Un mercante romano del siglo II-I a. C. con más de 500 ánforas Dressel 1A aparece intacto frente a Mazara del Vallo. Qué llevaba y por dónde iba.
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| Descubren cerámica romana antigua en un naufragio frente a la costa siciliana |
Un mercante romano con 500 ánforas emerge del Canal de Sicilia: radiografía del pecio de Mazara del Vallo
10 agosto 2026.- A 46 metros de profundidad y a solo tres millas de la costa suroccidental de Sicilia, un barco mercante hundido hace unos 2.100 años ha aparecido prácticamente intacto, con su cargamento todavía estibado sobre el fondo arenoso. El Ministerio de Cultura italiano lo ha presentado como uno de los hallazgos subacuáticos más relevantes de los últimos años. Esto es lo que se sabe —y lo que aún no— sobre el pecio de Mazara del Vallo.
Los datos confirmados
El comunicado oficial del Comando Carabinieri para la Tutela del Patrimonio Cultural, fechado el 8 de agosto de 2026 en Mazara del Vallo (provincia de Trapani), es escueto pero preciso. Sitúa el yacimiento a unas tres millas de la costa, a 46 metros de profundidad, y lo data presumiblemente entre los siglos II y I a. C.
Sobre el fondo se documentan:
- Centenares de ánforas, mayoritariamente del tipo Dressel 1A. El arqueólogo subacuático de la Soprintendenza del Mare Salvo Emma ha elevado la cifra a más de 500 ejemplares identificados en el levantamiento fotogramétrico.
- Dos cepos de ancla de plomo, de unos 1,70 metros de longitud, localizados en la zona de proa.
- Una estructura de plomo que el comunicado oficial no identifica y que Emma interpreta, con cautela, como una fistula —una tubería— probablemente perteneciente a la bomba de achique de la nave.
El dato que convierte el hallazgo en excepcional no es el número de ánforas, sino su disposición. Según la Soprintendenza, el pecio se encuentra en excelentes condiciones y reposa sobre el fondo "en asiento de navegación": es decir, se fue a pique sin volcar ni desmembrarse, y el cargamento conserva en buena medida su estiba original. Las primeras mediciones describen un montículo de unos 21 metros de largo, 6 de ancho y casi 2 de alto, una silueta que reverbera la extensión del casco sepultado debajo.
Cómo se encontró: un sondador, una anomalía y una denuncia
El hallazgo no procede de una campaña arqueológica, sino de dos apneístas: Giacomo De Mola —campeón del mundo de pesca en apnea en 2021 y vigente campeón italiano— e Igor Bisulli, instructor federal de la FIPSAS. Ambos prospectaban los fondos donde iba a celebrarse el Campeonato de Italia absoluto de pesca en apnea cuando el sondador dibujó lo que parecía una formación rocosa.
De Mola bajó a comprobarlo. Su relato, difundido en redes, describe una mancha oscura que al acercarse resultó ser una extensión inmensa de ánforas intactas. Dijo que le costaba explicar la sensación de ser de los primeros seres humanos en volver a ver ese lugar en casi veinte siglos.
Lo relevante desde el punto de vista patrimonial es lo que hicieron a continuación: contactaron con el experto en pecios Fabio Portella y denunciaron el yacimiento a la Soprintendenza del Mare de la Región Siciliana. Solo entonces se activó la inspección conjunta del Núcleo TPC de Palermo, la propia Soprintendenza y el Núcleo de Carabinieri Buceadores de Mesina, con apoyo de la patrullera de Trapani. En un Mediterráneo donde el expolio de pecios sigue siendo un negocio, la cadena "aficionado → especialista → administración" es tan noticiable como el barco.
Uno de los descubridores ha apuntado además una hipótesis que habrá que verificar: que temporales recientes, incluido el ciclón Harry, hubieran removido el sedimento dejando más expuesta parte de la carga.
A qué momento de la historia de Roma pertenece
El pecio es tardorrepublicano, no imperial. La horquilla de los siglos II-I a. C. lo sitúa en la fase más intensa de la expansión comercial itálica, después de la Segunda Guerra Púnica y del sometimiento de Cartago (146 a. C.), cuando Roma ya domina la práctica totalidad del Mediterráneo occidental.
