El cambio climático ha añadido unos 2 °C al Mediterráneo este verano. Un mar así no crea DANAs, pero puede multiplicar su fuerza en otoño.
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| Las olas rompen sobre el rompeolas en Newhaven, Inglaterra, en 2024. Fotógrafo: Dan Kitwood/Getty Images |
El Mediterráneo llega al otoño con 2 °C de más puestos por el cambio climático: qué significa para las tormentas
Alcalá de Henares, 19 de agosto de 2026
Una boya frente a sa Dragonera, en Baleares, midió este mes 33,02 °C de temperatura del agua. Es un baño a temperatura de piscina climatizada y, según el estudio publicado este miércoles por World Weather Attribution, el resultado directo de la quema de combustibles fósiles. La consecuencia práctica llega en otoño.
- El cambio climático ha añadido unos 2 °C al Mediterráneo este verano, por encima incluso del calentamiento global medio, que es de 1,4 °C.
- Un mar caliente no fabrica DANAs, pero sí las carga: aumenta la evaporación y, con ella, el combustible disponible para las lluvias torrenciales del otoño.
- En el Mediterráneo occidental y oriental el episodio habría sido "virtualmente imposible" en un clima preindustrial. En el resto de regiones estudiadas, muy raro.
Un mar que ya no se parece al de hace treinta años
El estudio lo firman investigadores de Suiza, Suecia, Estados Unidos, Irlanda y Reino Unido bajo el paraguas de World Weather Attribution (WWA), el grupo que aplica métodos revisados por pares para calcular, en cuestión de días, cuánto ha influido el cambio climático en un fenómeno concreto.
Los científicos analizaron cuatro regiones marinas: los mares Célticos (mar de Irlanda, canal de la Mancha, canal de Bristol y aguas del oeste de Escocia), el golfo de Vizcaya y la península ibérica, el Mediterráneo occidental —cuenca occidental, mar de Alborán, mar Balear, mar de Liguria y mar Tirreno— y el Mediterráneo oriental, con el Adriático, el Jónico y el Egeo.
El método consiste en tomar el periodo de catorce días más cálido del año y el de julio, y comparar el mundo real con simulaciones de un clima sin la influencia humana. Los resultados:
- En el Mediterráneo occidental, las temperaturas han subido 3,1 °C respecto al periodo de referencia; en el oriental, 2,6 °C. Ambas cifras superan con holgura el calentamiento global.
- En el golfo de Vizcaya y la península ibérica, el aumento es de 1,5 °C; en los mares Célticos, de 1,2 °C.
- Descontando la variabilidad natural, la parte atribuible al cambio climático es de unos 2 °C en las dos regiones mediterráneas, 1,4 °C en aguas ibéricas y 1,3 °C en las célticas.
- En julio el ritmo es todavía mayor: el aumento va de 1,5 °C en los mares Célticos a 3,4 °C en el Mediterráneo occidental.
Hay un matiz metodológico que conviene subrayar porque juega en contra del alarmismo y a favor de la solidez del dato: los modelos climáticos se quedan cortos frente a lo observado en todas las regiones salvo la céltica. Los autores consideran por eso que su estimación mediterránea es conservadora: el calentamiento real podría ser mayor que el que atribuyen.
Lo que dicen los científicos
"Desde las aguas atlánticas frente a Irlanda hasta el mar Mediterráneo, los mares de Europa están experimentando un aumento alarmante de las temperaturas", resumió Thomas Frölicher, físico ambiental de la Universidad de Berna, en la capital suiza, y coautor del estudio. Su lectura no deja margen: el motor es el cambio climático y, en particular, la quema continuada de combustibles fósiles.
Catherine Gregory, investigadora de la Universidad de Berna y coautora del informe, apunta al efecto que más va a notarse en tierra: "Cuando tenemos temperaturas superficiales muy cálidas, aporta energía adicional a las tormentas para que puedan durar mucho más tiempo". Se trata, reconoce, de un área de investigación reciente, pero "probablemente sea uno de los impactos más importantes cuando hablamos de cómo las olas de calor marinas afectan a los humanos".
