Un estudio en ratones halla que la barrera cerebral se abre justo tras operar un glioblastoma y a las 48-72 horas. Participa el ICN2 de Barcelona.
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Operar un glioblastoma abre dos ventanas de horas para atacar el tumor residual
Un estudio en ratones de la Universidad de Manchester y el ICN2 de Barcelona identifica los momentos exactos en que el fármaco puede entrar en el cerebro
12 agosto 2026.- Un equipo británico y catalán ha descrito en ratones dos momentos precisos —las horas inmediatas a la cirugía y el intervalo entre 48 y 72 horas después— en los que un fármaco puede colarse en el cerebro y alcanzar las células que provocan la recaída. Hoy la quimioterapia llega semanas más tarde, cuando esa puerta ya se ha cerrado.
- La barrera hematoencefálica se altera solo en el borde de donde estaba el tumor, y solo durante dos periodos cortos: justo tras la operación y de nuevo a las 48-72 horas.
- Una sola inyección de doxorrubicina liposomal administrada en esas ventanas frenó la reaparición del tumor y alargó la supervivencia de los ratones, con escasa toxicidad.
- El protocolo actual —quimiorradioterapia entre cuatro y seis semanas después de operar— llega tarde a esa oportunidad. Nadie la había medido antes.
El problema del glioblastoma nunca ha sido del todo encontrar fármacos capaces de matarlo. La doxorrubicina, una quimioterapia clásica, destruye células de glioma en el laboratorio con eficacia; en pacientes apenas hace nada. La razón lleva medio siglo escrita en los manuales: la barrera hematoencefálica, la malla de vasos sanguíneos sellados que protege el cerebro de tóxicos y patógenos, tampoco deja pasar los medicamentos. El fármaco funciona; simplemente no llega.
Lo que publica ahora Science Translational Medicine es que esa barrera no está siempre cerrada. Y que el propio bisturí es lo que la abre.
Una puerta que se abre dos veces
El trabajo, firmado por la investigadora Lorena Fernandes y dirigido por Thomas Kisby y Kostas Kostarelos, extirpó glioblastomas del cerebro de ratones mediante microcirugía y midió después qué pasaba en el llamado margen de resección: el reborde de tejido donde queda el tumor invisible y por donde casi siempre reaparece la enfermedad.
Allí, y solo allí, la barrera se vuelve permeable en dos ventanas cortas: la primera, inmediatamente tras la intervención; la segunda, entre 48 y 72 horas después. En el resto del cerebro, con la barrera intacta, no ocurre nada.
Para comprobarlo, el equipo inyectó en sangre nanopartículas lipídicas marcadas con fluorescencia —liposomas del tipo que ya se usa en hospitales oncológicos— durante esos periodos. Las partículas se concentraron en el margen quirúrgico con notable precisión, mientras el resto del tejido cerebral las captaba de forma mínima. El análisis histológico mostró que, una vez fuera del vaso sanguíneo, las nanopartículas interactuaban sobre todo con microglía y macrófagos, las células inmunitarias que rodean a los restos del tumor.
El paso siguiente fue cargarlas. Con doxorrubicina liposomal dentro, y en distintos modelos de ratón, una única inyección administrada en la ventana adecuada suprimió la recurrencia y controló la enfermedad con poca toxicidad.
El fármaco no es nuevo; el momento sí
Conviene subrayar lo que no es este hallazgo: no es un medicamento nuevo. La doxorrubicina liposomal pegilada (Caelyx/Doxil) ya se ensayó contra el glioblastoma en estudios de fase II hace más de quince años, combinada con temozolomida y radioterapia. Los resultados fueron modestos. Pero en aquellos ensayos el fármaco se administraba con el calendario estándar: semanas después de la cirugía, con la barrera ya restaurada.
La aportación del estudio es, por tanto, de cronología, no de farmacología. Kisby lo resume así: "Por primera vez hemos demostrado que la cirugía de glioblastoma expone brevemente una vulnerabilidad que podemos explotar". Y Kostarelos apunta la consecuencia práctica: propone reorientar el tratamiento posoperatorio con nanomedicinas ya existentes —quimioterapias encapsuladas, inmunoterapias, terapias génicas— dirigidas al reborde quirúrgico.