Sicilia era entonces la primera provincia romana, un territorio agrícola y logístico central, escenario de las guerras serviles y, pocas décadas después, del expolio administrativo que Cicerón denunciaría en las Verrinas. Es también la época en que la piratería convirtió estas aguas en un problema de Estado, hasta la campaña de Pompeyo en el 67 a. C.
Dicho de otro modo: este barco navegó por un mar romano, pero todavía inseguro, en el momento en que el vino itálico se convirtió en el primer gran producto de exportación en masa de la Antigüedad.
Qué transportaban las ánforas: vino, casi con seguridad
Aquí conviene ser preciso, porque varios medios han deslizado que las Dressel 1A transportaban aceite de oliva. Es un error.
La Dressel 1 es el contenedor de transporte más característico de la Italia tardorrepublicana. Sus rasgos documentados son:
| Rasgo | Datos |
|---|---|
| Origen | Costa tirrénica centro-italiana: Etruria, Lacio y Campania, con numerosos alfares excavados |
| Cronología | Producción aproximada entre c. 140 y c. 10 a. C.; el paso de la variante 1A a la 1B se sitúa hacia el 70 a. C. |
| Dimensiones | En torno a 100-120 cm de altura y unos 30 cm de diámetro |
| Capacidad | Del orden de 25 litros por ánfora |
| Contenido | Vino, incluidos algunos de los caldos más célebres de la Antigüedad, como el falerno y el cécubo. Minoritariamente, defrutum (mosto reducido), aceitunas o frutos secos |
La escala del comercio que representan estas ánforas es difícil de exagerar. Las estimaciones al uso hablan de decenas de millones de ánforas descargadas en la Galia entre mediados del siglo II a. C. y el siguiente, y de más de sesenta pecios con carga Dressel 1 solo frente a las costas francesas. Detrás de ese flujo hay un modelo económico concreto: la villa esclavista itálica, con explotaciones como las de la familia Sestius en Cosa (Etruria), cuyas ánforas selladas SES aparecen por todo el occidente romano.
Que la variante dominante en Mazara sea la 1A —la más antigua de la serie— es coherente con la datación propuesta y apunta a la primera mitad de esa gran ola exportadora.
Con todo, la determinación del contenido exacto está pendiente. Solo el estudio tipológico, los eventuales sellos y tituli picti pintados sobre los cuellos y los análisis arqueométricos de residuos permitirán confirmar qué viajaba dentro. Existen precedentes de éxito: el contenido de un ánfora Dressel 1B intacta procedente de un pecio de hacia 100-90 a. C. hallado a 42 metros frente a Albenga fue analizado química y arqueobotánicamente, con resultados compatibles con un producto enológico elaborado con técnicas antiguas.
La ruta: la pista más interesante está en las ánforas "minoritarias"
Es el punto donde conviene más prudencia y, a la vez, el más sugerente.
Si la carga fuera exclusivamente Dressel 1A campana o etrusca, la lectura sería casi automática: un mercante cargado en un puerto tirrénico con destino a los grandes mercados del vino itálico. Fuentes citadas por Repubblica apuntan precisamente a una posible procedencia campana de las ánforas, dato preliminar que, de confirmarse, ayudaría a fijar la dirección del viaje.
Pero los descubridores han señalado también la presencia de otros tipos, y ese detalle cambia el cuadro: junto a las Dressel 1A habría ejemplares Lamboglia 2 —el ánfora vinaria del Adriático—, contenedores de probable origen norteafricano y al menos un ánfora neopúnica.
Si el estudio confirma esa carga mixta, el pecio dejaría de ser un simple transporte punto a punto para convertirse en algo más valioso: el testimonio de un circuito que enlazaba la Italia tirrénica, el Adriático y la costa africana, con escalas y cargas parciales acumuladas en varios puertos.
La geografía respalda esa lectura. Mazara del Vallo se asoma al Canal de Sicilia, el embudo que separa Sicilia de Túnez y por el que necesariamente pasaba todo el tráfico entre el Tirreno y África, entre Italia e Hispania por la ruta meridional, y entre el Mediterráneo occidental y el oriental. No es casualidad que estas mismas aguas devolvieran en 1998 el Sátiro danzante, el bronce helenístico recuperado por un pesquero mazarés que hoy se exhibe en la iglesia de Sant'Egidio.
