Los alimentos, en máximos de tres años y medio. Mar Negro, sequía y Ormuz encarecerán fruta, pan y aceite entre octubre y mayo de 2027.
Alcalá de Henares, 24 de agosto de 2026
Los precios mundiales de los alimentos tocaron en julio su máximo en tres años y medio. La guerra en el mar Negro, la sequía europea y el bloqueo de Ormuz empujan una subida que llegará a la cesta de la compra entre octubre y mayo.
El índice FAO de precios de los alimentos cerró julio en 131,1 puntos, su nivel más alto desde enero de 2023, empujado por cuatro presiones simultáneas sobre la oferta mundial de grano. | Infografía: La Crónica del Henares, con datos de FAO, IFPRI y Coceral.
POR QUÉ IMPORTA
- La fruta y la verdura reflejarán la subida entre octubre y noviembre; el pan, la pasta y el aceite, entre febrero y mayo de 2027.
- España cosechó 18,6 millones de toneladas de cereal, casi un 30 % menos que en 2025, y compra fuera el 43 % del que consume.
- No es 2022: los precios siguen un 18,2 % por debajo del pico de aquel año, pero los focos de tensión son más numerosos y se alimentan entre sí.
A mediados de agosto, dos de las mayores terminales cerealistas de Rusia dejaron de cargar barcos. Un ataque ucraniano con drones dañó las instalaciones del puerto de Novorossiisk, en el mar Negro, que suman una capacidad anual de exportación de 15,6 millones de toneladas. Ese mismo día, en la otra orilla del conflicto, un misil ruso alcanzaba Izmaíl, el mayor puerto ucraniano del Danubio: justo la ruta alternativa que Kiev había levantado para sacar su grano cuando el mar se volvía impracticable. En los días siguientes, el trigo y el maíz cotizados en Chicago subieron entre un 4 % y un 5 %.
No fue un episodio aislado. Es el síntoma más visible de algo que los organismos internacionales llevan meses describiendo con creciente inquietud: por primera vez desde 2022, varios cuellos de botella del sistema alimentario mundial se han estrechado a la vez. Y, a diferencia de entonces, ninguno basta por sí solo para provocar una crisis; el problema es que se refuerzan mutuamente.
El termómetro ya se ha movido
El índice FAO de precios de los alimentos —la referencia mundial que elabora la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura— cerró julio en 131,1 puntos, un 0,6 % más que en junio y su registro más alto desde enero de 2023. La subida no fue espectacular en el conjunto, pero sí en el detalle: el subíndice de cereales avanzó un 3,4 % en un mes y acumula un 6,9 % interanual, con el trigo disparado un 5,8 % solo en julio. Los aceites vegetales están un 17,3 % más caros que hace un año y tocaron su nivel más alto desde junio de 2022. La carne y los lácteos, en cambio, bajaron.
Conviene poner esa cifra en contexto, porque es justo lo que suele faltar en los titulares alarmistas: el índice sigue 29,1 puntos por debajo del pico de marzo de 2022, un 18,2 % menos. No estamos en la crisis alimentaria que siguió a la invasión de Ucrania. Lo que hay es otra cosa y, en cierto modo, más difícil de gestionar. Lo resumió Máximo Torero, economista jefe de la FAO, en declaraciones a Reuters: las guerras de Irán y de Ucrania, sumadas a El Niño, componen una tormenta perfecta de costes más altos y rendimientos más bajos, y los precios se acelerarán a final de año y en 2027.
Mar Negro: no falta grano, falta forma de sacarlo
El primer foco es el más antiguo y el más conocido. Rusia y Ucrania concentran en torno al 30 % del comercio mundial de trigo —el USDA lo cifra en el 27,4 % de las exportaciones de 2025/26 y el IFPRI, en el 32 % del comercio—, además del 15,8 % de la cebada, el 12,5 % del maíz y un abrumador 61,5 % del aceite de girasol.
