opinión, minerales críticos, tierras raras
06 noviembre 2025.- El término "minerales críticos" se ha convertido en una pieza central del discurso global, dominando los debates sobre la transición energética, la alta tecnología y, crucialmente, la seguridad nacional. Esta asociación inmediata con la geopolítica y el riesgo de suministro, si bien es comprensible, resulta profundamente defectuosa y limita nuestra capacidad de utilizar estos recursos para el bien común.
Nueve investigadores de seguridad mineral han acertado al argumentar que esta terminología, con sus vínculos inherentes a la seguridad nacional, oscurece la verdadera y más amplia relevancia de estos materiales. Es hora de impulsar un cambio paradigmático: pasar del enfoque de la seguridad nacional al de la seguridad humana.
El estrecho enfoque de la crítica nacional
Cuando hablamos de "minerales críticos", la conversación se centra inevitablemente en riesgos geopolíticos: ¿Quién los controla? ¿Podría una interrupción de la cadena de suministro detener la producción de vehículos eléctricos o equipos militares? Este enfoque es parroquial y se centra únicamente en garantizar que las economías ricas y las potencias militares mantengan su statu quo.
Sin embargo, los minerales —desde el litio en las baterías solares hasta el cobre en las infraestructuras eléctricas— son el fundamento material de toda la civilización moderna y, fundamentalmente, de todo desarrollo humano. La obsesión por la "crítica" desde una perspectiva de seguridad nacional ignora su inmensa relevancia para:
Acabar con la pobreza en todas sus formas: La electrificación rural, el acceso a agua potable mediante bombas solares, y la conectividad digital (requerida por millones de personas) dependen directamente de estos minerales.
Mitigación del cambio climático: El desarrollo de la energía renovable, crucial para la supervivencia de las poblaciones más vulnerables, se basa en una cadena de suministro estable de estos materiales.
Salud y bienestar: Dispositivos médicos y tecnología de diagnóstico que salvan vidas también requieren estos componentes.
Al poner la seguridad nacional en primer lugar, se corre el riesgo de militarizar el suministro, fomentar el acaparamiento y, lo que es peor, perpetuar sistemas extractivos injustos en los países en desarrollo, donde a menudo residen las mayores reservas de estos minerales.
La perspectiva universal de la seguridad humana
Adoptar el marco de la seguridad humana —tal como proponen los expertos— nos ofrece una perspectiva radicalmente diferente, una que es universal y pertinente para todas las personas.
Este nuevo enfoque se caracteriza por ser:
Centrado en el ser humano: Prioriza las necesidades de la persona común sobre las agendas militares o la competencia hegemónica.
Basado en las necesidades: Se pregunta: ¿Cómo podemos garantizar que estos minerales faciliten el acceso global a energía asequible, a la salud y a la tecnología para el desarrollo?
Focalizado en la accesibilidad y la suficiencia: El objetivo deja de ser simplemente "asegurar el suministro" para las economías occidentales, y pasa a ser garantizar la accesibilidad, la asequibilidad y la suficiencia para todas las naciones y poblaciones.
Este cambio de enfoque promueve inherentemente el multilateralismo y la cooperación internacional. Si los minerales son un recurso global fundamental para la supervivencia y el desarrollo de la humanidad, su gestión debe regirse por principios de equidad y colaboración, no por la lógica de la Guerra Fría.
Conclusión
La forma en que nombramos las cosas moldea la forma en que pensamos sobre ellas. Mientras sigamos etiquetando estos materiales como "críticos" desde una perspectiva nacional, seguiremos encerrados en un juego de suma cero de competencia geopolítica.
Es hora de rebautizarlos, no necesariamente con un nuevo término formal, sino con una nueva filosofía de gobernanza. Debemos ver el litio, el cobalto y los elementos de tierras raras como minerales de desarrollo humano. Esto nos obliga a abordar la cadena de suministro no como un campo de batalla, sino como una responsabilidad compartida para garantizar que los cimientos de la tecnología y la sostenibilidad global beneficien a todos, especialmente a los más vulnerables. El futuro de la humanidad, en su lucha contra la pobreza y el cambio climático, depende de ello.
La Crónica del Henares

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