España recoge un 23 % menos de cereal y el trigo toca máximos de tres años, con un El Niño histórico en camino. Así llega a la cesta.
España recogerá un 23 % menos de cereal y el trigo toca máximos de tres años: la cuenta llega a la cesta
Alcalá de Henares, 31 de agosto de 2026
La cosecha española de cereal cae a 18,5 millones de toneladas, casi una cuarta parte menos que hace un año. El índice mundial de alimentos está en máximos de tres años y medio, el IPC repuntó al 4,3 % en agosto y se avecina un El Niño de los más fuertes jamás registrados.
- El calor de esta primavera y este verano ha quemado entre el 30 % y el 40 % de la cosecha prevista en las grandes comarcas cerealistas españolas, según las organizaciones agrarias.
- Los picos de precio por una guerra o un temporal se corrigen en uno o dos años. El encarecimiento por el clima no se corrige: se acumula. Un estudio del Banco Central Europeo lo cifra en hasta 3,2 puntos anuales extra de inflación alimentaria a partir de 2035.
- La agencia meteorológica estadounidense da más de un 90 % de probabilidad a un El Niño muy fuerte este otoño e invierno. Sería uno de los mayores desde que hay registros, en 1950.
El grano que no se llenó
En junio, en los secanos de Castilla y León y Castilla-La Mancha ocurrió algo que los agricultores llevan años temiendo y que apenas sale en los telediarios: la espiga dejó de llenarse.
El cereal necesita unas semanas templadas al final de su ciclo para que el grano engorde. Cuando el termómetro se instala por encima de los 35 grados, la planta entra en senescencia prematura, se seca antes de tiempo y el grano se queda pequeño. La cosechadora entra igual, pero recoge menos peso por hectárea. El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea documentó ese acortamiento del periodo de llenado en numerosos territorios europeos durante el verano de 2026.
El resultado ya tiene cifras oficiales. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación estima la cosecha 2026/27 —sin arroz— por encima de los 18,5 millones de toneladas, sobre 5,43 millones de hectáreas y a partir de 24.150 aforos a pie de campo. Es un 5 % menos que la media de las cinco campañas anteriores (19,47 millones) y, sobre todo, un 23 % menos que los 24,1 millones recogidos en 2025/26, la mejor cosecha desde 2020. Cooperativas Agro-alimentarias de España, en su segunda estimación de julio, calculó una cifra prácticamente idéntica: 18,6 millones de toneladas.
La superficie sembrada apenas ha variado. Lo que ha caído es el rendimiento por hectárea. Es decir: se sembró lo mismo y se recogió mucho menos.
Por comunidades, la organización agraria Unión de Uniones situó las pérdidas en torno al 40 % de la producción prevista en Castilla y León, la principal comunidad cerealista, y en torno al 30 % en Castilla-La Mancha y Andalucía. Son estimaciones de una organización profesional agraria hechas durante la campaña, no un dato oficial de cierre, pero apuntan en la misma dirección que las cifras del Ministerio.
Un mercado que ya lo está cobrando
El daño en el campo se encontró en los mercados con una guerra. Y ahí es donde el precio se dispara.
El índice de precios de los alimentos de la FAO cerró julio en 131,1 puntos, su nivel más alto desde enero de 2023. El componente de cereales subió un 3,4 % en un mes y el trigo, un 5,8 %. El de aceites vegetales alcanzó los 195,7 puntos, máximo desde junio de 2022. La FAO atribuyó el tirón del trigo a dos causas simultáneas: las interrupciones de las exportaciones del mar Negro y las olas de calor que afectan a las cosechas europeas. En su comentario sobre la cebada, el organismo señala expresamente las pérdidas de rendimiento por calor en la Unión Europea.