La clave, y esto es lo que distingue 2026 de 2022, es que el problema no está en el campo, sino en el muelle. Las cosechas rusa y ucraniana son razonables. Lo que ha colapsado es la logística. Desde mediados de julio, Ucrania ha intensificado los ataques contra buques e infraestructura portuaria en el mar de Azov y el estrecho de Kerch, y Rusia ha respondido golpeando Odesa, Chornomorsk y Pivdenni, los tres puertos de aguas profundas por los que pasa el 90 % de la exportación agraria ucraniana.
El resultado es medible. Solo en julio se contabilizaron 57 ataques contra buques y 67 contra instalaciones portuarias, frente a los 14 ataques a barcos registrados en todo 2025. Los envíos totales de grano por el mar Negro cayeron a finales de julio más de un 40 % respecto a un año antes, según los datos que maneja Joseph Glauber, investigador emérito del IFPRI y ex economista jefe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. El Ministerio de Política Agraria de Ucrania ha recortado su previsión de exportaciones agrarias para 2026/27 de 64,4 a 29,6 millones de toneladas: menos de la mitad. La de trigo baja de 17,6 a 8,3 millones.
Ni Moscú ni Kiev tienen salidas cómodas. Rusia mueve más del 80 % de su grano por los mares de Azov y Negro, y sus puertos del Báltico y el Ártico están lejos de las zonas productoras y carecen de instalaciones de carga suficientes. Ucrania puede volver a los «corredores solidarios» por tierra hacia Rumanía y Polonia, pero eso significa costes muy superiores, colas de miles de camiones en la frontera polaca y una fricción política con los agricultores del este de la UE que ya estalló en 2023. Y este verano hay un obstáculo añadido: el Danubio baja bajo de agua.
La sequía europea, el factor que nadie tenía en la hoja de cálculo en enero
Según los datos recogidos por Euractiv, la sequía de este verano ha afectado a cerca del 38 % del territorio de la Unión Europea, con el 14,8 % de la tierra cultivable y el 14,5 % de la superficie forestal bajo estrés hídrico. España, Portugal, Francia, Italia y Grecia son los países más castigados.
La traducción en toneladas es contundente. Coceral, la patronal europea del comercio de cereales y oleaginosas, publicó en julio una revisión extraordinaria a la baja: la cosecha conjunta de la UE-27 y el Reino Unido pasa de una previsión de 295,5 millones de toneladas a 286,6 millones, muy lejos de los 310 millones recolectados en 2025. El USDA calcula que el trigo comunitario cae un 7,5 %, de 145,1 a 134,2 millones de toneladas, y que el maíz se hunde hasta 50,2 millones, su nivel más bajo en casi dos décadas. Alemania perderá en torno a un 7 % de su cosecha, según la Asociación de Agricultores Alemanes.
Y el problema europeo no se queda en Europa. La UE es un exportador neto de trigo: cuando su cosecha se encoge, no solo compra más fuera, sino que deja de aliviar el mercado internacional justo cuando el mar Negro falla.
Ormuz: la crisis que no se ve en el plato, sino en el saco de abono
El tercer foco es el menos intuitivo y quizá el más persistente. El estrecho de Ormuz, la salida del golfo Pérsico, quedó cerrado de hecho el 28 de febrero de 2026 con el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Hubo una reapertura parcial durante el alto el fuego de primavera, pero los combates se reanudaron el 8 de julio y el tráfico volvió a desplomarse: a mediados de agosto transitaban entre ocho y doce buques diarios, cuando antes de la guerra pasaban a diario unos veinte millones de barriles de petróleo. Teherán negocia con Omán una ruta segura «temporal».
Por ahí no pasa comida: pasan los insumos que la producen. El golfo Pérsico mueve alrededor del 40 % de la urea que se comercia por mar y el 44 % del azufre marítimo, materia prima del fosfato. Cuando el estrecho se cerró, la urea se disparó de unos 400 dólares por tonelada a más de 850 en abril; con la reapertura parcial volvió a 453 dólares en junio, según el análisis de la Organización Mundial del Comercio. Pero el fosfato diamónico apenas ha cedido —de 580 a unos 770 dólares— porque solo cinco países controlan ese mercado y China mantiene restringidas sus exportaciones.
