El Smithsonian cuenta 40 volcanes en erupción y el USGS, 11 grandes terremotos. Por qué 2026 parece excepcional y los datos dicen que no.
Alcalá de Henares, 6 de septiembre de 2026
El Stromboli lleva en erupción desde el 2 de febrero de 1934. El Yasur, en la isla de Tanna (Vanuatu), desde alrededor del año 1270. Ninguno de los dos es noticia esta semana, y esa es la primera pista para responder a la pregunta que mucha gente se está haciendo: ¿de verdad hay más volcanes y más terremotos que antes?
LAS CLAVES
- El Smithsonian contabiliza 40 volcanes en erupción continuada en todo el planeta, dentro de la horquilla habitual de 40 a 50.
- En 2026 se han registrado 11 terremotos de magnitud 7 a 7,9, frente a una media de 14,2 al año desde 1999. Ninguno ha llegado a magnitud 8.
- Lo que ha crecido no es la actividad del planeta, sino la capacidad de detectarla y el número de personas expuestas.
Cuántos volcanes están erupcionando ahora mismo
El Programa de Vulcanismo Global de la Institución Smithsonian, que es el registro de referencia mundial, lo dice sin rodeos en su propia web: lo normal son entre 40 y 50 erupciones en curso en cualquier momento dado, y de esas unas 20 estarán activas un día concreto. En su último corte de datos, a 31 de marzo de 2026, la cifra era de 40 volcanes. Exactamente dentro de lo esperable.
Conviene entender qué significa «erupción en curso» en ese catálogo: no actividad diaria persistente, sino episodios al menos intermitentes sin una pausa de tres meses o más. De ahí el Stromboli desde 1934 y el Yasur desde el siglo XIII. También el Dukono indonesio, desde 1933, o el Santa María guatemalteco, desde 1922. Son volcanes que llevan décadas —o siglos— en la lista y que nadie percibe como una emergencia.
En el conjunto de 2026, el Smithsonian había contabilizado 47 erupciones en 47 volcanes distintos, de las cuales solo 6 eran nuevas iniciadas ese año. El resto venían de antes. Y el informe semanal correspondiente a la semana cerrada el 26 de agosto recogía 26 volcanes con actividad reseñable.
Los terremotos, por debajo de la media
Aquí los números son todavía más tozudos. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) localiza en torno a 20.000 seísmos al año, unos 55 diarios, la inmensa mayoría imperceptibles. Los que interesan a efectos de esta pregunta son los grandes.
Entre 1999 y 2025, el planeta produjo una media de 14,2 terremotos anuales de magnitud 7,0 a 7,9. El año más movido de la serie fue 2010, con 23. El más tranquilo, 2017, con solo 6. En lo que va de 2026 se han registrado 11, y ninguno de magnitud 8 o superior. El año está, si acaso, por debajo de la media, aunque quedan casi cuatro meses.
La variabilidad de la serie es la clave: pasar de 6 a 23 en años consecutivos entra dentro de lo normal en un fenómeno que no sigue ciclos ni se acumula. Un año con 11 grandes terremotos no dice nada sobre el siguiente.
Seis volcanes el mismo día no significan nada
El 31 de agosto entraron en erupción casi a la vez seis volcanes indonesios: el Sinabung, tras cuatro años de silencio, más el Ibu, el Lewotobi, el Ili Lewotolok, el Semeru y el propio Anak Krakatau. La imagen se difundió por redes como prueba de que algo estaba pasando.
El PVMBG, el centro de vulcanología indonesio, convocó rueda de prensa para desmentirlo. Su responsable, Rita Susilawati, afirmó que no hay indicio alguno de que los seis volcanes se desencadenaran unos a otros ni de que respondan a un mismo proceso geológico. El argumento es de aritmética elemental: Indonesia tiene 127 volcanes activos repartidos por el Cinturón de Fuego del Pacífico. Que media docena coincidan en un día no requiere explicación; requeriría explicación lo contrario.
No existe, además, ningún mecanismo físico conocido que conecte volcanes separados por miles de kilómetros. El manto terrestre no funciona como un sistema de tuberías comunicadas.
Entonces, ¿por qué lo parece?
Porque han cambiado tres cosas, y ninguna de ellas es geológica.
La primera es dónde ocurren. Lo que hace memorable un año sísmico no es el recuento, es la letalidad, y la letalidad depende de si el epicentro cae bajo el mar o bajo una ciudad mal construida. El doblete del 24 de junio en Venezuela —magnitudes 7,2 y 7,5 con apenas segundos de diferencia— arrasó el estado de La Guaira. Reuters cifraba en 2.645 los muertos el 3 de julio; los balances de agosto ya superaban los 6.000. El 7 de junio, un seísmo de magnitud 7,8 en Filipinas dejó más de un centenar. Los mismos terremotos ocurridos en mitad del Pacífico no habrían generado un solo titular.
