El chaleco AstroRad probado en Artemis I habría rebajado de 222 a 87,5 mSv la dosis de una tormenta solar. Qué protege y qué no cubre.
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| El prototipo de chaleco protector contra la radiación voló en la misión Artemis I de la NASA en 2022, acoplado a un maniquí llamado Zohar. (NASA/DLR) |
Un chaleco de plástico frena el 60 % de la radiación solar en el espacio
Alcalá de Henares, 22 de agosto de 2026
Dos maniquíes de torso femenino viajaron a la Luna sentados en los asientos de pasajero de una nave vacía. Uno llevaba puesto un chaleco; el otro, no. Casi cuatro años después, el recuento de los 11.200 sensores que llevaban dentro dice que esa prenda de plástico habría recortado hasta un 60 % la dosis de una gran tormenta solar.
- El chaleco AstroRad habría rebajado de 222 a 87,5 milisieverts la dosis efectiva de una tormenta solar como la de agosto de 1972: un 60 % menos. En un evento del tipo de octubre de 1989, la reducción sería del 40 %.
- Equivale a ahorrar 193 días de exposición continua a la radiación de fondo del espacio profundo en el primer caso, y 131 días en el segundo. La NASA fija en 600 milisieverts el límite de dosis para toda la carrera de un astronauta.
- No protege de todo: el chaleco está diseñado contra las tormentas solares, no contra los rayos cósmicos galácticos, la radiación crónica que se acumula durante todo el viaje. Es el problema sin resolver de un trayecto a Marte.
Los resultados se publicaron el 12 de agosto en la revista Science Advances, firmados por Jordan Houri, científico jefe de exploración espacial de la empresa StemRad, y sus colegas. Proceden del experimento MARE (Matroshka AstroRad Radiation Experiment), embarcado en la misión Artemis I, el vuelo no tripulado que llevó la nave Orion alrededor de la Luna durante 25 días y medio entre noviembre y diciembre de 2022. Houri lo describe como el mayor experimento realizado hasta ahora para determinar la exposición de los astronautas a la radiación más allá de la órbita baja terrestre.
Por qué los maniquíes eran mujeres
Los dos "fantomas" —maniquíes de material que imita la densidad del tejido humano, el hueso y los órganos— medían unos 90 centímetros de la cabeza al bajo torso y llevaban más de 5.600 sensores cada uno. Se llamaban Zohar, aportado por la Agencia Espacial Israelí, y Helga, del Centro Aeroespacial Alemán (DLR). Zohar llevaba el chaleco; Helga voló sin él.
Ambos eran torsos femeninos por una razón concreta: las mamas y los ovarios están entre los tejidos más sensibles a la radiación. "Se predice que las mujeres afrontan un riesgo mayor de cáncer inducido por radiación", explicó a la prensa Oren Milstein, consejero delegado y cofundador de StemRad. "Un blindaje dirigido podría ayudar a estrechar esa diferencia de riesgo entre astronautas hombres y mujeres".
Por qué plástico y no plomo
El plomo es excelente contra los rayos X y gamma, pero contraproducente en el espacio. Cuando electrones muy energéticos golpean sus átomos densos, generan una lluvia de rayos X más dañina que la radiación original; y si lo que impacta son neutrones, arrancan más neutrones del núcleo y empeoran el problema.
AstroRad usa polietileno de alta densidad, rico en hidrógeno. El hidrógeno tiene la mayor densidad de electrones por átomo y, en su forma habitual, carece de neutrones que arrancar, así que no produce esas cascadas secundarias. Además pesa mucho menos. El chaleco se fabricó ensamblando miles de barras hexagonales rígidas montadas como escamas, lo que le da flexibilidad; el ejemplar que voló en Artemis I pesaba 26 kilos en la Tierra.
La decisión de hacer un chaleco y no un traje completo tampoco es estética. "Distintos órganos y tejidos tienen sensibilidades muy diferentes a la radiación, así que blindar cada parte del cuerpo por igual no es el enfoque más eficaz", señaló Houri. "Y un traje integral sería mucho más difícil de poner y de mover". Concentrando el grosor sobre la médula ósea, los pulmones, el estómago, las mamas y los ovarios, la prenda logra alrededor de un 30 % más de reducción de dosis que si esa misma masa se repartiera de forma uniforme por todo el cuerpo.
