al 6,2 %, una caída del 67 %, frente a un 45 % con las otras dos. La sensibilidad del hígado a la insulina mejoró entre dos y tres veces más, y la fabricación de grasa nueva a partir de los azúcares cayó mucho más que con las otras dietas.
Esa diferencia se notó en la sangre. La hemoglobina glicosilada, el indicador del azúcar de los últimos meses, bajó más con la cetogénica, y siete de sus 14 participantes dejaron atrás la prediabetes, frente a cuatro con la mediterránea y uno con la vegetal. Los propios autores avisan de que con grupos tan pequeños algunas diferencias pueden escaparse y otras exagerarse.
Lo que el estudio no responde
Cyrielle Caussy, catedrática de Nutrición de la Universidad Claude Bernard Lyon 1 (Francia), que no participó en el trabajo, considera los resultados «especialmente convincentes» desde el punto de vista del hígado. Pero recuerda que reducir la grasa hepática no equivale a curar la enfermedad: el estudio no midió la inflamación ni la fibrosis, que son las que determinan su gravedad.
El propio Klein lo considera «prematuro» para hacer recomendaciones clínicas firmes, y el primer autor, Max Petersen, insiste en que el ensayo midió lo que ocurre con una adherencia perfecta, no el efecto de aconsejar la dieta. Tampoco se sabe si funcionaría igual una restricción de hidratos más moderada, sin llegar a la cetosis, ni qué pasa al cabo de un año.
Hay además un dato que conviene no pasar por alto: el 23 % de la energía de la dieta cetogénica procedía de grasas saturadas, frente al 8 % de la mediterránea y el 3 % de la vegetal. En este ensayo el colesterol LDL no empeoró, pero el seguimiento fue corto.
¿Y en la práctica?
Las guías europeas sobre hígado graso metabólico, publicadas en 2024 por las sociedades europeas del hígado, la diabetes y la obesidad (EASL, EASD y EASO), recomiendan la dieta mediterránea y consideran que no hay datos suficientes para aconsejar la cetogénica. Este ensayo no cambia esa recomendación, pero aporta un argumento a quien ya sigue una dieta baja en hidratos.
En la misma línea se pronunció en el congreso de la SEPD Javier Crespo, experto de la sociedad y director de la Cohorte Cantabria, que situó la dieta de tipo mediterráneo y evitar el sedentarismo entre las principales medidas de prevención. Crespo subrayó además que la enfermedad es más frecuente en las personas con menos recursos y que la prevención no puede recaer solo en el individuo.
Petersen lo resume así: los pacientes que ya han optado por ella no deberían ser disuadidos de seguirla, siempre con control médico. Dariush Mozaffarian, director del Instituto Food is Medicine de la Universidad Tufts, propone una vía intermedia: unos meses de dieta muy baja en hidratos y después una mediterránea rica en grasas saludables, más fácil de mantener. Y advierte de que tanto la cetogénica como la vegetal baja en grasa pueden hacerse a base de ultraprocesados, algo que el ensayo evitó con comida recién preparada.
Antes de empezar una dieta cetogénica
Las tres dietas del ensayo, en gramos
Qué viene ahora
Los especialistas piden estudios más largos que midan inflamación y fibrosis, y que comprueben si basta una reducción moderada de hidratos. Klein quiere estudiar si combinar la dieta adecuada con los nuevos fármacos contra la obesidad permitiría usar dosis más bajas, con menos efectos secundarios.
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Fuentes consultadas
- Petersen, M. C., Smith, G. I., Farabi, S. S. et al.: «Effect of diet macronutrient content on the cardiometabolic response to weight loss: A randomized clinical trial», Cell Metabolism 38 (6 de octubre de 2026). DOI 10.1016/j.cmet.2026.07.020. Ensayo NCT02706262, financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. y la Fundación del Hospital Barnes-Jewish.
- Abbasi, J.: «The ketogenic diet improved liver health in trial, but what does that mean in the real world?», JAMA, 2 de octubre de 2026. DOI 10.1001/jama.2026.18718.
- IM Médico (24-06-2026): 85.º Congreso de la Sociedad Española de Patología Digestiva (Sevilla, 11-13 de junio de 2026), prevalencia en España y declaraciones de Javier Crespo y Paula Iruzubieta.
- EASL, EASD y EASO: guías de práctica clínica sobre la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (2024), según el resumen de La Revue du Praticien.
