Un estudio global documenta el desplazamiento de 1.758 especies de mariposas: el 79% se vincula al clima y a los extremos meteorológicos.
Alcalá de Henares, 30 de agosto de 2026
Una mariposa africana apareció el pasado junio a 1.200 metros en la sierra de Guadarrama. No fue una rareza: un estudio global en Nature Ecology & Evolution documenta que una de cada diez especies de mariposas conocidas ya ha movido su territorio.
Las claves
- 1.758 especies de 105 países han cambiado su área de distribución: una de cada diez de las mariposas descritas en el mundo.
- El 79% de esos movimientos se atribuye al clima y a los fenómenos meteorológicos extremos, aunque quien manda en las retiradas es el uso del suelo.
- Amplían más de lo que se retiran, pero eso no es una buena noticia: donde peor se mide es justo donde más especies hay, en los trópicos.
El 30 de junio de 2025, en un pastizal de montaña de Cercedilla, a 1.200 metros de altitud, unos naturalistas fotografiaron una hembra de Colotis evagore, la mariposa alcaparrera. Es una especie termófila del norte de África y Oriente Próximo cuyas orugas comen alcaparra, una planta que allí arriba no existe. Era el primer registro de la especie en la Comunidad de Madrid y el más interior y noroccidental conocido en Europa, y coincidió con el junio más cálido desde que hay registros en España.
Aquel bicho perdido en la sierra es un caso concreto de un fenómeno que la ciencia acaba de medir a escala planetaria. El 5 de agosto de 2026, la revista Nature Ecology & Evolution publicó el mayor recuento hecho hasta ahora sobre cómo se están moviendo las mariposas por el mundo. La respuesta corta: mucho, en varias direcciones a la vez y, sobre todo, de forma muy desigualmente vigilada.
¿Cómo sabemos que las mariposas están en movimiento?
El trabajo, coordinado por Shawan Chowdhury, investigador del Centro Alemán de Investigación Integrativa de la Biodiversidad, y firmado por casi un centenar de especialistas, no salió a contar mariposas al campo. Hizo algo distinto: reunió y ordenó todo lo que ya se había observado, que estaba disperso en publicaciones de medio mundo.
El resultado son 6.182 registros de desplazamiento procedentes de 567 estudios publicados desde 1991 y de 68 evaluaciones de expertos de 49 países, muchos de ellos con décadas de trabajo de campo a las espaldas.
La parte más interesante del método es la que casi nadie hace: rastrear la literatura científica en quince idiomas, no solo en inglés, y bucear en buscadores locales y en revistas regionales que no están indexadas internacionalmente. Los propios autores demuestran por qué importa. Si se hubieran quedado solo con lo publicado en inglés, la foto habría salido sesgada: las fuentes en inglés sobrerrepresentan las expansiones y ocultan las retiradas, mientras que las evaluaciones de los expertos hacen justo lo contrario.
Los tres tipos de movimiento que mide el estudio
- Expansión horizontal. La especie aparece donde antes no estaba: normalmente más al norte, en latitudes que se han vuelto habitables. Registrada en 1.427 especies de 97 países.
- Contracción horizontal. Desaparece de la parte cálida o degradada de su territorio. Registrada en 480 especies, pero solo de 27 países.
- Desplazamiento altitudinal. Sube o baja por la ladera de una montaña buscando su temperatura. Registrado en 381 especies de apenas 18 países.
¿Adónde van y por qué?
La dirección dominante es la previsible: hacia los polos y hacia arriba. El 80% de las especies del conjunto de datos amplía su área, siguiendo el avance de las isotermas hacia latitudes y altitudes que antes eran demasiado frías.
Pero el estudio insiste en un matiz que se pierde en los titulares: el movimiento no es un desfile ordenado hacia el norte. Un 27% de las especies encoge su territorio y un 22% se mueve en altitud. Y 409 especies, casi una cuarta parte, acumulan varios tipos de movimiento a la vez: ganan terreno por un lado mientras lo pierden por otro. La mariposa del majuelo, Aporia crataegi, se expandió y se contrajo simultáneamente dentro de Andorra.
Hay otro contraste geográfico revelador. En Europa los registros están razonablemente repartidos entre expansiones (41,3%), contracciones (37,4%) y movimientos altitudinales (21,3%). En los trópicos, el 80,3% de lo registrado son expansiones. Los autores advierten de que eso probablemente no describe la realidad tropical, sino la realidad de quien la mira: es mucho más fácil publicar la aparición de una especie nueva en un sitio que demostrar que otra ha dejado de estar.