La segunda es cuántos ojos hay mirando. La red sísmica mundial y la flota de satélites meteorológicos no tienen nada que ver con las de hace treinta años. La columna del Anak Krakatau se cuantificó en 15 kilómetros gracias al Himawari-9 y a la temperatura infrarroja de la cima de la nube. Una erupción idéntica en 1980 se habría descrito como «una gran columna de humo» y habría desaparecido de la prensa en dos días.
La tercera es la amplificación. El cierre de un aeropuerto convierte un fenómeno local en una noticia global con víctimas identificables: pasajeros varados en una terminal. Y las redes agrupan sucesos geológicamente independientes en un relato único. La secuencia mental es Filipinas, Venezuela, Colombia, Indonesia; la secuencia real es cuatro placas distintas, sin nada en común salvo el calendario.
Lo que sí debería preocupar
Hay una advertencia científica real, pero apunta en dirección contraria a la intuición popular. En un comentario publicado en Nature, Mike Cassidy, vulcanólogo de la Universidad de Birmingham, y Lara Mani, investigadora del Centre for the Study of Existential Risk de la Universidad de Cambridge, estimaron a partir de testigos de hielo de Groenlandia y la Antártida que hay una probabilidad de uno entre seis de una erupción de magnitud 7 en los próximos cien años.
Conviene precisar qué significa esa cifra, porque circula mal. No se refiere a una supererupción tipo Yellowstone, que es un fenómeno de otro orden y mucho más raro. Se refiere a un evento de la escala del Tambora de 1815, el que provocó el «año sin verano» de 1816 y las malas cosechas en Europa y Norteamérica. Un informe posterior de Cambridge para la oficina de Naciones Unidas para la reducción del riesgo de desastres manejaba estimaciones equivalentes de entre uno de cada cuatro y uno de cada seis siglos.
Lo que ha cambiado desde 1815 no es la frecuencia, sino la vulnerabilidad. Como resume Cassidy, vivimos en un mundo con ocho veces más población y más de cuarenta veces más comercio internacional. Una erupción así hoy no sería sobre todo un problema de ceniza: sería un problema de cadenas de suministro, espacio aéreo cerrado durante meses y cosechas perdidas a escala continental. Y ahí, señalan los autores, la inversión en preparación es una fracción minúscula de la que se dedica al riesgo de impacto de asteroides, que es bastante menos probable.
Qué viene ahora
El Smithsonian actualiza su catálogo completo cada seis u ocho semanas, de modo que el recuento de erupciones de 2026 subirá cuando incorpore la segunda mitad del año. El contador de terremotos de magnitud 7 se cierra en diciembre: con 11 registrados y una media de 14,2, harían falta cuatro más en cuatro meses para que 2026 fuera simplemente un año corriente.
Y el Anak Krakatau sigue en nivel de alerta III desde el 2 de julio, con la advertencia del PVMBG de que la probabilidad de nuevas erupciones a corto plazo es alta. Que un volcán esté activo semanas o meses seguidos tampoco es una anomalía: es, sencillamente, cómo funcionan los volcanes.
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FUENTES CONSULTADAS
- Smithsonian Institution, Global Volcanism Program: página de erupciones en curso (40 volcanes a 31 de marzo de 2026), informe semanal de actividad volcánica de la semana cerrada el 26 de agosto de 2026 y recuento anual de erupciones de 2026.
- USGS, National Earthquake Information Center: recuento anual de terremotos por magnitud, serie 1999-2026, y estadísticas de frecuencia sísmica global.
- PVMBG (Centro de Vulcanología y Mitigación de Riesgos Geológicos de Indonesia), rueda de prensa de 2 de septiembre de 2026 sobre las erupciones simultáneas del 31 de agosto.
- Badan Geologi (Agencia Geológica de Indonesia), informe especial sobre el Anak Krakatau de 5 de septiembre de 2026.
- Cassidy, M. y Mani, L., comentario en Nature sobre el riesgo de erupciones de gran magnitud y la preparación global; y briefing posterior del Centre for the Study of Existential Risk de la Universidad de Cambridge para la UNDRR.
- Reuters, balance de víctimas de los terremotos de Venezuela de 24 de junio de 2026, y balances posteriores recogidos en prensa durante agosto de 2026.