Claire Bergin, climatóloga de la Universidad de Maynooth (Irlanda) y coautora del trabajo, añade el otro extremo de la cadena: el fenómeno puede "remodelar por completo los ecosistemas de los que dependen las comunidades costeras para alimentarse y obtener ingresos".
Por qué esto importa para el otoño español
Aquí conviene ser preciso, porque es donde más se simplifica.
Un mar excepcionalmente cálido no genera más DANAs. Lo que hace es cambiar su potencia. El agua caliente evapora más, el aire acumula más vapor y ese vapor es el combustible de la tormenta. Cuando en septiembre u octubre llega una depresión aislada en niveles altos —la gota fría de toda la vida— y se encuentra un Mediterráneo cargado, el mismo sistema que en un año normal dejaría un chaparrón puede descargar precipitaciones torrenciales.
Para que eso ocurra hacen falta además otras condiciones: aire frío en altura y poca cizalladura del viento. Sin ellas, el mar caliente no basta. La imagen que utilizan los meteorólogos es la de una batería: el Mediterráneo está cargado al máximo, pero necesita que algo cierre el circuito.
El precedente es reciente y doloroso. La DANA del 29 de octubre de 2024, que dejó 229 muertos en la Comunitat Valenciana y un récord de 771 mm en Turís, se produjo con una configuración atmosférica clásica. Lo que la volvió extraordinaria fue la temperatura anómala del mar: un trabajo publicado en Cuadernos de Geografía de la Universitat de València atribuye su virulencia a una tendencia sostenida de calentamiento otoñal de +1,44 °C en cuatro décadas, que generó un récord histórico de humedad para un mes de octubre. El propio informe de WWA cita esas inundaciones como ejemplo del vínculo.
Este año los registros son peores. Además de los 33,02 °C de sa Dragonera —el valor más alto medido en España—, el agua frente a Valencia ha estado en torno a 28,6 °C, unos 4 °C por encima de lo normal. Y el Mediterráneo promedió cerca de 27 °C durante julio, su media mensual más alta registrada.
Lo que ya está pasando bajo el agua
El informe dedica su parte más extensa a los efectos ecológicos, que no son una proyección sino una constatación:
- Mortandades masivas de especies que forman hábitat —corales, esponjas y macroalgas—, cuya desaparición arrastra al resto de la cadena trófica: invertebrados, peces, aves marinas y mamíferos.
- Desplazamiento de especies hacia el norte en busca de aguas más frías, con efectos sobre la pesca costera y la acuicultura. En aguas británicas se ha registrado una proliferación de pulpos desde abril; en el Mediterráneo aparecen especies nuevas como el pez globo.
- Alteración de las redes alimentarias: se ha documentado a delfines alimentándose de medusas ante la escasez de sus presas habituales, como la caballa.
- Especial vulnerabilidad de las especies bentónicas y demersales, las que viven en el fondo y no pueden desplazarse a aguas más frescas.
Las olas de calor marinas —definidas como superar el percentil 90 local durante al menos cinco días— también se han generalizado. En el Mediterráneo occidental afectaron este año al 80 % de la superficie, frente al 40 % que habrían afectado en un clima 1,4 °C más frío. En el oriental el salto es aún mayor: del 9 % al 70 %.
Y sobre la tierra firme
El mar caliente calienta el aire y lo carga de humedad. Eso se traduce en la costa en mínimas nocturnas más altas y más bochorno, la combinación que más agrava el estrés térmico y más castiga a mayores y enfermos crónicos.
