Sánchez pacta más gas con Argelia para sustituir el ruso antes de 2027. Qué se acordó, qué exige el reglamento europeo y por qué Argel tiene límites.
España pacta más gas argelino para tapar el agujero que deja Bruselas: qué se acordó en Argel y por qué llega justo ahora
09 agosto 2026.- El acuerdo energético que Pedro Sánchez selló en Argel el 20 de julio no es una operación comercial más: es la respuesta española a una obligación legal europea con fecha de caducidad. El reglamento de la UE que prohíbe el gas ruso obliga a España a sustituir antes del 1 de enero de 2027 el único contrato a largo plazo que la ata a Moscú, unos 3.000 millones de metros cúbicos anuales.
El problema es que Rusia sigue siendo hoy el segundo proveedor de gas de España y que Argelia, la alternativa elegida, tiene sus propios límites físicos y un historial reciente de usar la energía y el comercio como palanca política.
Qué se acordó exactamente en Argel
Conviene precisar el contenido, porque se ha resumido de formas muy distintas. Lo firmado el 20 de julio es un acuerdo de carácter político, no un contrato: no hay cifras cerradas ni texto vinculante, y serán las empresas —Naturgy y Sonatrach, esencialmente— las que concreten volúmenes, precios y plazos. Según fuentes de la Presidencia del Gobierno, el objetivo es doble:
- Elevar en torno a un 10 % el gas que llega por el gasoducto Medgaz, que une Beni Saf con Almería y es hoy la única conexión directa por tubo entre ambos países desde que en octubre de 2021 Argelia cerró el gasoducto que atravesaba Marruecos. La infraestructura tiene una capacidad máxima cercana a los 10,16 bcm anuales y ya opera muy cerca de su límite técnico; la meta declarada es superar los 140.000 GWh.
- Duplicar los cargamentos de gas natural licuado (GNL) que Argelia envía a España.
Sánchez viajó con la cúpula de las grandes energéticas y ambos gobiernos fijaron una cumbre bilateral para octubre, la VIII Reunión de Alto Nivel y la primera desde 2022. La visita escenifica el cierre de la crisis diplomática abierta en marzo de 2022, cuando el giro español sobre el Sáhara Occidental a favor del plan de autonomía marroquí llevó a Argel a suspender el Tratado de Buena Vecindad y congelar las relaciones comerciales.
Un matiz que suele perderse: el Gobierno no quiere más GNL en términos relativos, quiere menos. El GNL supone hoy entre el 65 % y el 70 % de las importaciones españolas y llega por barco a precios ligados al mercado internacional; el gas por tubo es más barato y menos sensible a las convulsiones globales. De ahí la insistencia en el Medgaz.
El encaje europeo: una prohibición con calendario y multas
Lo que da urgencia al viaje es el reglamento aprobado definitivamente por el Consejo de la UE el 26 de enero de 2026, que pone fin de forma permanente —no como sanción reversible, sino como norma— a las importaciones de gas ruso. Su calendario:
- Desde el 18 de marzo de 2026: prohibidas las importaciones al amparo de contratos nuevos o modificados después del 17 de junio de 2025.
- Contratos a corto plazo vigentes: fin escalonado a lo largo de 2026 (abril para el GNL y junio para el gas por gasoducto).
- Contratos a largo plazo de GNL: prohibidos desde el 1 de enero de 2027.
- Gas por gasoducto: a más tardar el 30 de septiembre de 2027, prorrogable hasta noviembre si un Estado tiene dificultades para llenar almacenamientos.
- Cierre total del grifo ruso: 1 de enero de 2028.
El reglamento incorpora además dos obligaciones que afectan directamente a España. La primera: los Estados debían presentar antes del 1 de marzo de 2026 planes nacionales de diversificación del suministro, identificando los obstáculos para sustituir el gas ruso; las empresas, notificar a la Comisión cualquier contrato ruso pendiente. La segunda: verificación del país de producción del gas antes de autorizar su entrada, con sanciones de al menos 2,5 millones de euros para personas físicas y 40 millones para empresas —o el 3,5 % de su facturación mundial— en caso de incumplimiento.
Traducido: el acuerdo de Argel es, literalmente, la ejecución del plan de diversificación que Bruselas exige a España. No es una iniciativa al margen de la política europea; es su aplicación nacional.
El agujero real: Rusia, el segundo proveedor de España
Aquí está el dato que explica la prisa, y que no siempre acompaña a los titulares sobre soberanía energética.
Según los boletines de Enagás y Cores, en junio de 2026 Argelia recuperó el liderazgo con 10.460 GWh, el 40,3 % de todo el gas que entró en el sistema, gracias al empuje del Medgaz. Pero Rusia se consolidó como segundo origen: solo Argelia y Rusia sumaron el 61,4 % del suministro español del mes, y los cuatro mayores proveedores —con Estados Unidos y Nigeria— el 85,1 %, frente al 77,8 % un año antes. La diversificación española está retrocediendo, no avanzando: España recibió gas de siete países en junio de 2026, frente a ocho en 2025.