Las hipótesis abiertas, por orden de plausibilidad decreciente:
- Ruta tirrénica hacia África o hacia el Mediterráneo oriental, con Mazara como punto de paso obligado del canal.
- Ruta de cabotaje de medio alcance con cargas recogidas en varias escalas, compatible con la mezcla tipológica.
- Ruta hacia Hispania o la Galia por el sur, menos frecuente que la ruta norte pero documentada.
Lo que ninguna autoridad ha afirmado todavía es el destino final ni la causa del naufragio. Y reconstruir el destino, como advierten los especialistas, suele ser lo más difícil de todo.
Por qué importa (y por qué conviene templar el entusiasmo)
El ministro de Cultura Alessandro Giuli ha calificado el hallazgo como uno de los descubrimientos arqueológicos subacuáticos más importantes de los últimos años y ha subrayado que el pecio "habla de los hombres, las rutas y los intercambios" que hicieron del Mediterráneo un cruce de civilizaciones.
Es una valoración institucional potente, formulada antes del estudio. El propio periodismo arqueológico especializado italiano ha señalado que el alcance científico real solo podrá medirse cuando se complete la documentación del sitio, se identifiquen las áreas de producción de las ánforas y se verifique cuánto se conserva del casco de madera bajo el sedimento. Ese último punto es decisivo: un cargamento completo es valioso; un cargamento completo sobre un casco conservado es excepcional, porque permite estudiar arquitectura naval, capacidad de carga y técnicas de estiba.
Los factores que juegan a favor son tres:
- La integridad del contexto. El barco no fue expoliado ni arrastrado; conserva su posición de navegación.
- La profundidad. Los 46 metros que dificultan el trabajo —los buceadores operan con tiempos de fondo de unos 15 minutos de media— son también lo que ha mantenido el yacimiento fuera del alcance del buceo recreativo durante dos milenios.
- El método. El equipo ha optado por fotogrametría digital tridimensional, que permite generar un modelo completo del yacimiento y estudiarlo "en seco", sin tocar ni una pieza. Es el estándar actual de la arqueología subacuática no destructiva, y evita el viejo reflejo de extraer primero y preguntar después.
Un detalle final, casi literario: entre las ánforas se han instalado ya morenas, meros y brótolas. El pecio funciona desde hace siglos como arrecife artificial. Lo que fue una catástrofe comercial para un armador romano lleva veinte siglos siendo un hábitat.
Lo que queda por resolver
- Cuánto casco se conserva bajo el sedimento y en qué estado.
- La composición real de la carga y el peso de los tipos no itálicos.
- El origen exacto de las ánforas mediante análisis de pastas cerámicas.
- Sellos, grafitos y tituli picti que identifiquen productores y comerciantes.
- La causa del naufragio: temporal, sobrecarga, vía de agua o ataque.
- El régimen de protección que aplicará la Soprintendenza del Mare al yacimiento.
Fuentes
- Comando Carabinieri Tutela Patrimonio Culturale, comunicado oficial (8/8/2026): Individuato un relitto di epoca romana ad una profondità di 46 metri — carabinieri.it
- Ministero della Cultura / declaraciones del ministro Alessandro Giuli (ANSA, LaPresse, Euronews)
- Il Messaggero, entrevista con Salvo Emma (Soprintendenza del Mare)
- ArchaeoReporter, análisis especializado del hallazgo (9/8/2026)
- CentroPagina y Vivi Mazara, relatos de Giacomo De Mola e Igor Bisulli
- Arkeonews, contextualización tipológica del hallazgo
- Internet Archaeology (Tyers), ficha tipológica de las ánforas Dressel 1
- Museo Galileo, exposición Vinum: Dressel 1B y Dressel 2-4
- Fitzpatrick, A., "The Distribution of Dressel 1 Amphorae in North-West Europe", Oxford Journal of Archaeology
- Arobba et al. (2014), análisis paleobotánico y químico del contenido de un ánfora del pecio de Albenga
- The Guardian / AFP, cobertura internacional del hallazgo (10/8/2026)