Oxford Economics resume el efecto: prevé que los fertilizantes se encarezcan un 22 % en 2026 y constata que el diésel mundial subió un 36 % interanual en julio. Según Tomas Dvorak, economista sénior de la consultora, el mayor impacto sobre los precios de los alimentos procede precisamente de ahí: del petróleo, el gas natural y los fertilizantes, no del grano en sí. Es un encarecimiento que entra en la cadena por arriba y tarda una campaña entera en aparecer en el lineal.
El Niño: el riesgo que todavía no ha llegado
El cuarto factor aún no ha hecho daño, pero está cargado. La Organización Meteorológica Mundial confirmó en agosto que El Niño se intensifica hasta convertirse en un episodio fuerte durante el trimestre agosto-octubre, con anomalías de temperatura superficial del mar por encima de 2,9 grados en las zonas de vigilancia y con un dipolo positivo del océano Índico que amplifica sus efectos. El Centro de Predicción Climática de la NOAA estadounidense va más lejos: mantiene un aviso activo y da más de un 90 % de probabilidad de un episodio «muy fuerte» en el otoño y el invierno de 2026-27.
Lo relevante para la comida es el calendario. El monzón del sur de Asia apunta a ser inferior a la media; la temporada de lluvias del sur de África, que arranca en octubre, entra con riesgo alto de sequía, y Centroamérica y el Caribe afrontan una siembra seca. Como El Niño suele desplegar su mayor efecto sobre la temperatura global en su segundo año, lo peor de este episodio caería en 2027, justo cuando el encarecimiento de los fertilizantes de 2026 se esté notando en los rendimientos.
Cuándo se notará en el supermercado
Aquí está el dato que interesa al lector y que casi nunca aparece en las notas oficiales. Los precios internacionales de las materias primas no se trasladan de golpe al precio de la compra. Oxford Economics estima que los alimentos subirán un 11,8 % a escala mundial en 2026 y un 4,8 % en 2027 —por debajo del 14,2 % de 2022—, con estos plazos:
- Fresco (fruta y verdura): dos o tres meses. Es decir, entre octubre y noviembre de 2026.
- Procesado (pan, pasta, galletas, queso, aceite, vino): de seis a nueve meses. El pico llegaría entre febrero y mayo de 2027.
- Carne: impacto menor, aunque el encarecimiento del pienso acabará pesando.
El trigo es el cultivo más expuesto porque es muy intensivo en fertilizante: la consultora calcula que podría llegar a 6,92 dólares por búshel —unos 27 kilos— en el tercer trimestre, un 36 % más que hace un año. Y avisa de un riesgo al alza: Jed Cartledge, economista de materias primas agrícolas de Oxford Economics, sostiene que el efecto completo de los ataques en el mar Negro aún se está manifestando.
España: menos cosecha, más dependencia y una paradoja
España llega a esta coyuntura en mal momento. La segunda estimación de Cooperativas Agro-alimentarias de España, difundida el 15 de julio, rebajó la cosecha nacional de cereal a 18,6 millones de toneladas, casi dos millones menos que su propio aforo de mayo y muy lejos de los 26,6 millones de la excepcional campaña de 2025. El trigo blando cae un 36 % y la cebada, un 32 %. La Agencia Estatal de Meteorología explica por qué: la temperatura media peninsular estuvo 3,2 grados por encima de lo normal en primavera y llovió solo el 39 % de lo habitual, justo cuando el grano se estaba llenando.
Con un consumo interno de 37,7 millones de toneladas —tres cuartas partes destinadas a pienso—, España compra fuera el 43 % del cereal que consume, y cerca del 80 % de las oleaginosas. Eso convierte al país en un tomador de precios: cada tensión en el mar Negro se paga aquí casi en tiempo real, y la traslada la ganadería antes que nadie.