El contexto sanitario del verano europeo ya es grave. Un estudio del Imperial College de Londres, la Met Office y la London School of Hygiene and Tropical Medicine estimó en más de 10.000 las muertes adicionales por las olas de calor de mayo y junio en Europa. En España, el sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III contabilizó 2.056 fallecimientos atribuibles al calor entre el 15 de mayo y el 12 de julio, casi el doble que en el mismo periodo del año anterior. Para el conjunto del verano circulan estimaciones que elevan la cifra europea al entorno de las 25.000 muertes, citadas entre otros por la agencia Bloomberg, que conviene manejar como aproximación provisional.
A eso se suman dos riesgos específicos del agua caliente que señala el informe: el aviso del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) sobre el aumento de enfermedades transmitidas por el agua como la vibriosis durante periodos prolongados de calor, y la proliferación de medusas, favorecida por la expansión de zonas con poco oxígeno, con el consiguiente efecto sobre el turismo de playa y los cierres puntuales de arenales.
Una cifra que conviene matizar
Se repite estos días que el Mediterráneo se calienta "el doble de rápido" que el resto de los océanos. La afirmación es correcta referida a los extremos de verano: 3,1 °C de aumento en el Mediterráneo occidental frente a 1,4 °C de calentamiento global.
Para la media anual, el panel científico MedECC sitúa el ritmo mediterráneo en torno a un 20 % por encima de la media global. Son dos cifras distintas que miden cosas distintas, y confundirlas resta credibilidad a un diagnóstico que no la necesita.
Cuánto peor puede ponerse
Los autores repitieron el cálculo para un mundo 1,4 °C más caliente que el actual —2,8 °C sobre niveles preindustriales, la trayectoria hacia la que apunta el final de siglo—. En ese escenario, un episodio como el de 2026 sería entre 1,3 y 1,9 °C más caliente todavía.
Su conclusión es explícita y va más allá de lo habitual en este tipo de informes: esas temperaturas superan lo que muchas especies pueden tolerar, lo que marca "fuertes límites a la adaptación". La adaptación —reducir otras presiones sobre los ecosistemas, proteger hábitats, ajustar la gestión pesquera, mejorar la vigilancia y los sistemas de alerta temprana— puede reducir la vulnerabilidad, pero no compensa el calentamiento continuado.
Datos de servicio
Dónde seguir la temperatura del mar. El servicio marino de Copernicus (marine.copernicus.eu) publica el estado del océano; Puertos del Estado mantiene la red de boyas españolas con datos de temperatura superficial en tiempo real.
Avisos meteorológicos. Los avisos por lluvias y tormentas los emite AEMET (aemet.es), y las emergencias las gestionan los servicios de protección civil autonómicos a través del 112. Ante aviso naranja o rojo por lluvias, la recomendación básica es no acercarse a cauces, barrancos ni ramblas, no cruzar tramos inundados en vehículo y no aparcar en cauces secos.
Un mar a 30 °C no es inofensivo. Los baños prolongados en agua muy cálida reducen la capacidad del cuerpo para disipar calor. Ante heridas abiertas conviene evitar el baño en aguas cálidas y poco renovadas, por el riesgo de infección que ha señalado el ECDC.
El estudio completo está disponible en abierto con DOI 10.25560/132103. La ventana crítica para España se abre entre septiembre y noviembre, cuando el mar conserva el calor acumulado y empiezan a llegar las primeras irrupciones de aire frío en altura. No hay forma de predecir hoy si habrá un episodio extremo; sí de saber que, si lo hay, partirá con más energía disponible que en cualquier otoño registrado.
Fuentes: World Weather Attribution, "Climate change is driving unprecedented European ocean temperatures, with severe impacts for marine life" (19 de agosto de 2026); Servicio de Cambio Climático y Servicio Marino de Copernicus; Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades; Instituto de Salud Carlos III (sistema MoMo); Imperial College de Londres, Met Office y London School of Hygiene and Tropical Medicine; MedECC; Agosta Scarel y otros, Cuadernos de Geografía de la Universitat de València (2025); agencias Bloomberg y Reuters.