Agosto ha ido a peor. El trigo de Chicago escaló a máximos de tres años tras los ataques a la infraestructura portuaria del mar Negro. Una de las tres terminales de grano de Novorosíisk, el principal puerto exportador ruso, fue alcanzada el 12 de agosto y podría tardar hasta cuatro meses en reconstruirse: por ella salen 7,1 millones de toneladas al año, cerca del 14 % de lo que Rusia exportó en la campaña 2025/26. La consultora Oxford Economics calcula que la disrupción de los puertos rusos y ucranianos puede restar hasta 86 millones de toneladas al suministro mundial, alrededor del 17 % de las exportaciones globales de cereal, y que las rutas alternativas por ferrocarril y por el Danubio solo sustituirían unos 17 millones.
En España, las lonjas cerraron agosto con subidas generalizadas de unos 4 euros por tonelada. En la Lonja de Toledo, referencia para buena parte del secano castellano-manchego, el trigo quedó en 240 €/t y la cebada en 229 €/t; en la del Ebro, el maíz en 250 €/t. Los operadores describen un agosto anómalo: un mes que otros años es plano ha estado marcado por movimientos bruscos y por la retención de producto a la espera de más subidas.
Por qué esto tarda en llegar al súper (y por qué llega igual)
Conviene ser preciso aquí, porque es donde más se exagera. El IPC español subió en agosto al 4,3 %, siete décimas más que en julio y su nivel más alto desde febrero de 2023, según el indicador adelantado que el INE publicó el pasado día 28. Pero el propio INE señala que el repunte lo explican sobre todo los carburantes, no los alimentos. La inflación subyacente incluso bajó una décima, hasta el 2,9 %.
Los alimentos entran en esa foto de otra manera, más lenta y más pegajosa: en agosto bajaron menos de lo que bajaron un año antes. Ese es el mecanismo real. El grano encarecido de esta cosecha no aparece mañana en el precio del pan; aparece dentro de seis o doce meses, cuando la harina, el pienso y la logística lo hayan ido trasladando.
Y hay una segunda vía, menos visible. De los 37,7 millones de toneladas de cereal que consumió España en 2025/26, tres cuartas partes se destinaron a alimentación animal. España ya importa el 43 % del cereal que consume y cerca del 80 % de las semillas oleaginosas. Una mala cosecha propia con un mercado internacional tensionado no encarece solo el pan: encarece el pienso, y detrás del pienso van el pollo, el huevo, el cerdo y la leche.
El Niño que viene no es el de siempre
Sobre ese tablero se va a sentar, en los próximos meses, un fenómeno de una magnitud poco habitual.
La Organización Meteorológica Mundial confirmó el 31 de julio que un episodio fuerte de El Niño se sigue intensificando. El Centro de Predicción Climática de la NOAA mantiene el aviso oficial con más de un 90 % de probabilidad de un episodio muy fuerte durante el otoño y el invierno de 2026-27, y sitúa en un 81 % la probabilidad de que entre octubre y diciembre se coloque entre los mayores El Niño del registro histórico, que arranca en 1950. El Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad, de la Universidad de Columbia, es aún más rotundo: 25 de los 26 modelos que maneja lo clasifican como «muy fuerte», y no asigna ninguna probabilidad ni a La Niña ni a condiciones neutras hasta bien entrado 2027.
El Niño no es cambio climático: es un ciclo natural del Pacífico que redistribuye calor y lluvias. Lo que hace es sumarse a un planeta ya más caliente. Sus efectos sobre la comida son conocidos y bastante predecibles: sequía en la India, Australia y el sur de África, que recorta cereales y oleaginosas; sequedad en el sudeste asiático, que frena el aceite de palma; inundaciones en América Latina, que arruinan calidad y rendimientos.
Lo que no se corrige solo
Aquí está el dato que convierte esta noticia en algo más que la crónica de un mal año.
Maximilian Kotz, investigador del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático y del Centro de Supercomputación de Barcelona, firmó junto a Friderike Kuik, Eliza Lis y Christiane Nickel, del Banco Central Europeo, un estudio publicado en Communications Earth & Environment que cruzó datos meteorológicos e índices de precios de 121 países. Su conclusión: si el calentamiento sigue el ritmo actual, el calor extremo por sí solo podría añadir entre 0,9 y 3,2 puntos porcentuales anuales a la inflación de los alimentos a partir de 2035, y entre 0,3 y 1,2 puntos a la inflación general.