En el acumulado del primer semestre, Argelia fue el primer suministrador con 64.230 GWh (33,9 %) y Estados Unidos el segundo con 55.790 GWh (29,4 %). Y en cuanto a Rusia, los datos son incómodos: llegó a representar el 26,1 % del gas importado en marzo y el 27,8 % en mayo. El análisis del instituto IEEFA cifra en un 43 % el aumento interanual de las compras españolas de GNL ruso en el primer trimestre de 2026, hasta el punto de que una cuarta parte del GNL consumido en España tuvo origen ruso. España es hoy el segundo mayor importador de GNL de toda la Unión Europea.
Un apunte con carga política: entre los destinos de las exportaciones españolas de gas figura Marruecos, que en marzo absorbió el 14,8 % del gas que salió del sistema. España reexporta gas al país con el que Argelia mantiene el pulso que cerró el gasoducto del Magreb en 2021.
Naturgy, Yamal y el reloj del 1 de enero de 2027
El nudo empresarial tiene nombre propio. Naturgy es la única compañía española con un contrato a largo plazo de GNL ruso: el firmado con Yamal LNG, consorcio liderado por Novatek, vigente hasta 2038 y por unos 3.000 millones de metros cúbicos anuales, valorado en torno a 2.000 millones de euros y equivalente a cerca de un 17-20 % de su abastecimiento.
Ese contrato queda prohibido el 1 de enero de 2027. La compañía negocia desde principios de año con Yamal el desvío de los cargamentos contratados hacia otros mercados, y explora fórmulas de intercambio con suministradores internacionales; en su presentación de resultados de julio afirmó sentirse "extremadamente cómoda" con sus previsiones para 2027 incluso asumiendo el peor escenario en Yamal, y aseguró que el Medgaz está listo para elevar su flujo desde este invierno.
La secuencia queda así clara: hay que retirar del sistema unos 3 bcm rusos antes de fin de 2026, y la vía más barata y rápida para reponerlos es el tubo de Almería. Eso, y no un giro doctrinal, es lo que llevó al presidente del Gobierno a Argel.
Los tres límites del plan
1. Argelia puede no tener el gas. Es la objeción más seria. Argelia produce alrededor de 100 bcm anuales y exporta aproximadamente la mitad, con un consumo interno para generación eléctrica que crece entre un 4 % y un 5 % al año y recorta el margen exportable. Sus exportaciones de GNL cayeron un 14 % en 2024, hasta 14,5 bcm, y buena parte de su infraestructura de licuefacción opera por debajo del 50 % de su capacidad de diseño. Wood Mackenzie sitúa el pico de producción comercializable en 2027, con declive posterior. El gran programa de mantenimiento de unos 3.500 kilómetros de gasoductos previsto para este verano —Medgaz y Transmed incluidos— está orientado a sostener los contratos vigentes, no a ampliarlos. A ello se suma que Italia compite por el mismo gas: Giorgia Meloni cortejó a Argel antes que Madrid, aprovechando precisamente la crisis del Sáhara.
2. Concentración, no diversificación. Si el acuerdo se cumple, España habrá sustituido gas ruso por gas argelino manteniendo una cesta con cuatro proveedores que ya suman el 85 % del suministro. El reglamento europeo persigue reducir la dependencia de un único proveedor; sustituir a Moscú por Argel no cumple ese objetivo de fondo, solo el de la letra.
3. El riesgo político ya se materializó una vez. Argelia congeló el comercio con España durante más de tres años por una decisión de política exterior española sobre el Sáhara Occidental. El suministro energético se mantuvo entonces —los contratos aguantaron—, pero la advertencia quedó hecha, y el giro sobre el Sáhara no se ha revertido: la reconciliación de julio se construye sobre otra base, esencialmente comercial y de intereses cruzados. Nada garantiza que un nuevo desacuerdo no reactive la palanca.
Qué vigilar en los próximos meses
- La cumbre bilateral de octubre, donde el acuerdo político debería convertirse en compromisos verificables.
- Los contratos empresariales: sin cifras firmadas entre Sonatrach, Naturgy y el resto de compradores, el 10 % del Medgaz y la duplicación del GNL siguen siendo intenciones.
- El desenlace del contrato de Yamal antes del 31 de diciembre, y si Bruselas tolera las fórmulas de desvío hacia terceros países.
- El invierno 2026-27, con almacenamientos europeos en torno al 50 %, los envíos catarís retrasados por la crisis del estrecho de Ormuz y una competencia asiática que se lleva los cargamentos disponibles.
Valoración
El acuerdo de Argel es razonable en lo inmediato y frágil en lo estructural. Resuelve un problema concreto y con fecha —cómo reemplazar el gas ruso antes de que la ley europea lo prohíba— por la vía más barata disponible, que además reduce el peso del GNL caro en la factura española.
Pero no resuelve la vulnerabilidad de fondo, que no es de dónde viene el gas, sino cuánto gas hace falta. Mientras el consumo no baje al ritmo que exige la propia hoja de ruta europea, cada crisis obligará a repetir el mismo viaje a otra capital. La seguridad energética que no depende de nadie es la que no se compra: la que se ahorra o se genera aquí.
Fuentes: Presidencia del Gobierno y agencias sobre la visita de Pedro Sánchez a Argel (20 de julio de 2026); Reglamento de la UE de eliminación progresiva del gas ruso (Consejo de la UE, 26 de enero de 2026); Comisión Europea; boletines estadísticos de Enagás y de Cores; IEEFA (European LNG Tracker y EU Gas Flows Tracker); resultados y declaraciones de Naturgy; Real Instituto Elcano; CIDOB; Wood Mackenzie.