Un dato incómodo para las montañas
Dos de cada tres especies de mariposas del mundo viven principalmente en zonas montañosas, donde se concentran la diversidad, el endemismo y las especies con áreas de distribución pequeñas. Son las que menos margen tienen: subir por una ladera funciona hasta que se acaba la ladera. Un análisis anterior del mismo grupo de revistas calculó que la superficie térmicamente adecuada para las mariposas podría reducirse hasta un 64% en 2100, incluso suponiendo que puedan dispersarse libremente.
¿El cambio puede llegar rápido?
Sí, y la alcaparrera de Cercedilla lo demuestra: una ola de calor basta para poner a una especie a cientos de kilómetros de su casa en cuestión de días. Las mariposas tienen ciclos vitales cortos, ponen muchos huevos y algunas vuelan distancias enormes, así que responden antes que un árbol o que un mamífero. Por eso se usan como sistema de alerta temprana.
Ahora bien, aparecer no es lo mismo que instalarse. Aquella hembra estaba en un pastizal sin su planta nutricia: pudo llegar, pero allí no puede criar. Y ahí está la trampa del fenómeno. El clima se mueve más deprisa que los seres vivos, y la diferencia entre ambos tiene nombre técnico: deuda climática.
El mejor ejemplo español está a media hora del Corredor del Henares. Un equipo de la Universidad Rey Juan Carlos y del Museo Nacional de Ciencias Naturales llevaba cuatro décadas siguiendo las mariposas de la sierra de Guadarrama. En ese tiempo, la composición de las comunidades cambió lo equivalente a un ascenso de unos 160 metros. Las isotermas, mientras tanto, habían subido 307 metros. Las mariposas van, literalmente, con la mitad del retraso acumulado.
Por qué se quedan atrás: dos frenos
El amortiguamiento microclimático. Un bosque denso, una umbría o un barranco húmedo mantienen temperaturas más frescas que el aire libre y actúan como refugio. La especie aguanta ahí más tiempo del que le correspondería por el termómetro regional.
La limitación de la dispersión. Aunque el clima ya sea favorable un poco más arriba o más al norte, la colonización fracasa si por el camino no hay planta nutricia, si el hábitat está fragmentado o si el trecho entre una mancha de vegetación y la siguiente es demasiado largo.
¿Qué está provocando el cambio?
De las 352 especies para las que el estudio pudo identificar causas, 278 aparecen asociadas a la categoría «cambio climático y meteorología severa». Es, con diferencia, el factor más citado, y lo es en casi todos los continentes.
Pero el detalle cambia la lectura, y conviene no simplificarlo. El clima explica sobre todo las expansiones (163 especies) y los movimientos en altitud (61). Cuando lo que se mira son las retiradas, los primeros responsables son otros: la agricultura y las intrusiones humanas, ligadas a 143 especies. Es decir, el calentamiento abre puertas por arriba, pero quien cierra las de abajo es el uso del suelo.
Los ejemplos que recoge el trabajo son muy concretos. Boloria aquilonaris perdió buena parte de su hábitat en Alemania por el drenaje de turberas. Colias myrmidone se desplomó en Rumanía por la homogeneización del paisaje agrícola. Y no todo es clima ni agricultura: en Estados Unidos, la llegada de la Pieris rapae europea provocó el retroceso drástico de la nativa Pieris oleracea.
¿Por qué esto importa?
Porque las mariposas polinizan, alimentan a las aves y sirven de termómetro de la salud de un ecosistema, y porque lo que les pasa a ellas suele estar pasándoles a muchos otros insectos que nadie cuenta.
El aviso más serio llegó en 2025 desde Estados Unidos: un análisis publicado en Science, con 12,6 millones de observaciones de 554 especies, calculó que la abundancia total de mariposas cayó un 22% entre 2000 y 2020, a un ritmo del 1,3% anual. Más de un centenar de especies perdieron más de la mitad de sus efectivos y veintidós superaron el 90% de pérdida. Había trece especies en descenso por cada una en aumento.
La segunda razón es de gestión, y es la que debería interesar a quien diseña espacios protegidos. El 76% de las especies de insectos está insuficientemente representado en la red mundial de áreas protegidas, cifra que sube al 85% en el caso de las mariposas migradoras. Y las figuras de protección se dibujaron sobre mapas fijos, para especies que ya no están donde estaban. Si el territorio de una mariposa se mueve y el límite del parque no, la protección se queda vacía.
Lo que el estudio no dice
Conviene leerlo con la misma cautela con la que está escrito. El trabajo no mide cuántos kilómetros ni a qué velocidad se mueve cada especie: cuenta cuántas veces se ha documentado un desplazamiento, que no es lo mismo. Los propios autores advierten de que sus porcentajes describen el estado de la evidencia disponible, no tasas absolutas de cambio.