Los autores calcularon también, hacia atrás, que la ola de calor europea de 2022 elevó la inflación alimentaria del continente en torno a 0,6 puntos, y que un episodio idéntico bajo las condiciones climáticas de 2035 tendría un impacto hasta un 50 % mayor.
La distinción que importa es esta: un pico de precios por una helada en Brasil o por un bloqueo portuario se corrige cuando llega la cosecha siguiente. Un clima estructuralmente más cálido no ofrece cosecha siguiente que corrija nada. La presión se vuelve permanente, año tras año, sobre un objetivo de inflación —el 2 % del BCE— que no fue diseñado contando con ella. El propio Banco Central Europeo lo puso por escrito este verano: los fenómenos meteorológicos extremos podrían hacer que los precios de los alimentos suban más de lo esperado.
Paul Behrens, profesor global de la Academia Británica en la Oxford Martin School de la Universidad de Oxford (Reino Unido), lo resume con una frase incómoda para quien hace previsiones: «Hemos subestimado sistémicamente los impactos del cambio climático» sobre el sistema alimentario. Su cálculo de referencia es que un tercio de la subida de los precios de los alimentos en el Reino Unido en 2023 fue atribuible al cambio climático.
El susto tiene letra pequeña, y conviene leerla
Un medio que solo cuenta la parte que asusta acaba sin lectores cuando la parte que asusta no se cumple. Estos son los contrapesos reales:
- El índice de la FAO sigue un 18,2 % por debajo de su máximo de marzo de 2022. Estamos en niveles altos, no en récord.
- No todo sube. En julio bajaron la carne (-2,8 % mensual) y los lácteos (-0,7 % mensual y un 24,8 % menos que un año antes). En el IPC español de este año, los aceites y grasas han llegado a caer más de un 13 % interanual.
- El motor inmediato del precio del trigo ahora mismo es la guerra, no el clima. Separar cuánto pone cada factor es difícil y honestamente nadie lo tiene medido con precisión para esta campaña concreta.
- Las proyecciones de Kotz y Kuik son modelos, con un rango amplio —de 0,9 a 3,2 es mucha diferencia— y con supuestos sobre el calentamiento futuro que pueden no cumplirse.
- La alimentación pesa hoy menos en la cesta española: alrededor del 17 % del gasto en la nueva base del IPC, frente al 22,6 % de la base anterior. Una subida alimentaria golpea menos el índice general que hace unos años. Golpea, eso sí, exactamente igual a quien ya destinaba a comer la mayor parte de su sueldo.
Ese último punto es el que menos aparece en los titulares y el que más importa. La aseguradora Allianz calcula que la factura de la compra supone el 35 % de la cesta de un hogar indonesio y el 40 % de uno filipino. La misma subida mundial de precios es una molestia en Alcalá y una emergencia en Manila.
Lo que se puede hacer, según quien lo estudia
Behrens sostiene que buena parte de las medidas que abaratarían la comida son las mismas que reducirían las emisiones. Señala dos:
- Redirigir las subvenciones agrarias hacia prácticas que aumenten el rendimiento y retengan carbono en el suelo, en lugar de sostener el modelo actual.
- Desplazar la dieta hacia el vegetal, sin necesidad de veganismo: en su formulación, una hamburguesa de ternera cada dos semanas, pollo una vez por semana y algo de lácteos a diario.
El argumento no es moral, es de superficie. La ganadería ocupa, incluido el pasto, tres cuartas partes de la tierra agrícola del planeta. Sustituir parte de esa proteína por proteína vegetal requiere una fracción de ese espacio, y libera terreno para otros cultivos, lo que hace al sistema más elástico ante una mala campaña.
