Lagarde pide integrar mercados para ganar la carrera de la IA mientras Bruselas aplaza las garantías. Y la gigafactoría llama al Corredor.
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| Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE) |
Europa acelera en IA y aplaza las garantías: el eslabón suelto llega a San Fernando de Henares
Alcalá de Henares, 20 de agosto de 2026
Christine Lagarde pidió este miércoles que la UE integre sus mercados para no perder la carrera de la inteligencia artificial. El mismo día se publicaron encuestas que muestran a una ciudadanía recelosa y Bruselas autorizó el consorcio que quiere levantar una gigafactoría de IA en el Corredor del Henares.
- El plan europeo se juega en la difusión, no en los titulares: solo el 20% de las empresas de la UE usaba IA en 2025, y entre las pymes españolas la cifra baja al 8,7%.
- Bruselas ha aplazado hasta diciembre de 2027 las obligaciones para los sistemas de IA de alto riesgo —empleo, crédito, educación, biometría—, justo el terreno donde la ciudadanía dice tener más miedo.
- La candidatura española a una gigafactoría europea tiene un polo en San Fernando de Henares, y el debate público local sobre suelo, agua y energía todavía no ha empezado.
El 20 de agosto de 2026 quedan tres noticias encadenadas que casi nadie leyó juntas.
En Ginebra, ante el Consejo Internacional de Empresas del Foro Económico Mundial, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), avisó de que Europa se quedó fuera de la primera revolución digital y no puede repetirlo con la segunda. En Bruselas, la Comisión Europea autorizó la empresa conjunta de ACS, Telefónica, Banco Santander y la pública SETT que presentará la candidatura española a una de las siete gigafactorías europeas de IA, con dos polos: Móra la Nova (Tarragona) y San Fernando de Henares. Y en las redacciones circulaba una tanda de encuestas según la cual la gente desconfía de la IA y todavía más de quienes la fabrican.
A primera vista, la tercera desmiente a las dos primeras. No es así. Lo que hacen es señalar el punto flojo del plan europeo, que no es el dinero ni la ambición, sino la legitimidad.
Lo que dijo Lagarde y lo que no dijo
El diagnóstico de la presidenta del BCE es financiero, no cultural. Las empresas europeas se financian sobre todo con crédito bancario, los mercados de capitales siguen troceados en marcos nacionales y una compañía europea que quiere crecer choca con costes, plazos y trabas que su competidora estadounidense no tiene. Su receta son dos expedientes que se negocian ahora mismo en Bruselas: la Unión de Ahorro e Inversión (SIU), para integrar los mercados de capitales, y EU Inc., una figura societaria europea opcional que permitiría a una startup constituirse una vez en lugar de veintisiete.
Lagarde no dijo que los europeos adoren la IA. Dijo que Europa tiene con qué competir: el 6% de la población mundial pero hasta el 15% de sus investigadores, casi una quinta parte de las publicaciones científicas más citadas y unas empresas de la zona euro que, según las encuestas que maneja el BCE, destinarán este año en torno al 9% de su inversión total a inteligencia artificial.
Y añadió la frase que de verdad importa: el reto es convertir ese conocimiento en éxito comercial que extienda la tecnología al conjunto de la economía. Cuando un banquero central habla de "ganar la carrera de la IA" no se refiere sobre todo a fabricar un rival europeo de OpenAI. Se refiere a la difusión: que la tecnología llegue a la fábrica, al taller, a la gestoría y a la clínica, porque de ahí y no de otro sitio sale la productividad.
Ahí es donde la confianza deja de ser un asunto moral
Si el objetivo es la difusión, entonces la actitud de empresas y trabajadores no es un adorno sociológico: es el cuello de botella.
Y los números de difusión son modestos. Según Eurostat, el 20% de las empresas de la UE con diez o más empleados usaba IA en 2025, frente al 13,5% de 2024 y al 7,7% de 2021. España está justo en la media, con un 20,3%; Alemania ronda el 26%, Francia el 18% e Italia el 15%. El crecimiento es rápido, pero la media esconde un abismo por tamaño: con datos del índice DESI de 2024, las grandes empresas españolas adoptaban IA al 49,2% y las pymes de 10 a 49 trabajadores, al 8,7%.
Ocho de cada diez empresas europeas siguen fuera. Ninguna gigafactoría lo arregla por sí sola.
Lo que dicen realmente las encuestas europeas
Conviene deshacer aquí un equívoco que arrastran los titulares. El dato más citado —el 52% de ciudadanos "más preocupados que entusiasmados", frente al 37% de 2021— procede del Pew Research Center y es estadounidense. En la UE la foto es distinta y bastante más ambivalente.
El estudio del Grupo Verian para la Comisión Europea encuentra que el 55% de los ciudadanos de la UE espera que la IA transforme positivamente la vida cotidiana en los próximos veinte años, frente a un 35% que espera lo contrario; que el 62% la valora bien en el entorno laboral, frente al 32% que no; y que la mitad cree que puede ayudar frente a enfermedades graves o al cambio climático.
Pero el mismo estudio recoge que el 66% cree que la IA destruirá más empleo del que cree y que el 84% considera que la tecnología debe gestionarse con cuidado, sobre todo en privacidad y transparencia. Una encuesta de EY de 2025 cifra en el 42% los empleados europeos que temen por su puesto. Y más del 60% admite no sentirse informado sobre los riesgos del uso de la IA en la investigación científica.
El europeo medio, en suma, no es tecnófobo: es partidario condicional. Quiere la tecnología con red debajo.