Tampoco es un mapa del planeta, sino de dónde hay gente contando mariposas. El 65% de las especies aparece con un único registro, de un solo estudio y un solo país. Solo 94 especies, el 5%, superan los diez registros independientes. Y de un tercio de todas las mariposas del mundo no existe ni una sola cita de presencia documentada. Centro de África, sudeste asiático, Nueva Guinea y la cuenca del Amazonas siguen siendo agujeros negros.
España, entre los países mejor vigilados
En el reparto por países, España figura entre los cinco europeos con registros de desplazamiento para al menos la mitad de su fauna de mariposas, junto a Chequia, Finlandia, Luxemburgo y Suecia. No es porque aquí se muevan más, sino porque aquí hay quien lo mira: programas de seguimiento con décadas de continuidad y una red de voluntarios que recorre transectos cada quince días.
Entre los firmantes del estudio hay dos nombres del ámbito ibérico y pirenaico: Yeray Monasterio, presidente de la Asociación Española para la Protección de las Mariposas y su Medio (ZERYNTHIA), y los investigadores andorranos Roger Caritg y Clara Pladevall. Monasterio firma también, con Andrés Campos y Carmen Romero, el artículo que documentó la alcaparrera de Cercedilla.
Ese contraste resume el problema de fondo. Chequia aparece con registros de expansión para el 84% de sus especies desplazadas y Suecia con contracciones para el 85%, mientras en la mayoría de los países del mundo hay datos para menos del 10% de su fauna. La conclusión de los autores es incómoda: si las retiradas y los ascensos de ladera no se documentan en los trópicos, estaremos subestimando gravemente la vulnerabilidad de las mariposas tropicales, que son las que viven más cerca de su límite térmico.
Cómo participar en el recuento
- BMS España. El programa de seguimiento de mariposas diurnas, integrado en la red europea eBMS, funciona con voluntarios que repiten un recorrido fijo con una metodología común. Información y protocolo en butterfly-monitoring.net.
- Asociación ZERYNTHIA. Coordina el seguimiento de mariposas diurnas y nocturnas, imparte talleres de identificación y mantiene una red de microrreservas mediante acuerdos de custodia del territorio: asociacion-zerynthia.org.
- Ciencia ciudadana. Las fotografías subidas a plataformas como iNaturalist alimentan bases de datos internacionales. El estudio subraya su valor, pero también su límite: sirven para detectar novedades, no para medir tendencias, porque el esfuerzo de observación no es homogéneo. Su potencia aparece cuando se combinan con seguimientos estandarizados.
- Qué anotar. Fecha, lugar exacto, altitud y una foto que permita identificar la especie. Las citas fuera del área habitual, como la de Cercedilla, son precisamente las que acaban en la literatura científica.
Qué viene ahora
Los autores proponen tres pasos: ampliar el seguimiento a las regiones sin datos, integrar la ciencia ciudadana y el conocimiento local con protocolos comparables, e incorporar el movimiento de las especies a la planificación de los espacios protegidos, que hoy se diseñan sobre mapas estáticos.
Queda pendiente la pregunta que este trabajo no podía responder: a qué velocidad exacta se mueve cada especie. El propio equipo anuncia que su siguiente paso es recopilar datos brutos de distribución para cuantificar la magnitud y la dirección de los desplazamientos. Mientras tanto, en la sierra de Guadarrama los transectos siguen repitiéndose cada quince días, de marzo a octubre, entre los 600 y los 2.300 metros.
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Fuentes consultadas
- Chowdhury, S. et al. (2026). «Extensive climate-induced range shifts in butterflies across the globe». Nature Ecology & Evolution, 5 de agosto de 2026. Acceso abierto: doi.org/10.1038/s41559-026-03117-y. De aquí proceden todas las cifras del recuento global, el reparto por tipos de desplazamiento, la atribución de causas y los datos por países.
- Monasterio, Y., Campos, A. y Romero, C. (2025). «Dispersión hacia el interior peninsular de Colotis evagore: primer registro para la Comunidad de Madrid». Arquivos Entomolóxicos, 33: 33-36.
- Edwards, C. et al. (2025). Análisis del declive de las mariposas en Estados Unidos, publicado en Science: 12,6 millones de observaciones, 554 especies, caída del 22% entre 2000 y 2020.
- Universidad Rey Juan Carlos y Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Trabajos de David Gutiérrez y Robert J. Wilson sobre el ascenso altitudinal y la fenología de las mariposas de la sierra de Guadarrama, difundidos por la URJC y la Agencia SINC.
- Pinkert, S. et al. (2025). «Global hotspots of butterfly diversity are threatened in a warming world», Nature Ecology & Evolution, para la proyección de pérdida de superficie térmicamente adecuada.
- BMS España (eBMS) y Asociación ZERYNTHIA, para los datos sobre programas de seguimiento en España.