Qué viene ahora
Tres fechas para vigilar. La FAO publica a principios de septiembre su índice de agosto, el primero que recogerá de lleno el efecto de los ataques del mar Negro. El INE confirmará a mediados de septiembre el dato definitivo del IPC de agosto, con el desglose por grupos que dirá qué han hecho exactamente los alimentos. Y en octubre-diciembre El Niño alcanzará su pico, justo cuando se decide la siembra de otoño en el hemisferio norte.
La consultora Oxford Economics ya avisa de un repunte de la inflación alimentaria en 2027, y advierte de que el impacto sobre los agricultores europeos —hasta ahora concentrado en el hemisferio sur— todavía no se ha materializado del todo.
Más en La Crónica del Henares:
- IPC → https://www.cronicadelhenares.com/search/label/IPC
- Economía → https://www.cronicadelhenares.com/search/label/economia
- Cambio climático → https://www.cronicadelhenares.com/search/label/cambio%20clim%C3%A1tico
- Medio ambiente → https://www.cronicadelhenares.com/search/label/medioambiente
Fuentes consultadas
- Boletín Bloomberg Green remitido por el lector, y artículo de referencia «War, Weather Push Crop Prices to Biggest Monthly Gain Since 2012» (Bloomberg, 31 de agosto de 2026). Aviso: bloqueado el acceso automatizado (ver nota al final).
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, estimación de la cosecha de cereales 2026/27 y balance de la campaña 2025/26, reunión de la Dirección General de Producciones y Mercados Agrarios, 8 de julio de 2026 → https://www.mapa.gob.es
- FAO, Índice de precios de los alimentos, dato de julio de 2026 publicado el 7 de agosto → https://www.fao.org/worldfoodsituation/foodpricesindex/es
- INE, indicador adelantado del IPC de agosto de 2026, publicado el 28 de agosto → https://www.ine.es/dyngs/Prensa/adIPC0826.htm
- NOAA / Climate Prediction Center, ENSO Diagnostic Discussion, agosto de 2026 → https://www.cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/enso_advisory/ensodisc_Sp.shtml
- IRI, Universidad de Columbia, August 2026 Quick Look sobre la intensidad de El Niño → https://iri.columbia.edu/our-expertise/climate/forecasts/enso/current/
- Organización Meteorológica Mundial, boletín El Niño/La Niña y actualización estacional de 31 de julio de 2026 → https://wmo.int/es/temas/el-nino-la-nina
- Kotz, M.; Kuik, F.; Lis, E.; Nickel, C. «Global warming and heat extremes to enhance inflationary pressures». Communications Earth & Environment, 2024. DOI 10.1038/s43247-023-01173-x → https://www.nature.com/articles/s43247-023-01173-x
- Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, nota de prensa del estudio → https://www.pik-potsdam.de/en/news/latest-news/climate-change-risk-to-price-stability-higher-average-temperatures-increase-inflation-1
- Oxford Martin School, Universidad de Oxford, ficha y artículo de divulgación de Paul Behrens sobre precios de los alimentos y clima → https://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/people/professor-paul-behrens
- Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos, estimación de pérdidas de cosecha por las olas de calor, vía Agronews Castilla y León → https://www.agronewscastillayleon.com/cosecha-de-cereal-ola-calor
- Abastores / lonjas nacionales, cierre de cotizaciones de cereal de agosto de 2026, vía Agroinformación → https://agroinformacion.com/el-cereal-finaliza-el-mes-de-agosto-con-subidas-impulsado-por-el-mar-negro-y-la-fuerte-retencion-por-la-incertidumbre-en-las-cotizaciones
- Oxford Economics y SovEcon, estimaciones sobre la disrupción del mar Negro, vía Financial Times → https://www.cronista.com/financial-times/fuerte-suba-del-trigo-amenaza-con-un-shock-global-de-precios-en-los-alimentos/
- INE / CaixaBank, cambio de ponderaciones de la nueva base del IPC 2026 → https://www.caixabank.com/es/esfera/content/novedades-ipc-calcular