Si el hallazgo se confirmara en personas, no haría falta inventar nada: haría falta cambiar la hora del reloj.
Lo que el comunicado no dice
La nota de prensa de la Universidad de Manchester, difundida el 29 de julio, omite tres cosas relevantes que conviene señalar:
- Cuánto se alargó la supervivencia. El comunicado habla de "suprimir la recurrencia" y "controlar la enfermedad", pero no ofrece cifras de supervivencia en los ratones ni compara con el tratamiento estándar.
- Que no hay ensayo clínico ni fecha para uno. El propio Kostarelos reconoce que el equipo "busca activamente financiación" para dar el salto de los modelos preclínicos a los pacientes. Eso significa que, a día de hoy, el proyecto no está financiado para llegar a la fase clínica.
- Que la barrera humana no es la del ratón. Falta demostrar que una craneotomía en una persona abre las mismas ventanas, con la misma duración, y que la ventana de 48-72 horas coincide con un momento en que el paciente puede tolerar quimioterapia intravenosa.
A esto se añade una salvedad de fondo: la mayoría de terapias que curan el cáncer en ratones fracasa después en humanos. Este es un resultado preclínico sólido y una hipótesis clínica atractiva, no un tratamiento disponible.
Por qué importa en España
El glioblastoma es el tumor cerebral primario más frecuente y agresivo en adultos y sigue sin cura. Su incidencia se estima en torno a 3 casos por cada 100.000 habitantes y año, lo que se traduce en unos 1.500 diagnósticos nuevos al año en España. Con los tratamientos estándar, la mediana de supervivencia ronda el año y, a los cinco años, sobrevive alrededor del 5% de los pacientes.
Para dimensionarlo: es una cifra muy inferior a la supervivencia neta a cinco años del conjunto de los cánceres en España, del 57,4% en hombres y el 65,2% en mujeres según REDECAN.
Hay además un componente español directo en el trabajo: una parte de la investigación se ha realizado en el Institut Català de Nanociència i Nanotecnologia (ICN2), centro del CSIC y el BIST situado en el campus de la Universitat Autònoma de Barcelona, con participación también del Institut de Neurociències de la UAB y de ICREA. La financiación española llegó a través del programa de Centros de Excelencia Severo Ochoa; la británica, del EPSRC y la fundación Rosetrees Trust.
El estudio, en datos
- Título: Targeting therapeutic nanoparticles to the glioblastoma resection margin by harnessing postoperative blood-brain barrier disruption
- Revista: Science Translational Medicine, 29 de julio de 2026, vol. 18, nº 860
- DOI: 10.1126/scitranslmed.adv8761 — https://www.science.org/doi/10.1126/scitranslmed.adv8761
- Autoría: L. F. Fernandes, C. Peeyatu, L. A. Thompson, B. R. Dickie, Y. S. Ho, N. Hernández-Lobato, N. Lozano, K. Kostarelos y T. Kisby
- Centros: Centre for Nanotechnology in Medicine y Geoffrey Jefferson Brain Research Centre (Universidad de Manchester); ICN2 (CSIC-BIST), UAB e ICREA (Barcelona)
- Modelo: ratones singénicos con resección quirúrgica de glioblastoma. No hay datos en humanos.
- Financiación: EPSRC y Rosetrees Trust (Reino Unido); Severo Ochoa (España)
El siguiente hito verificable es la obtención de financiación para un ensayo clínico en fase temprana, que el propio equipo sitúa como su prioridad inmediata y para el que todavía no hay fecha ni patrocinador anunciado. Mientras tanto, quedan dos preguntas abiertas que cualquier ensayo tendrá que responder antes que ninguna otra: si la ventana existe también en el cerebro humano operado y si es seguro administrar quimioterapia intravenosa en las 72 horas siguientes a una craneotomía.
Fuentes: Science Translational Medicine (DOI 10.1126/scitranslmed.adv8761); comunicado de la Universidad de Manchester, 29 de julio de 2026; SEOM/REDECAN, «Las cifras del cáncer en España 2026».
Esta información describe un resultado obtenido en animales de laboratorio. No modifica ningún tratamiento actual ni debe interpretarse como consejo médico. Cualquier decisión sobre un caso concreto corresponde al equipo de neurooncología que lo atiende.
