El exjefe de gabinete de Sánchez sostiene en La Vanguardia que Ceuta fue un ataque al Estado social español. Análisis de una tesis sin datos que la so
Redondo convierte Ceuta en la última trinchera del Estado social europeo, pero no aporta una sola cifra
12 agosto 2026.- El exdirector del Gabinete de Pedro Sánchez sostiene en La Vanguardia que la crisis de Ceuta fue un ataque contra España como último país socialdemócrata de la UE. El artículo no cita ningún documento, ningún dato ni ninguna fuente que respalde esa tesis.
- La tesis: si cae Sánchez, cae el último Estado social de la Unión y la UE pasa de proyecto social a fortaleza.
- El punto débil: la premisa central —que Ceuta fue un ajuste de cuentas ideológico— se afirma, no se demuestra.
- La contradicción: el texto abre invocando los derechos humanos y aterriza definiendo al migrante como demandante de empleo.
Iván Redondo publicó el lunes 10 de agosto en La Vanguardia una columna titulada El último mohicano en la que traslada a la política europea la novela de James Fenimore Cooper. La inversión de la metáfora es el hallazgo del texto: los mohicanos ya no son los pueblos arrasados por la expansión europea, sino los propios europeos, y España sería el último superviviente.
La pieza importa por quién la firma. Redondo dirigió el Gabinete de la Presidencia del Gobierno entre 2018 y 2021, escribe página fija los lunes en La Vanguardia desde octubre de aquel año y es consejero del Grupo Godó, editor del diario. Su consultora demoscópica, Opina360, ha publicado sondeos que sitúan al PSOE por delante del PP con desviaciones de hasta diez puntos respecto al consenso del resto de institutos. No es, por tanto, una columna de observador externo: es una pieza de posicionamiento escrita desde dentro del perímetro del sanchismo.
Qué dice exactamente
El argumento se despliega en tres movimientos encadenados.
Primero, el diagnóstico. Redondo sostiene que lo ocurrido en Ceuta fue «un ajuste de cuentas» no solo con Sánchez, sino con España como último reducto de la socialdemocracia. Y añade una precisión que conviene retener, porque es la que le permite ampliar el marco: lo plantea «no en términos de derecha e izquierda, sino de Estado social». La UE, escribe, molesta a las nuevas élites autoritarias precisamente porque su burocracia es la máxima expresión socialdemócrata.
Segundo, la consecuencia. Si cae Sánchez, cae el último país socialdemócrata. Y con él, el sentido institucional, político, social e histórico de la Unión. La fórmula con la que resume el tránsito es la más eficaz del artículo: «De la UE social a la UE como fortaleza». En ese desplazamiento sitúa también a la Italia de Giorgia Meloni, que en su lectura se habría sumado al bando contrario «sin querer y dentro de la gran confusión algorítmica».
Tercero, la salida. Redondo la busca en Estados Unidos, no en Europa: el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y el candidato de Michigan Abdul El-Sayed serían el «nuevo socialismo democrático» que sustituye a los viejos demócratas, igual que Trump sustituyó al conservadurismo de los Bush. El motor de ese relevo, escribe, es «el concepto de Estado, que es lo único que estabiliza, y no el mercado».
Lo que el artículo no aporta
Aquí está el problema central de la pieza: no hay una sola cifra, ni un documento, ni una fuente citada en todo el texto. Ni el comunicado conjunto que las primeras ministras de Dinamarca e Italia, Mette Frederiksen y Giorgia Meloni, hicieron público ese mismo lunes reclamando centros de repatriación en terceros países. Ni la carta que veinte gobiernos de la UE firmaron semanas atrás contra la política española de regularización, y que solo Francia, Irlanda, Portugal y Luxemburgo se negaron a rubricar.
Son exactamente los dos hechos que darían soporte empírico a su tesis del aislamiento español. Redondo no los usa. El aparato argumental descansa en cambio sobre una sucesión de nombres propios —Bush, Trump, Obama, Biden, Lehman Brothers, los Hamptons, un guiño final a Blade Runner— enlazados por yuxtaposición.
Y la viga maestra queda sin sostener. Afirmar que Ceuta fue «un ajuste de cuentas» con el Estado social español exige responder quién ajustó cuentas, mediante qué mecanismo y con qué prueba. El artículo no responde a ninguna de las tres preguntas. Lo que en una columna de opinión puede pasar por licencia retórica, en la tesis que sostiene todo el edificio es un vacío.
La contradicción interna
El texto abre reivindicando que España representa «el código de honor, de derechos humanos» de Europa. Ocho párrafos después define la cuestión migratoria en términos estrictamente funcionales: habrá migrantes mientras haya trabajo en la UE, porque los migrantes «no son sino demandantes de empleo».
Las dos frases no encajan. Un marco de derechos humanos reconoce al migrante con independencia del ciclo económico; un marco de mercado laboral lo admite mientras haga falta y lo expulsa del razonamiento cuando no. Redondo utiliza el primero como bandera y el segundo como argumento, sin advertir la distancia entre ambos.
Es tanto más llamativo cuanto que él mismo nombra el problema y lo abandona: menciona «la nueva servidumbre, la mansedumbre» como el gran debate del futuro y no vuelve sobre ello. Queda sin aclarar si lo denuncia o simplemente lo describe.
El párrafo que se vuelve contra el autor
Hay una frase que conviene leer dos veces: «Esto no va de políticas públicas. Esto va de poder real.»
La firma quien fue jefe de gabinete de un presidente del Gobierno durante tres años. Y desactiva su propia defensa, porque un Estado social no es un relato ni un momentum electoral: es exactamente políticas públicas. Sanidad, dependencia, vivienda, prestaciones, inspección de trabajo. Al subordinar ese plano al del «poder real», Redondo reduce la socialdemocracia que dice defender a una posición de campaña.
Lo mismo ocurre con la fórmula «el Estado considerado como si cada familia fuera un Estado», que suena a concepto pero no llega a serlo: no aclara si significa que el Estado garantiza a cada familia o que la absorbe, y el artículo no dedica una línea a desarrollarlo.
Descontado el ornamento, queda una intuición que sí merece discusión: que el debate migratorio europeo ha dejado de dividir a la derecha y a la izquierda y ha pasado a dividir a quienes sostienen un modelo de Estado social y quienes lo dan por amortizado. El comunicado ítalo-danés —una socialdemócrata nórdica y una dirigente de Fratelli d'Italia firmando el mismo texto— es la mejor prueba de esa intuición. Y Redondo, que la formula, no la utiliza.
El siguiente hito verificable es la reunión de ministros de Interior de la UE prevista para el otoño, donde el modelo de centros de repatriación en terceros países que reclaman Roma y Copenhague deberá traducirse en propuesta legislativa concreta. Ahí se verá si el aislamiento español que describe Redondo es una posición sostenida o una excepción de temporada.
La Crónica del Henares