En Castilla-La Mancha la cosecha cae en torno a un 20 %, hasta 3,5 millones de toneladas, con comarcas que pierden entre el 20 % y el 40 %. Guadalajara se sitúa claramente por debajo de la campaña anterior, según ASAJA Castilla-La Mancha, con la recolección arrancando cuando en el resto de la región ya estaba avanzada. Es la campiña que rodea al Corredor del Henares.
Y aquí aparece la paradoja que ninguna de las fuentes internacionales recoge: el agricultor español no está ganando con esta subida. Las organizaciones agrarias denuncian que los costes de producción han crecido en torno a un 30 % en los últimos años mientras las cotizaciones del cereal siguen estancadas —el trigo blando ronda los 210 euros por tonelada y el maíz, los 220—, muy por debajo de los casi 500 euros de 2022. Se cosecha menos, se produce más caro y se vende a precios de hace tres décadas. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación desplegó un Plan Integral de Respuesta a la Crisis de Oriente Medio dotado con 1.107 millones de euros, de los que 665 millones compensan el encarecimiento de los fertilizantes; el primer listado de beneficiarios, del 6 de julio, reparte más de 607 millones entre 424.593 agricultores.
Lo que ya se nota en el IPC
El índice de precios de consumo de julio, publicado por el Instituto Nacional de Estadística el 13 de agosto, situó la inflación general en el 3,6 % anual, cuatro décimas por encima de junio, con la subyacente en el 3,0 %. En la cesta, los mayores encarecimientos interanuales fueron las bayas frescas (+17,2 %), los cítricos (+15,5 %), los huevos (+13,4 %) y el pescado fresco, refrigerado o congelado (+7,7 %). Son productos sensibles al calor y al coste energético, no al trigo: la parte cerealista de la factura todavía está por llegar.
LAS CIFRAS PARA SEGUIR ESTA HISTORIA
- Índice FAO de precios de los alimentos. Se publica el primer viernes de cada mes; el dato de agosto, el 4 de septiembre.
- Informe WASDE del USDA. Estimaciones mensuales de oferta y demanda mundial de grano.
- Actualización de El Niño de la OMM y aviso ENSO de la NOAA. Mensuales.
- IPC del INE. Dato adelantado de agosto, el 29 de agosto; definitivo, el 12 de septiembre.
- Aforos de cosecha del MAPA y de Cooperativas Agro-alimentarias. Cierre de campaña en otoño.
Qué viene ahora
Hay dos palancas diplomáticas sobre la mesa y ambas miran al mismo precedente. El secretario general de Naciones Unidas creó en marzo un grupo de trabajo específico para facilitar el comercio de fertilizantes y el acceso humanitario a través de Ormuz, tomando como modelo la Iniciativa del Mar Negro de 2022, que llegó a mover 33 millones de toneladas de grano ucraniano y contribuyó a desinflar los precios un 23 %. La Unión Europea defiende el mismo esquema: su enviado especial para el Golfo, Luigi Di Maio, ha pedido públicamente replicar el acuerdo del grano para desbloquear el estrecho.
De momento, ninguna de las dos ha cuajado. Mientras tanto, tres fechas marcarán el otoño: el dato FAO de agosto, el 4 de septiembre; la evolución del alto el fuego en Ormuz y de la negociación iranoomaní sobre una ruta segura, y el arranque en octubre de la temporada de lluvias del sur de África bajo un El Niño ya declarado fuerte. Si las tres salen mal a la vez, el pico de precios que Oxford Economics sitúa en la primavera de 2027 llegará antes y será más alto.
Fuentes: Euractiv; Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (índice de precios de julio de 2026); IFPRI (Joseph Glauber, 3 de agosto de 2026); Departamento de Agricultura de Estados Unidos; Coceral; Copa-Cogeca; Organización Mundial del Comercio; Oxford Economics, vía Euronews Business; Organización Meteorológica Mundial; Centro de Predicción Climática de la NOAA; Cooperativas Agro-alimentarias de España; ASAJA Castilla-La Mancha; Agencia Estatal de Meteorología; Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación; Instituto Nacional de Estadística; International Rescue Committee; Servicio Europeo de Acción Exterior.