Una cifra que sorprendió a sus propios autores
Aquí está el hueco metodológico que conviene señalar: durante los 25 días de vuelo no hubo ninguna tormenta solar. Los investigadores midieron la radiación real que recibieron los maniquíes al atravesar el cinturón interior de Van Allen y, a partir de ahí, extrapolaron qué habría ocurrido en dos eventos históricos de referencia: el de agosto de 1972 y el de octubre de 1989. Los porcentajes son, por tanto, resultado de un cálculo, no de una tormenta vivida.
Aun así, el número desconcertó al equipo. "Habíamos previsto originalmente algo más cercano al 45 %, así que cuando vimos el resultado por primera vez pensamos que teníamos que volver atrás a buscar un error", reconoció Houri. "En cambio, el análisis detallado mostró que el enfoque de AstroRad, dar blindaje dirigido a los órganos y tejidos más sensibles, era todavía más eficaz de lo que habíamos proyectado".
Para poner las cifras en escala: una persona en la Tierra absorbe unos 3 milisieverts al año de fuentes naturales. Sin chaleco, una sola tormenta como la de 1972 se comería más de un tercio del límite de dosis de toda una carrera.
La ventaja no es solo la dosis: es poder seguir trabajando
Orion lleva a bordo un refugio antitormenta, un espacio donde la tripulación se resguarda mientras pasa lo peor. Según los autores, el nivel de protección del chaleco es similar al de ese refugio, con una diferencia operativa importante: quien lo lleva puesto puede salir de allí y seguir con tareas críticas de la misión. "AstroRad puede usarse solo o junto con un refugio", explicó Houri, "pero una de sus ventajas principales es que un astronauta puede permanecer protegido mientras se mueve por la cabina".
No está pensado para llevarlo siempre. "Se desarrolló como contramedida de emergencia para los eventos de partículas solares, así que los astronautas solo lo llevarían cuando los niveles de radiación estén elevados, normalmente durante horas o días", precisó Houri. En las pruebas de comodidad hechas antes en la Estación Espacial Internacional, "varios tripulantes incluso durmieron con él puesto", añadió Milstein.
Lo que no resuelve
El límite del chaleco es tan importante como su resultado. Protege frente a los eventos de partículas solares —intensos, breves e impredecibles—, pero no frente a los rayos cósmicos galácticos, partículas de altísima energía procedentes de fuera del Sistema Solar que atraviesan cualquier blindaje razonable y que se acumulan sin pausa durante todo el viaje. Para una misión lunar de días o semanas, esa distinción importa poco. Para un viaje de ida y vuelta a Marte, de unos tres años, es exactamente el problema central.
Contexto
El experimento MARE lo financiaron la NASA, el DLR alemán y la Agencia Espacial Israelí, que además codesarrolló el chaleco junto a StemRad, una empresa israelo-estadounidense fundada en 2011, y a Lockheed Martin, constructora de la nave Orion. El diseño original de la prenda deriva de un equipo comercial de la propia StemRad para equipos de respuesta ante accidentes nucleares.
El chaleco no voló en Artemis II, la misión tripulada que rodeó la Luna del 1 al 11 de abril de este año con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen a bordo: era un vuelo de apenas nueve días y no lo incluía.
Qué calendario sigue ahora
- StemRad trabaja en aligerar la prenda y en un diseño modular que permita adaptar un mismo chaleco base a distintas tallas y complexiones, en lugar de fabricar uno a medida por astronauta.
- La compañía asegura haber demostrado, junto a la empresa aeroespacial Redwire, que es posible imprimir en 3D componentes de AstroRad con polietileno reciclado a bordo de la Estación Espacial Internacional. Fabricar el blindaje en el espacio, con materiales que ya están allí, resolvería el problema del peso al lanzamiento.
- La próxima cita es Artemis III, prevista para finales de 2027 con Randy Bresnik al mando, el italiano Luca Parmitano de la Agencia Espacial Europea como piloto y Andre Douglas y Frank Rubio como especialistas. No será todavía un alunizaje —se centrará en maniobras de encuentro y acoplamiento con los módulos comerciales—, y no está confirmado si llevará chalecos AstroRad a bordo.
Referencia
Houri, J. et al. Science Advances, 12 de agosto de 2026. Experimento MARE (Matroshka AstroRad Radiation Experiment), misión Artemis I.