Desconfiar de un consejero delegado no es desconfiar de una tecnología
El segundo dato que se ha leído torcido es la desconfianza hacia los directivos. En la encuesta de CNBC Generation Lab, hecha a 1.088 participantes sobre nueve de los líderes más visibles del sector, ninguno aprueba: el mejor parado, Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft, genera un 65% de desconfianza; el peor, Alex Karp, consejero delegado de Palantir, un 81%; Dario Amodei, de Anthropic, y Sundar Pichai, de Alphabet, rondan el 75%.
Eso no mide el rechazo a la inteligencia artificial. Mide la legitimidad de un puñado de compañías estadounidenses que concentran el modelo, la nube y los chips. Leído así, ese 81% no contradice a Lagarde: la refuerza. Es exactamente el argumento de la soberanía tecnológica, el mismo que justifica gastar 30.000 millones de euros públicos y privados en gigafactorías propias.
La contradicción de verdad: se pide adopción y se aplazan las garantías
Aquí está el desajuste que ninguna de las dos piezas europeas menciona.
Mientras el 84% de los europeos pide que la IA se gestione con cuidado, Bruselas ha hecho lo contrario en el capítulo más sensible. El Reglamento (UE) 2026/1744, el llamado Ómnibus digital sobre IA, publicado en el Diario Oficial en julio, aplaza al 2 de diciembre de 2027 las obligaciones para los sistemas de alto riesgo del Anexo III del Reglamento de IA, y a agosto de 2028 las de la IA integrada en productos regulados.
Merece la pena mirar qué hay en ese Anexo III: selección de personal, concesión de crédito, biometría, educación reglada, infraestructuras críticas, servicios esenciales. Es decir, casi punto por punto la lista de lo que la gente dice temer. La aplicación general del Reglamento y las obligaciones de transparencia del artículo 50 sí entran en vigor el 2 de agosto de 2026, y las prácticas prohibidas y las reglas de los modelos de propósito general llevan aplicándose desde 2025; pero el bloque que traducía el recelo ciudadano en obligaciones concretas se ha retrasado más de un año.
Se puede defender con argumentos técnicos —faltaban normas armonizadas y organismos preparados— y se ha hecho. Pero el efecto político es que Europa pide confianza el mismo trimestre en que aplaza el instrumento que la producía.
A eso se suma el reparto. Las ganancias agregadas de productividad de las que habla Lagarde y la pérdida concreta del puesto de un administrativo de 54 años pueden ser ciertas a la vez, porque recaen sobre personas distintas. La SIU y EU Inc. integran capital; no tocan el empleo, ni los derechos de autor de quienes ven su obra en los datos de entrenamiento, ni el consumo de agua y electricidad de los centros de datos. Son buenas herramientas para el problema que Lagarde tiene encomendado, y ninguna herramienta para el problema que las encuestas describen.
Y entonces la abstracción aterriza en el Corredor
Estados Unidos ya está viendo la factura de saltarse este paso: los planes de nuevos centros de datos tropiezan con oposición vecinal incluso allí donde se prometen empleos, porque los vecinos no perciben ningún beneficio propio en la infraestructura que se levanta al lado de sus casas.
Ese mismo examen le llega ahora a San Fernando de Henares. La candidatura española, con 719 millones de euros de dinero público aportados por la SETT y una inversión total estimada en torno a los 5.000 millones, plantea una instalación multisede cuyo segundo polo está en el municipio del Corredor. La convocatoria europea se cierra el 12 de noviembre de 2026 y la adjudicación se espera a principios de 2027.
Las preguntas que un vecino puede hacerse son concretas y todavía no tienen respuesta pública: cuánta potencia eléctrica va a demandar la instalación y de qué subestación saldrá; qué sistema de refrigeración usará y cuánta agua consumirá; cuánto suelo ocupa y con qué calificación; cuántos empleos directos genera realmente una infraestructura que, por definición, funciona sola casi todo el tiempo; y qué capacidad de cálculo, si es que alguna, quedará disponible para las pymes y los centros de investigación de la zona.
Responderlas antes y no después no es un trámite de cortesía. Es, literalmente, la condición para que el proyecto salga adelante. La legitimidad social ha dejado de ser una cuestión de opinión para convertirse en una barrera física a la infraestructura, y sin infraestructura no hay difusión, sin difusión no hay productividad y sin productividad la carrera de la que habla Lagarde está perdida antes de empezar.
El calendario que viene ahora
- 2 de agosto de 2026: entra en aplicación general el Reglamento de IA, incluidas las obligaciones de transparencia del artículo 50.
- 12 de noviembre de 2026: se cierra la convocatoria europea de gigafactorías de IA. Adjudicación prevista a principios de 2027.
- Antes de final de año: los legisladores europeos aspiran a cerrar la Unión de Ahorro e Inversión y EU Inc., las dos reformas que Lagarde pidió acelerar. Persisten divisiones entre Estados sobre la supervisión centralizada de los mercados de capitales.
- 2 de diciembre de 2027: fecha aplazada para las obligaciones de los sistemas de alto riesgo del Anexo III.
- Pendiente: que alguna administración —europea, estatal, autonómica o municipal— abra un proceso de información pública sobre lo que implica una gigafactoría de IA en el Corredor del Henares.
Fuentes: intervención de Christine Lagarde ante el Consejo Internacional de Empresas del WEF en Ginebra (19/08/2026), recogida por Euronews; encuestas de Pew Research Center, CNBC Generation Lab, EY (2025) y Grupo Verian para la Comisión Europea, recogidas por Euronews; Eurostat, uso de IA en las empresas (2025); índice DESI 2024 de la Comisión Europea; Reglamento (UE) 2026/1744; convocatoria de la Iniciativa de Gigafactorías de IA (EuroHPC, 30/07/2026); decisión de la Comisión Europea sobre la empresa conjunta española (20/08/2026).

